<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407</id><updated>2012-01-09T02:47:53.177-03:00</updated><category term='Cuchi Leguizamón'/><category term='prensa'/><category term='charly garcía'/><category term='Cazuza'/><category term='leopoldo alas'/><category term='bersuit'/><category term='Chico Buarque'/><category term='salvatore quasimodo'/><category term='canción'/><category term='hernún'/><category term='miguel hernández'/><category term='marco denevi'/><category term='abelardo castillo'/><category term='aguafuertes porteñas'/><category term='Jorge Drexler'/><category term='roberto arlt'/><category term='poesía'/><category term='cuento'/><category term='leo masliah'/><category term='maría elena walsh'/><category term='Cortázar'/><category term='Joan Mauel Serrat'/><category term='el tiempo no para'/><title type='text'>hernún</title><subtitle type='html'>lecturas compartidas cada tanto</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>24</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-6582120345241692205</id><published>2011-09-17T15:06:00.004-03:00</published><updated>2011-09-17T15:08:47.270-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cortázar'/><title type='text'>Continuidad de los parques</title><content type='html'>Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-6582120345241692205?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/6582120345241692205/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=6582120345241692205' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/6582120345241692205'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/6582120345241692205'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2011/09/continuidad-de-los-parques.html' title='Continuidad de los parques'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-7428128946948188534</id><published>2011-09-03T18:23:00.003-03:00</published><updated>2011-09-03T18:31:54.586-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cortázar'/><title type='text'>El perseguidor (Julio Cortázar)</title><content type='html'>In memoriam Ch. P.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé fiel hasta la muerte. &lt;br /&gt;Apocalipsis, 2, 10.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O make me a mask. &lt;br /&gt;Dylan Thomas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dédée me ha llamado por la tarde diciéndome que Johnny no estaba bien, y he ido en seguida al hotel. Desde hace unos días Johnny y Dédée viven en un hotel de la rué Lagrange, en una pieza del cuarto piso. Me ha bastado ver la puerta de la pieza para darme cuenta de que Johnny está en la peor de las miserias; la ventana da a un patio casi negro, y a la una de la tarde hay que tener la luz encendída si se quiere leer el diario o verse la cara. No hace frío, pero he encontrado a Johnny envuelto en una frazada encajado en un roñoso sillón que larga por todos lados pedazos de estopa amarillenta. Dédée está envejecida y el vestido rojo le queda muy mal; es un vestido para el trabajo, para las luces de la escena; en esa pieza del hotel se convierte en una especie de coágulo repugnante.&lt;br /&gt;—El compañero Bruno es fiel como el mal aliento —ha dicho Johnny a manera de saludo, remontando las rodillas hasta apoyar en ellas el mentón. Dédée me ha alcanzado una silla y yo he sacado un paquete de Gauloises. Traía un frasco de ron en el bolsillo, pero no he querido mostrarlo hasta hacerme una idea de lo que pasa. Creo que lo más irritante era la lamparilla con su ojo arrancado colgando del hilo sucio de moscas. Después de mirarla una o dos veces, y ponerme la mano como pantalla, le he preguntado a Dédée si no podíamos apagar la lamparilla y arreglarnos con la luz de la ventana. Johnny seguía mis palabras y mis gestos con una gran atención distraída, como un gato que mira fijo pero se ve que esta por completo en otra cosa; que es otra cosa. Por fin Dédée se ha levantado y ha apagado la luz. En lo que quedaba, una mezcla de gris y negro, nos hemos reconocido mejor. Johnny ha sacado una de sus largas manos flacas de debajo de la frazada, y yo he sentido la fláccida tibieza de su piel. Entonces Dédée ha dicho que iba a preparar unos nescafés. Me ha alegrado saber que por lo menos tienen una lata de nescafé. Siempre que una persona tiene una lata de nescafé me doy cuenta de que no está en la última miseria; todavía puede resistir un poco.&lt;br /&gt;—Hace rato que no nos veíamos —le he dicho a Johnny—. Un mes por lo menos.&lt;br /&gt;—Tú no haces más que contar el tiempo —me ha contestado de mal humor—. El primero, el dos, el tres, el veintiuno. A todo le pones un número, tú. Y ésta es igual. ¿Sabes por qué está furiosa? Porque he perdido el saxo. Tiene razón, después de todo.&lt;br /&gt;—¿Pero cómo has podido perderlo? —le he preguntado, sabiendo en el mismo momento que era justamente lo que no se le puede preguntar a Johnny.&lt;br /&gt;—En el metro —ha dicho Johnny—. Para mayor seguridad lo había puesto debajo del asiento. Era magnífico viajar sabiendo que lo tenía debajo de las piernas, bien seguro.&lt;br /&gt;—Se dio cuenta cuando estaba subiendo la escalera del hotel —ha dicho Dédée, con la voz un poco ronca—. Y yo tuve que salir como una loca a avisar a los de metro, a la policía.&lt;br /&gt;Por el silencio siguiente me he dado cuenta de que ha sido tiempo perdido. Pero Johnny ha empezado a reírse como hace él, con una risa más atrás de los dientes y de los labios.&lt;br /&gt;—Algún pobre infeliz tratando de sacarle algún sonido —ha dicho—. Era uno de los peores saxos que he tenido nunca; se veía que Doc Rodríguez había tocado en él, estaba completamente deformado por el lado del alma. Como aparato en sí no era malo, pero Rodríguez es capaz de echar a perder un Stradivarius con solamente afinarlo. —¿Y no puedes conseguir otro? —Es lo que estamos averiguando —ha dicho Dédée—. Parece que Roy Friend tiene uno. Lo malo es que el contrato de Johnny...&lt;br /&gt;—El contrato —ha remedado Johnny—. Qué es eso del contrato. Hay que tocar y se acabó, y no tengo saxo ni dinero para comprar uno, y los muchachos están igual que yo.&lt;br /&gt;Esto último no es cierto, y los tres lo sabemos. Nadie se atreve ya a prestarle un instrumento a Johnny, porque lo pierde o acaba con él en seguida. Ha perdido el saxo de Louis Rolling en Bordeaux, ha roto en tres pedazos, pisoteándolo y golpeándolo, el saxo que Dédée había comprado cuando lo contrataron para una gira por Inglaterra. Nadie sabe ya cuántos instrumentos lleva perdidos, empeñados o rotos. Y en todos ellos tocaba como yo creo que solamente un dios puede tocar un saxo alto, suponiendo que hayan renunciado a las liras y a flautas.&lt;br /&gt;—¿Cuándo empiezas, Johnny? —No sé. Hoy, creo, ¿eh Dé? —No, pasado mañana.&lt;br /&gt;—Todo el mundo sabe las fechas menos yo —rezonga Johnny, tapándose hasta las orejas con la frazada—. Hubiera jurado que era esta noche, y que esta tarde había que ir a ensayar.&lt;br /&gt;—Lo mismo da —ha dicho Dédée—. La cuestión es que no tiene saxo.&lt;br /&gt;—¿Cómo lo mismo da? No es lo mismo. Pasado mañana es después de mañana, y mañana es mucho después de hoy. Y hoy mismo es bastante después de ahora, en que estamos charlando con el compañero Bruno y yo me sentiría mucho mejor si me pudiera olvidar del tiempo y beber alguna cosa caliente.&lt;br /&gt;—Ya va a hervir el agua, espera un poco.&lt;br /&gt;—No me refería al calor por ebullición —ha dicho Johnny. Entonces he sacado el frasco de ron y ha sido como si encendiéramos la luz, porque Johnny ha abierto de par en par la boca, maravillado, y sus dientes se han puesto a brillar, y hasta Dédée ha tenido que sonreírse al verlo tan asombrado y contento. El ron con el nescafé no estaba mal del todo, y los tres nos hemos sentido mucho mejor después del segundo trago y de un cigarrillo. Ya para entonces he advertido que Johnny se retraía poco a poco y que seguía haciendo alusiones al tiempo, un tema que le preocupa desde que lo conozco. He visto pocos hombres tan preocupados por todo lo que se refiere al tiempo. Es una manía, la peor de sus manías, que son tantas. Pero él la despliega y la explica con una gracia que pocos pueden resistir. Me he acordado de un ensayo antes de una grabación, en Cincinnati, y esto era mucho antes de venir a París en el cuarenta y nueve o el cincuenta. Johnny estaba en gran forma en esos días, y yo había ido al ensayo nada más que para escucharlo a él y también a Miles Davis. Todos tenían ganas de tocar, estaban contentos, andaban bien vestidos (de esto me acuerdo quizá por contraste, por lo mal vestido y lo sucio que anda ahora Johnny), tocaban con gusto, sin ninguna impaciencia, y el técnico de sonido hacía señales de contento detrás de su ventanilla, como un babuino satisfecho. Y justamente en ese momento, cuando Johnny estaba como perdido en su alegría, de golpe dejó de tocar y soltándole un puñetazo a no sé quién dijo: «Esto lo estoy tocando mañana», y los muchachos se quedaron cortados, apenas dos o tres siguiendo unos compases, como un tren que tarda en frenar, y Johnny se golpeaba la frente y repetía: «Esto ya lo toqué mañana, es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana», y no lo podían hacer salir de eso, y a partir de entonces todo anduvo mal, Johnny tocaba sin ganas y deseando irse (a drogarse otra vez, dijo el técnico de sonido muerto de rabia), y cuando lo vi salir, tambaleándose y con la cara cenicienta, me pregunté si eso iba a durar todavía mucho tiempo. —Creo que llamaré al doctor Bernard —ha dicho Dédée, mirando de reojo a Johnny, que bebe su ron a pequeños sorbos—. Tienes fiebre, y no comes nada.&lt;br /&gt;—El doctor Bernard es un triste idiota —ha dicho Johnny, lamiendo su vaso—. Me va a dar aspirinas, y después dirá que le gusta muchísimo el jazz, por ejemplo Ray Noble. Te das una idea, Bruno. Si tuviera el saxo lo recibiría con una música que lo haría bajar de vuelta los cuatro pisos con el culo en cada escalón.&lt;br /&gt;—De todos modos no te hará mal tomarte las aspirinas —he dicho, mirando de reojo a Dédée—. Si quieres yo telefonearé al salir, así Dédée no tiene que bajar. Oye, pero ese contrato... Si empiezas pasado mañana creo que se podrá hacer algo. También yo puedo tratar de sacarle un saxo a Rory Friend. Y en el peor de los casos... La cuestión es que vas a tener que andar con más cuidado, Johnny.&lt;br /&gt;—Hoy no —ha dicho Johnny mirando al frasco de ron—. Mañana, cuando tenga el saxo. De manera que no hay por qué hablar de eso ahora. Bruno, cada vez me doy mejor cuenta de que el tiempo... Yo creo que la música ayuda siempre a comprender un poco este asunto. Bueno, no a comprender porque la verdad es que no comprendo nada. Lo único que hago es darme cuenta de que hay algo. Como esos sueños, no es cierto, en que empiezas a sospecharte que todo se va a echar a perder, y tienes un poco de miedo por adelantado; pero al mismo tiempo no estás nada seguro, y a lo mejor todo se da vuelta como un panqueque y de repente estás acostado con una chica preciosa y todo es divinamente perfecto.&lt;br /&gt;Dédée está lavando las tazas y los vasos en un rincón del cuarto. Me he dado cuenta de que ni siquiera tienen agua corriente en la pieza; veo una palangana con flores rosadas y una jofaina que me hace pensar en un animal embalsamado. Y Johnny sigue hablando con la boca tapada a medias por la frazada, y también él parece un embalsamado con las rodillas contra el mentón y su cara negra y lisa que el ron y la fiebre empiezan a humedecer poco a poco.&lt;br /&gt;—He leído algunas cosas sobre todo eso, Bruno. Es muy raro, y en realidad tan difícil... Yo creo que la música ayuda, sabes. No a entender, porque en realidad no entiendo nada. —Se golpea la cabeza con el puño cerrado. La cabeza le suena como un coco.&lt;br /&gt;—No hay nada aquí dentro, Bruno, lo que se dice nada. Esto no piensa ni entiende nada. Nunca me ha hecho falta, para decirte la verdad. Yo empiezo a entender de los ojos para abajo, y cuanto más abajo mejor entiendo. Pero no es realmente entender, en eso estoy de acuerdo.&lt;br /&gt;—Te va a subir la fiebre —ha rezongado Dédée desde el fondo de la pieza.&lt;br /&gt;—Oh, cállate. Es verdad, Bruno. Nunca he pensado en nada, solamente de golpe me doy cuenta de lo que he pensado, pero eso no tiene gracia, ¿verdad? ¿Qué gracia va a tener darse cuenta de que uno ha pensado algo? Para el caso es lo mismo que si pensaras tú o cualquier otro. No soy yo, yo. Simplemente saco provecho de lo que pienso, pero siempre después, y eso es lo que no aguanto. Ah, es difícil, es tan difícil... ¿No ha quedado ni un trago?&lt;br /&gt;Le he dado las últimas gotas de ron, justamente cuando Dédée volvía a encender la luz; ya casi no se veía en la pieza. Johnny está sudando, pero sigue envuelto en la frazada, y de cuando en cuando se estremece y hace crujir el sillón.&lt;br /&gt;—Me di cuenta cuando era muy chico, casi en seguida de aprender a tocar el saxo. En mi casa había siempre un lío de todos los diablos, y no se hablaba más que de deudas, de hipotecas. ¿Tú sabes lo que es una hipoteca? Debe ser algo terrible, porque la vieja se tiraba de los pelos cada vez que el viejo hablaba de la hipoteca, y acababan a los golpes. Yo tenía trece años... pero ya has oído todo eso.&lt;br /&gt;Vaya si lo he oído; vaya si he tratado de escribirlo bien y verídicamente en mi biografía de Johnny.&lt;br /&gt;—Por eso en casa el tiempo no acababa nunca, sabes. De pelea en pelea, casi sin comer. Y para colmo la religión, ah, eso no te lo puedes imaginar. Cuando el maestro me consiguió un saxo que te hubieras muerto de risa si lo ves, entonces creo que me di cuenta en seguida. La música me sacaba del tiempo, aunque no es más que una manera de decirlo. Si quieres saber lo que realmente siento, yo creo que la música me metía en el tiempo. Pero entonces hay que creer que este tiempo no tiene nada que ver con... bueno, con nosotros, por decirlo así&lt;br /&gt;Como hace rato que conozco las alucinaciones de Johnny, de todos los que hacen su misma vida lo escucho atentamente pero sin preocuparme demasiado por lo que dice. Me pregunto en cambio cómo habrá conseguido la droga en París. Tendré que interrogar a Dédée, suprimir su posible complicidad. Johnny no va a poder resistir mucho más en ese estado. La droga y la miseria no saben andar juntas. Pienso en la música que se está perdiendo, en las docenas de grabaciones donde Johnny podría seguir dejando esa presencia, ese adelanto asombroso que tiene sobre cualquier otro músico. «Esto lo estoy tocando mañana» se me llena de pronto de un sentido clarísimo, porque Johnny siempre está tocando mañana y el resto viene a la zaga, en este hoy que él salta sin esfuerzo con las primeras notas de su música.&lt;br /&gt;Soy un crítico de jazz lo bastante sensible como para comprender mis limitaciones, y me doy cuenta de que lo que estoy pensando está por debajo del plano donde el pobre Johnny trata de avanzar con sus frases truncadas, sus suspiros, sus súbitas rabias y sus llantos. A él le importa un bledo que yo lo crea genial, y nunca se ha envanecido de que su música esté mucho más allá de la que tocan sus compañeros. Pienso melancólicamente que él está al principio de su saxo mientras yo vivo obligado a conformarme con el final. Él es la boca y yo la oreja, por no decir que él es la boca y yo... Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar. Y la boca se mueve otra vez, golosamente la gran lengua de Johnny recoge un chorrito de saliva de los labios. Las manos hacen un dibujo en el aire.&lt;br /&gt;—Bruno, si un día lo pudieras escribir... No por mí, entiendes, a mí qué me importa. Te estaba diciendo que cuando empecé a tocar de chico me di cuenta de que el tiempo cambiaba. Esto se lo conté una vez a Jimy me dijo que todo el mundo se siente lo mismo, y que cuando uno se abstrae... Dijo así, cuando uno se abstrae. Pero no, yo no me abstraigo cuando toco. Solamente que cambio de lugar. Es como en un ascensor, tú estás en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nada raro, y entre tanto pasa el primer piso, el décimo, el veintiuno, y la ciudad se queda ahí abajo, y tú estás terminando la frase que habías empezado al entrar, y entre las primeras palabras y las ultimas hay cincuenta y dos pisos. Yo me di cuenta cuando empecé a tocar que entraba en un ascensor, pero era un ascensor de tiempo, si te lo puedo decir así. No creas que me olvidaba de la hipoteca o de la religión. Solamente que en esos momentos la hipoteca y la religión eran como el traje que uno no tiene puesto; yo sé que el traje está en el ropero, pero a mí no vas a decirme que en este momento ese traje existe. El traje existe cuando me lo pongo, y la hipoteca y la reli¬gión existían cuando terminaba de tocar y la vieja entraba con el pelo colgándole en mechones y se quejaba de que yo le rompía las orejas con esa-música-del-diablo.&lt;br /&gt;Dédée ha traído otra taza de nescafé, pero Johnny mira tristemente su vaso vacío.&lt;br /&gt;—Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados. Me empiezo a dar cuenta poco a poco de que el tiempo no es como una bolsa que se relle¬na. Quiero decir que aunque cambie el relleno, en la bolsa no cabe más que una cantidad y se acabó. ¿Ves mi valija, Bruno? Caben dos trajes y dos pares de zapatos. Bueno, ahora imagínate que la vacías y después vas a poner de nuevo los dos trajes y los dos pares de zapatos, y entonces te das cuenta de que solamente caben un traje y un par de zapatos Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es cuando te das cuenta de que puedes meter una tienda entera en la valija, cientos y cientos de trajes, como yo méte¬la música en el tiempo cuando estoy tocando, a veces. La música y lo que pienso cuando viajo en el metro.&lt;br /&gt;—Cuando viajas en el metro.&lt;br /&gt;—Eh, sí, ahí está la cosa —ha dicho socarrona mente Johnny—. El metro es un gran invento, Bruno. Viajando en el metro te das cuenta de todo lo que podría caber en la valija. A lo mejor no per¬dí el saxo en el metro, a lo mejor...&lt;br /&gt;Se echa a reír, tose, y Dédée lo mira inquieta. Pero él hace gestos, y se ríe y tose mezclando todo, sacudiendo de debajo de la frazada como un chim¬pancé. Le caen lágrimas y se las bebe, siempre riendo.&lt;br /&gt;—Mejor es no confundir las cosas —dice des¬pués de un rato—. Lo perdí y se acabó. Pero el me¬tro me ha servido para darme cuenta del truco de la valija. Mira, esto de las cosas elásticas es muy raro, yo lo siento en todas partes. Todo es elástico, chico. Las cosas que parecen duras tienen una elas¬ticidad...&lt;br /&gt;Piensa, concentrándose.&lt;br /&gt;—... una elasticidad retardada —agrega sorprendentemente. Yo hago un gesto de admiración aprobatoria. Bravo, Johnny. El hombre que dice que no es capaz de pensar. Vaya con Johnny. Y ahora estoy realmente interesado por lo que va a decir, y él se da cuenta y me mira más socarronamente que nunca.&lt;br /&gt;—¿Tú crees que podré conseguir otro saxo para tocar pasado mañana, Bruno?&lt;br /&gt;—Sí, pero tendrás que tener cuidado.&lt;br /&gt;—Claro, tendré que tener cuidado.&lt;br /&gt;—Un contrato de un mes —explica la pobre Dédée—. Quince días en la boîte de Rémy, dos conciertos y los discos. Podríamos arreglarnos tan bien.&lt;br /&gt;—Un contrato de un mes —remeda Johnny con grandes gestos—. La boîte de Rémy, dos conciertos y los discos. Bebata-bop bop bop, chrrr. Lo que tiene es sed, una sed, una sed. Y unas ganas de fumar, de fumar. Sobre todo unas ganas de fumar.&lt;br /&gt;Le ofrezco un paquete de Gauloises, aunque sé muy bien que está pensando en la droga. Ya es de noche, en el pasillo empieza un ir y venir de gente, diálogos en árabe, una canción. Dédée se ha marchado, probablemente a comprar alguna cosa para la cena. Siento la mano de Johnny en la rodilla. —Es una buena chica, sabes. Pero me tiene harto. Hace rato que no la quiero, que no puedo sufrirla. Todavía me excita, a ratos, sabe hacer el amor como... —junta los dedos a la italiana—. Pero tengo que librarme de ella, volver a Nueva York, Bruno.&lt;br /&gt;—¿Para qué? Allá te estaba yendo peor que aquí. No me refiero al trabajo sino a tu vida misma. Aquí me parece que tienes más amigos.&lt;br /&gt;—Sí, estás tú y la marquesa, y los chicos del club... ¿Nunca hiciste el amor con la marquesa, Bruno?&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;—Bueno, es algo que... Pero yo te estaba hablando del metro, y no sé por qué cambiamos de tema. El metro es un gran invento, Bruno. Un día empecé a sentir algo en el metro, después me olvidé... Y entonces se repitió, dos o tres días después. Y al final me di cuenta. Es fácil de explicar, sabes, pero es fácil porque en realidad no es la verdadera explicación. La verdadera explicación sencillamente no se puede explicar. Tendrías que tomar el metro y esperar a que te ocurra, aunque me parece que eso solamente me ocurre a mí. Es un poco así, mira. ¿Pero de verdad nunca hiciste el amor con la marquesa? Le tienes que pedir que suba al taburete dorado que tiene en el rincón del dormitorio, al lado de una lámpara muy bonita, y entonces... Bah, ya está ésa de vuelta.&lt;br /&gt;Dédée entra con un bulto, y mira a Johnny.&lt;br /&gt;—Tienes más fiebre. Ya telefoneé al doctor, va a venir a las diez. Dice que te quedes tranquilo.&lt;br /&gt;—Bueno, de acuerdo, pero antes le voy a contar lo del metro a Bruno. El otro día me di bien cuenta de lo que pasaba. Me puse a pensar en mi vieja, después en Lan y los chicos, y claro, al momento me parecía que estaba caminando por mi barrio, y veía las caras de los muchachos, los de aquel tiempo. No era pensar, me parece que ya te he dicho muchas veces que yo no pienso nunca; estoy como parado en una esquina viendo pasar lo que pienso, pero no pienso lo que veo. ¿Te das cuenta? Jim dice que todos somos iguales, que en general (así dice) uno no piensa por su cuenta. Pongamos que sea así, la cuestión es que yo había tomado el metro en la estación de Saint-Michel y en seguida me puse a pensar en Lan y los chicos, y a ver el barrio. Apenas me senté me puse a pensar en ellos. Pero al mismo tiempo me daba cuenta de que estaba en el metro, y vi que al cabo de un minuto más o menos llegábamos a Odéon, y que la gente entraba y salía. Entonces seguí pensando en Lan y vi a mi vieja cuando volvía de hacer las compras, y empecé a verlos a todos, a estar con ellos de una manera hermosísima, como hacía mucho que no sentía. Los recuerdos son siempre un asco, pero esta vez me gustaba pensar en los chicos y verlos. Si me pongo a contarte todo lo que vi no lo vas a creer porque tendría para rato. Y eso que ahorraría detalles. Por ejemplo, para decirte una sola cosa, veía a Lan con un vestido verde que se ponía cuando iba al Club 33 donde yo tocaba con Hamp. Veía el vestido con unas cintas, un moño, una especie de adorno al costado y un cuello... No al mismo tiempo, sino que en realidad me estaba paseando alrededor del vestido de Lan y lo miraba despacio. Y después miré la cara de Lan y la de los chicos, y después me acordé de Mike que vivía en la pieza de al lado, y cómo Mike me había contado la historia de unos caballos salvajes en Colorado, y él que trabajaba en un rancho y hablaba sacando pecho como los domadores de caballos...&lt;br /&gt;—Johnny —ha dicho Dédée desde su rincón.&lt;br /&gt;—Fíjate que solamente te cuento un pedacito de todo lo que estaba pensando y viendo. ¿Cuánto hará que te estoy contando este pedacito?&lt;br /&gt;—No sé, pongamos unos dos minutos.&lt;br /&gt;—Pongamos unos dos minutos —remeda Johnny—. Dos minutos y te he contado un pedacito nada más. Si te contara todo lo que les vi hacer a los chicos, y cómo Hamp tocaba Save it, pretty mamma y yo escuchaba cada nota, entiendes, cada nota, y Hamp no es de los que se cansan, y si te contara que también le oí a mi vieja una oración larguísima, donde hablaba de repollos, me parece, Pedía perdón por mi viejo y por mí y decía algo de unos repollos... Bueno, si te contara en detalle todo eso, pasaríamos más de dos minutos, ¿eh, Bruno?&lt;br /&gt;—Si realmente escuchaste y viste todo eso, pasaría un buen cuarto de hora —le he dicho, riéndome.&lt;br /&gt;—Pasaría un buen cuarto de hora, eh, Bruno Entonces me vas a decir cómo puede ser que de repente siento que el metro se para y yo me salvo de mi vieja y Lan y todo aquello, y veo que estamos en Saint Germain-des-Prés, que queda justo a un minuto y medio de Odéon.&lt;br /&gt;Nunca me preocupo demasiado por las cosas que dice Johnny, pero ahora, con su manera de mirarme, he sentido frío.&lt;br /&gt;—Apenas un minuto y medio por tu tiempo, por el tiempo de ésa —ha dicho rencorosamente Johnny—. Y también por el del metro y el de mi reloj, malditos sean. Entonces, ¿cómo puede ser que yo haya estado pensando un cuarto de hora, eh Bruno? ¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio? Te juro que ese día no había fumado ni un pedacito, ni una hojita —agrega como un chico que se excusa—. Y después me ha vuelto a suceder en todas partes. Pero —agrega astutamente— sólo en el metro me puedo dar cuen porque viajar en el metro es como estar metido en un reloj. Las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo sé que hay otro, y he estado pensando, pensando...&lt;br /&gt;Se tapa la cara con las manos y tiembla. Yo quisiera haberme ido ya, y no sé cómo hacer para despedirme sin que Johnny se resienta, porque es terriblemente susceptible con sus amigos. Si sigue así le va a hacer mal, por lo menos con Dédée no va a hablar de esas cosas.&lt;br /&gt;—Bruno, si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia... Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio... Entonces un hombre, no solamente yo sino ésa y tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana...&lt;br /&gt;Sonrío lo mejor que puedo, comprendiendo vagamente que tiene razón, pero que lo que él sospecha y lo que yo presiento de sus sospechas se va a borrar como siempre apenas esté en la calle y me meta en mi vida de todos los días. En ese momento estoy seguro de que Johnny dice algo que no nace solamente de que está medio loco, de que la realidad se le escapa y le deja en cambio una especie de parodia que él convierte en una esperanza. Todo lo Que Johnny me dice en momentos así (ya hace más de cinco años que Johnny me dice y les dice a todos cosas parecidas) no se puede escuchar prometiéndose volver a pensarlo más tarde. Apenas se está en la calle, apenas es el recuerdo y no Johnny quien repite las palabras, todo se vuelve un fantaseo de la marihuana, un manotear monótono (porque hay otros que dicen cosas parecidas, a cada rato se sabe de testimonios parecidos) y después de la maravilla nace la irritación, y a mí por lo menos me pasa que siento como si Johnny me hubiera estado tomando el pelo. Pero esto ocurre siempre al otro día, no cuando Johnny me lo está diciendo, porque entonces siento que hay algo que quiere ceder en alguna parte, una luz que busca encenderse, o más bien como si fuera necesario quebrar alguna cosa, quebrarla de arriba abajo como un tronco metiéndole una cuña y martillando hasta el final. Y Johnny ya no tiene fuerzas para martillar nada, y yo ni siquiera sé qué martillo haría falta para meter una cuña que tampoco me imagino.&lt;br /&gt;De manera que al final me he ido de la pieza, pero antes ha pasado una de esas cosas que tienen que pasar —ésa u otra parecida—, y es que cuando me estaba despidiendo de Dédée y le daba la espalda a Johnny he sentido que algo ocurría, lo he visto en los ojos de Dédée y me he vuelto rápidamente (porque a lo mejor le tengo un poco de miedo a Johnny, a este ángel que es como mi hermano, a este hermano que es como mi ángel) y he visto a Johnny que se ha quitado de golpe la frazada con que estaba envuelto, y lo he visto sentado en el sillón completamente desnudo, con las piernas levantadas y las rodillas junto al mentón, temblando pero riéndose, desnudo de arriba abajo en el sillón mugriento.&lt;br /&gt;—Empieza a hacer calor —ha dicho Johnny—. Bruno, mira qué hermosa cicatriz tengo entre las costillas.&lt;br /&gt;—Tápate —ha mandado Dédée, avergonzada y sin saber qué decir. Nos conocemos bastante y un hombre desnudo no es más que un hombre desnudo, pero de todos modos Dédée ha tenido vergüenza y yo no sabía cómo hacer para no dar la impresión de que lo que estaba haciendo Johnny me chocaba. Y él lo sabía y se ha reído con toda su bocaza, obscenamente manteniendo las piernas levantadas, el sexo colgándole al borde del sillón como un mono en el zoo, y la piel de los muslos con unas raras manchas que me han dado un asco infinito. Entonces, Dédée ha agarrado la frazada y lo ha envuelto presurosa, mientras Johnny se reía y parecía muy feliz. Me he despedido vagamente, prometiendo volver al otro día, y Dédée me ha acompañado hasta el rellano, cerrando la puerta para que Johnny no oiga lo que va a decirme. &lt;br /&gt;—Está así desde que volvimos de la gira por Bélgica. Había tocado tan bien en todas partes, y yo estaba tan contenta.&lt;br /&gt;—Me pregunto de dónde habrá sacado la droga —he dicho, mirándola en los ojos.&lt;br /&gt;—No sé. Ha estado bebiendo vino y coñac casi todo el tiempo. Pero también ha fumado, aunque menos que allá...&lt;br /&gt;Allá es Baltimore y Nueva York, son los tres meses en el hospital psiquiátrico de Bellevue, y la larga temporada en Camarillo.&lt;br /&gt;—¿Realmente Johnny tocó bien en Bélgica, Dédée?&lt;br /&gt;—Sí, Bruno, me parece que mejor que nunca. La gente estaba enloquecida, y los muchachos de la orquesta me lo dijeron muchas veces. De repente pasaban cosas raras, como siempre con Johnny, pero por suerte nunca delante del público. Yo creí... pero ya ve, ahora es peor que nunca.&lt;br /&gt;—¿Peor que en Nueva York? Usted no lo conoció en esos años.&lt;br /&gt;Dédée no es tonta, pero a ninguna mujer le gusta que le hablen de su hombre cuando aún no estaba en su vida, aparte de que ahora tiene que aguantarlo y lo de antes no son más que palabras. No sé cómo decírselo y ni siquiera le tengo plena confianza, pero al final me decido.&lt;br /&gt;—Me imagino que se han quedado sin dinero.&lt;br /&gt;—Tenemos ese contrato para empezar pasado mañana —ha dicho Dédée.&lt;br /&gt;—¿Usted cree que va a poder grabar y presentarse en público?&lt;br /&gt;—Oh, sí —ha dicho Dédée un poco sorprendida—. Johnny puede tocar mejor que nunca si el doctor Bernard le corta la gripe. La cuestión es el saxo.&lt;br /&gt;—Me voy a ocupar de eso. Aquí tiene, Dédée. Solamente que... Lo mejor sería que Johnny no lo supiera.&lt;br /&gt;—Bruno...&lt;br /&gt;Con un gesto, y empezando a bajar la escalera, he detenido las palabras imaginables, la gratitud inútil de Dédée. Separado de ella por cuatro o cinco peldaños me ha sido más fácil decírselo.&lt;br /&gt;—Por nada del mundo tiene que fumar antes del primer concierto. Déjelo beber un poco pero no le dé dinero para lo otro.&lt;br /&gt;Dédée no ha contestado nada, aunque he visto cómo sus manos doblaban y doblaban los billetes, hasta hacerlos desaparecer. Por lo menos tengo la seguridad de que Dédée no fuma. Su única complicidad puede nacer del miedo o del amor. Si Johnny se pone de rodillas, como lo he visto en Chicago, y le suplica llorando... Pero es un riesgo como tantos otros con Johnny, y por el momento habrá dinero para comer y para remedios. En la calle me he subido el cuello de la gabardina porque empezaba a lloviznar, y he respirado hasta que me dolieron los pulmones; me ha parecido que París olía a limpio, a pan caliente. Sólo ahora me he dado cuenta de cómo olía la pieza de Johnny, el cuerpo de Johnny sudando bajo la frazada. He entrado en un café para beber un coñac y lavarme la boca, quizá tambien la memoria que insiste e insiste en las palabras de Johnny, sus cuentos, su manera de ver lo que yo no veo y en el fondo no quiero ver. Me he puesto a pensar en pasado mañana y era como una tranquilidad, como un puente bien tendido del mostrador hacia adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando no se está demasiado seguro de nada, lo mejor es crearse deberes a manera de flotadores. Dos o tres días después he pensado que tenía el deber de averiguar si la marquesa le está facilitando marihuana a Johnny Cárter, y he ido al estudio de Montparnasse. La marquesa es verdaderamente una marquesa, tiene dinero a montones que le viene del marqués, aunque hace rato que se hayan divorciado a causa de la marihuana y otras razones parecidas. Su amistad con Johnny viene de Nueva York, probablemente del año en que Johnny se hizo famoso de la noche a la mañana simplemente porque alguien le dio la oportunidad de reunir a cuatro o cinco muchachos a quienes les gustaba su estilo, y Johnny pudo tocar a sus anchas por primera vez y los dejo todos asombrados. Éste no es el momento de hacer crítica de jazz, y los interesados pueden leer mi libro sobre Johnny y el nuevo estilo de la posguerra, pero bien puedo decir que el cuarenta y ocho —digamos hasta el cincuenta—fue como una explosión de la música, pero una explosión fría, silenciosa, una explosión en la que cada cosa quedó en su sitio y no hubo gritos ni escombros, pero la costra de la costumbre se rajó en millones de pedazos y hasta sus defensores (en las orquestas y en el público) hicieron una cuestión de amor propio de algo que ya no sentían como antes. Porque después del paso de Johnny por el saxo alto no se puede seguir oyendo a los músicos anteriores y creer que son el non plus ultra; hay que conformarse con aplicar esa especie de resignación disfrazada que se llama sentido histórico, y decir que cualquiera de esos músicos ha sido estupendo y lo sigue siendo en-su-momento. Johnny ha pasado por el jazz como una mano que da vuelta la hoja, y se acabó.&lt;br /&gt;La marquesa, que tiene unas orejas de lebrel para todo lo que sea música, ha admirado siempre una enormidad a Johnny y a sus amigos del grupo. Me imagino que debió darles no pocos dólares en los días del Club 33, cuando la mayoría de los críticos protestaban por las grabaciones de Johnny y juzgaban su jazz con arreglo a criterios más que podridos. Probablemente también en esa época la marquesa empezó a acostarse de cuando en cuando con Johnny, y a fumar con él. Muchas veces los he visto juntos antes de las sesiones de grabación o en los entreactos de los conciertos, y Johnny pare cía enormemente feliz al lado de la marquesa, aun que en alguna otra platea o en su casa estaban Lan y los chicos esperándolo. Pero Johnny no ha tenido jamás idea de lo que es esperar nada, y tampoco se imagina que alguien pueda estar esperándolo. Hasta su manera de plantar a Lan lo pinta de cuerpo entero. He visto la postal que le mandó desde Roma, después de cuatro meses de ausencia (se había trepado a un avión con otros dos músicos sin que Lan supiera nada). La postal representaba a Rómulo y Remo, que siempre le han hecho mucha gracia a Johnny (una de sus grabaciones se llama así) y decía; «Ando solo en una multitud de amores», que es un fragmento de un poema de Dylan Thomas a quien Johnny lee todo el tiempo. Los agentes de Johnny en Estados Unidos se arreglaron para deducir una parte de sus regalías y entre garlas a Lan, que por su parte comprendió pronto que no había hecho tan mal negocio librándose de Johnny. Alguien me dijo que la marquesa dio también dinero a Lan, sin que Lan supiera de dónde procedía. No me extraña porque la marquesa es descabelladamente buena y entiende el mundo como las tortillas que fabrica en su estudio cuando los amigos empiezan a llegar a montones, y que consiste en tener una especie de tortilla permanente a la cual echa diversas cosas y va sacando pedazos y ofreciéndolos a medida que hace falta.&lt;br /&gt;He encontrado a la marquesa con Marcel Gavoty y con Art Boucaya, y precisamente estaban hablando de las grabaciones que había hecho Johnny la tarde anterior. Me han caído encima como si vieran llegar a un arcángel, la marquesa me ha besuqueado hasta cansarse, y los muchachos me han palmeado como pueden hacerlo un contrabajista y un saxo barítono. He tenido que refugiarme detrás de un sillón, defendiéndome como podía, y todo porque se han enterado de que soy el proveedor del magnífico saxo con el cual Johnny acaba de grabar cuatro o cinco de sus mejores improvisaciones. La marquesa ha dicho en seguida que Johnny era una rata inmunda, y que como estaba peleado con ella (no ha dicho por qué) la rata inmunda sabía muy bien que sólo pidiéndole perdón en debida forma hubiera podido conseguir el cheque para ir a comprarse un saxo. Naturalmente Johnny no ha querido pedir perdón desde que ha vuelto a París —la pelea parece que ha sido en Londres, dos meses atrás— y en esa forma nadie podía saber que había perdido su condenado saxo en el metro, etcétera. Cuando la marquesa echa a hablar, uno se pregunta si el estilo de Dizzy no se le ha pegado al idioma, pues es una serie interminable de variaciones en los registros más inesperados, hasta que al final la marquesa se da un gran golpe en los muslos, abre de par en par la boca y se pone a reír como si la estuvieran matando a cosquillas. Y entonces Art Boucaya ha aprovechado para darme detalles de la sesión de ayer, que me he perdido por culpa de mi mujer con neumonía.&lt;br /&gt;-Tica puede dar fe —ha dicho Art mostrando a la marquesa que se retuerce de risa—. Bruno, no te puedes imaginar lo que fue eso hasta que oigas los discos. Si Dios estaba ayer en alguna parte puedes creerme que era en esa condenada sala de grabación, donde hacía un calor de mil demonios dicho sea de paso. ¿Te acuerdas de Willow Tree, Marcel?&lt;br /&gt;—Si me acuerdo —ha dicho Marcel—. El estúpido pregunta si me acuerdo. Estoy tatuado de la cabeza a los pies con Willow Tree.&lt;br /&gt;Tica nos ha traído highballs y nos hemos puesto cómodos para charlar. En realidad hemos hablado poco de la sesión de ayer, porque cualquier músico sabe que de esas cosas no se puede hablar, pero lo poco que han dicho me ha devuelto alguna espe ranza y he pensado que tal vez mi saxo le traiga buena suerte a Johnny. De todas maneras no han faltado las anécdotas que enfriaran un poco esa esperanza, como por ejemplo que Johnny se ha sacado los zapatos entre grabación y grabación, y se ha paseado descalzo por el estudio. Pero en cambio se ha reconciliado con la marquesa y ha prometido venir al estudio a tomar una copa antes de su presentación de esta noche.&lt;br /&gt;—¿Conoces a la muchacha que tiene ahora Johnny? —ha querido saber Tica. Le he hecho una descripción lo más sucinta posible, pero Marcel la ha completado a la francesa, con toda clase de matices y alusiones que han divertido muchísimo a la marquesa. No se ha hecho la menor referencia a la droga, aunque yo estoy tan aprensivo que me ha parecido olerla en el aire del estudio de Tica, aparte de que Tica se ríe de una manera que también noto a veces en Johnny y en Art, y que delata a los adictos. Me pregunto cómo se habrá procurado Johnny la marihuana si estaba peleado con la marquesa; mi confianza en Dédée se ha venido bruscamente al suelo, si es que en realidad le tenía confianza. En el fondo son todos iguales.&lt;br /&gt;Envidio un poco esa igualdad que los acerca, que los vuelve cómplices con tanta facilidad; desde mi mundo puritano —no necesito confesarlo, cualquiera que me conozca sabe de mi horror al desorden moral— los veo como a ángeles enfermos, irritantes a fuerza de irresponsabilidad pero pagando los cuidados con cosas como los discos de Johnny, la generosidad de la marquesa. Y no digo todo, y quisiera forzarme a decirlo: los envidio, envidio a Johnny, a ese Johnny del otro lado, sin que nadie sepa qué es exactamente ese otro lado. Envidio todo menos su dolor, cosa que nadie dejará de comprender, pero aun en su dolor tiene que haber atisbos de algo que me es negado. Envidio a Johnny y al mismo tiempo me da rabia que se esté destruyendo por el mal empleo de sus dones, por la estúpida acumulación de insensatez que requiere su presión de vida. Pienso que si Johnny pudiera orientar esa vida, incluso sin sacrificarle nada, ni siquiera la droga, y si piloteara mejor ese avión que desde hace cinco años vuela a ciegas, quizá acabaría en lo peor, en la locura completa, en la muerte, pero no sin haber tocado a fondo lo que busca en sus tristes monólogos a posteriori, en sus recuentos de experiencias fascinantes pero que se quedan a mitad de camino. Y todo eso lo sostengo desde mi cobardía personal, y quizá en el fondo quisiera que Johnny acabara de una vez, como una estrella que se rompe en mil pedazos y deja idiotas a los astrónomos durante una semana, y después uno se va a dormir y mañana es otro día.&lt;br /&gt;Parecería que Johnny ha tenido como una sospecha de todo lo que he estado pensando, porque me ha hecho un alegre saludo al entrar y ha venido casi en seguida a sentarse a mi lado, después de besar y hacer girar por el aire a la marquesa, y cambiar con ella y con Art un complicado ritual onomatopéyico que les ha producido una inmensa gracia a todos.&lt;br /&gt;—Bruno —ha dicho Johnny instalándose en el mejor sofá—, el cacharro es una maravilla y que digan éstos lo que le he sacado ayer del fondo. A Tica le caían unas lágrimas como bombillas eléctricas, y no creo que fuera porque le debe plata a la modista, ¿eh, Tica?&lt;br /&gt;He querido saber algo más de la sesión, pero a Johnny le basta ese desborde de orgullo. Casi en seguida se ha puesto a hablar con Marcel del programa de esta noche y de lo bien que les caen a los dos los flamantes trajes grises con que van a presentarse en el teatro. Johnny está realmente muy bien y se ve que lleva días sin fumar demasiado; debe de tener exactamente la dosis que le hace falta para tocar con gusto. Y justamente cuando lo estoy pensando, Johnny me planta la mano en el hombro y se inclina para decirme:&lt;br /&gt;—Dédée me ha contado que la otra tarde estuve muy mal contigo.&lt;br /&gt;—Bah, ni te acuerdes.&lt;br /&gt;—Pero si me acuerdo muy bien. Y si quieres mi opinión, en realidad estuve formidable. Deberías sentirte contento de que me haya portado así contigo; no lo hago con nadie, créeme. Es una muestra de cómo te aprecio. Tenemos que ir juntos a algún sitio para hablar de un montón de cosas. Aquí... —saca el labio inferior, desdeñoso, y se ríe, se encoge de hombros, parece estar bailando en el so fá—. Viejo Bruno. Dice Dédée que me porté muy mal, de veras.&lt;br /&gt;—Tenías gripe. ¿Estás mejor?&lt;br /&gt;—No era gripe. Vino el médico, y en seguida empezó a decirme que el jazz le gusta enormemente, y que una noche tengo que ir a su casa para es cuchar discos. Dédée me contó que le habías dado dinero.&lt;br /&gt;—Para que salieran del paso hasta que cobres. ¿Qué tal lo de esta noche?&lt;br /&gt;—Bueno, tengo ganas de tocar y tocaría ahora mismo si tuviera el saxo, pero Dédée se emperró en llevarlo ella misma al teatro. Es un saxo formidable, ayer me parecía que estaba haciendo el amor cuando lo tocaba. Vieras la cara de Tica cuando acabé. ¿Estabas celosa, Tica?&lt;br /&gt;Y se han vuelto a reír a gritos, y Johnny ha considerado conveniente correr por el estudio dando grandes saltos de contento, y entre él y Art han bailado sin música, levantando y bajando las cejas para marcar el compás. Es imposible impacientarse con Johnny o con Art, sería como enojarse con el viento porque nos despeina. En voz baja, Tica, Marcel y yo hemos cambiado impresiones sobre la presentación de la noche. Marcel está seguro de que Johnny va a repetir su formidable éxito de 1951, cuando vino por primera vez a París. Después de lo de ayer está seguro de que todo va a salir bien. Quisiera sentirme tan tranquilo como él, pero de todas maneras no podré hacer más que sentarme en las primeras filas y escuchar el concierto. Por lo menos tengo la tranquilidad de que Johnny no está drogado como la noche de Baltimore. Cuando le he dicho esto a Tica, me ha apretado la mano como si se estuviera por caer al agua. Art y Johnny se han ido hasta el piano, y Art le está mostrando un nuevo tema a Johnny que mueve la cabeza y canturrea. Los dos están elegantísimos con sus trajes grises, aunque a Johnny lo perjudica la grasa que ha juntado en estos tiempos.&lt;br /&gt;Con Tica hemos hablado de la noche de Baltimore, cuando Johnny tuvo la primera gran crisis violenta. Mientras hablábamos he mirado a Tica en los ojos, porque quería estar seguro de que me comprende, y que no cederá esta vez. Si Johnny llega a beber demasiado coñac o a fumar una nada de droga, el concierto va a ser un fracaso y todo se vendrá al suelo. París no es un casino de provincia y todo el mundo tiene puestos los ojos en Johnny. Y mientras lo pienso no puedo impedirme un mal gusto en la boca, una cólera que no va contra Johnny ni contra las cosas que le ocurren; más bien contra mí y la gente que lo rodea, la marquesa y Marcel, por ejemplo. En el fondo somos una banda de egoístas, so pretexto de cuidar a Johnny lo que hacemos es salvar nuestra idea de él, prepararnos a los nuevos placeres que va a darnos Johnny, sacarle brillo a la estatua que hemos erigido entre todos y defenderla cueste lo que cueste. El fracaso de Johnny sería malo para mi libro (de un momento a otro saldrá la traducción al inglés y al italiano), y probablemente de cosas así está hecha una parte de mi cuidado por Johnny. Art y Marcel lo necesitan para ganarse el pan, y la marquesa, vaya a saber qué ve la marquesa en Johnny aparte de su talento. Todo esto no tiene nada que hacer con el otro Johnny, y de repente me he dado cuenta de que quizá Johnny quería decirme eso cuando se arrancó la frazada y se mostró desnudo como un gusano, Johnny sin saxo, Johnny sin dinero y sin ropa. Johnny obsesionado por algo que su pobre inteligencia no alcanza a entender pero que flota lentamente en su música, acaricia su piel, lo prepara quizá para un salto imprevisible que nosotros no comprenderemos nunca.&lt;br /&gt;Y cuando se piensan cosas así acaba uno por sentir de veras mal gusto en la boca, y toda la sinceridad del mundo no paga el momentáneo descubrimiento de que uno es una pobre porquería al lado de un tipo como Johnny Cárter, que ahora ha venido a beberse su coñac al sofá y me mira con aire divertido. Ya es hora que nos vayamos todos a la sala Pleyel. Que la música salve por lo menos el resto de la noche, y cumpla a fondo una de sus peores misiones, la de ponernos un buen biombo delante del espejo, borrarnos del mapa durante un par de horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como es natural mañana escribiré para Jazz Hot una crónica del concierto de esta noche. Pero aquí, con esta taquigrafía garabateada sobre una rodilla en los intervalos, no siento el menor deseo de hablar como crítico, es decir de sancionar comparativamente. Sé muy bien que para mí Johnny ha dejado de ser un jazzman y que su genio musical es como una fachada, algo que todo el mundo puede llegar a comprender y admirar pero que encubre otra cosa, y esa otra cosa es lo único que debería importarme, quizá porque es lo único que verdaderamente le importa a Johnny.&lt;br /&gt;Es fácil decirlo, mientras soy todavía la música de Johnny. Cuando se enfría... ¿Por qué no podré hacer como él, por qué no podré tirarme de cabeza contra la pared? Antepongo minuciosamente las palabras a la realidad que pretenden describirme, me escudo en consideraciones y sospechas que no son más que una estúpida dialéctica. Me parece comprender por qué la plegaria reclama instintivamente el caer de rodillas. El cambio de posición es el símbolo de un cambio en la voz, en lo que la voz va a articular, en lo articulado mismo. Cuando llego al punto de atisbar ese cambio, las cosas que hasta un segundo antes me habían parecido arbitrarias se llenan de sentido profundo, se simplifican extraordinariamente y al mismo tiempo se ahondan. Ni Marcel ni Art se han dado cuenta ayer de que Johnny no estaba loco cuando se sacó los zapatos en la sala de grabación. Johnny necesitaba en ese Ínstente tocar el suelo con su piel, atarse a la tierra de la que su música era una confirmación y no una fuga. Porque también siento esto en Johnny, y es que no huye de nada, no se droga para huir como la mayoría de los viciosos, no toca el saxo para agazaparse detrás de un foso de música, no se pasa semanas encerrado en las clínicas psiquiátricas para sentirse al abrigo de las presiones que es incapaz de soportar. Hasta su estilo, lo más auténtico en él, ese estilo que merece nombres absurdos sin necesitar de ninguno, prueba que el arte de Johnny no es una sustitución ni una completación. Johnny ha abandonado el lenguaje hot más o menos corriente hasta hace diez años, porque ese lenguaje violentamente erótico era demasiado pasivo para él. En su caso el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar, negando por adelantado los encuentros fáciles del jazz tradicional. Por eso, creo, a Johnny no le gusten gran cosa los blues, donde el masoquismo y las nostalgias... Pero de todo esto ya he hablado en mi libro, mostrando cómo la renuncia a la satisfacción inmediata indujo a Johnny a elaborar un lenguaje que él y otros músicos están llevando hoy a sus últimas posibilidades. Este Jazz desecha todo erotismo fácil, todo wagnerianismo por decirlo así, para situarse en un plano aparentemente desasido donde la música queda en absoluta libertad, así como la pintura sustraída a lo representativo queda en libertad para no ser más que pintura. Pero entonces, dueño de una música que no facilite los orgasmos ni las nostalgias, de una música que me gustaría poder llamar metafísica, Johnny parece contar con ella para explorarse, para morder en la realidad que se le escapa todos los días. Veo ahí la alta paradoja de su estilo, su agresiva eficacia. Incapaz de satisfacerse, vale como un acicate continuo, una construcción infinita cuyo placer no está en el remate sino en la reiteración exploradora, en el ejemplo de facultades que dejan atrás lo prontamente humano sin perder humanidad. Y cuando Johnny se pierde como este noche en la creación continua de su música, sé muy bien que no este escapando de nada. Ir a un encuentro no puede ser nunca escapar, aunque releguemos cada vez el lugar de la cita; y en cuanto a lo que pueda quedarse atrás, Johnny lo ignora o lo desprecia soberanamente. La marquesa, por ejemplo, cree que Johnny teme la miseria, sin darse cuenta de que lo único que Johnny puede temer es no encontrarse una chuleta al alcance del cuchillo cuando se le da la gana de comerla, o una cama cuando tiene sueño, o cien dólares en la cartera cuando le parece normal ser dueño de cien dólares. Johnny no se mueve en un mundo de abstracciones como nosotros; por eso su música, esa admirable música que he escuchado esta noche, no tiene nada de abstracta. Pero sólo él puede hacer el recuento de lo que ha cosechado mientras tocaba, y probablemente ya estará en otra cosa, perdiéndose en una nueva conjetura o en una nueva sospecha. Sus conquistas son como un sueño, las olvida al despertar cuando los aplausos le traen de vuelta, a él que anda tan lejos viviendo su cuarto de hora de minuto y medio.&lt;br /&gt;Sería como vivir sujeto a un pararrayos en plena tormenta y creer que no va a pasar nada. A los cuatro o cinco días me he encontrado con Art Boucaya en el Dupont del barrio latino, y le ha faltado tiempo para poner los ojos en blanco y anunciarme las malas noticias. En el primer momento he sentido una especie de satisfacción que no me queda más remedio que calificar de maligna, porque bien sabía yo que la calma no podía durar mucho, pero después he pensado en las consecuencias y mi cariño por Johnny se ha puesto a retorcerme el estómago; entonces me he bebido dos coñacs mientras Art me describía lo ocurrido. En resumen parece ser que esa tarde Delaunay había preparado una sesión de grabación para presentar un nuevo quinteto con Johnny a la cabeza, Art, Marcel Gavoty y dos chicos muy buenos de París en el piano y la batería. La cosa tenía que empezar a las tres de la tarde y contaban con todo el día y parte de la noche para entrar en calor y grabar unas cuantas cosas. Y qué pasa. Pasa que Johnny empieza por llegar a las cinco, cuando Delaunay estaba que hervía de impaciencia, y después de tirarse en una silla dice que no se siente bien y que ha venido solamente para no estropearles el día a los muchachos, pero que no tiene ninguna gana de tocar.&lt;br /&gt;—Entre Marcel y yo tratamos de convencerlo de que descansara un rato, pero no hacía más que hablar de no sé qué campos con urnas que había encontrado, y dale con las urnas durante media hora. Al final empezó a sacar montones de hojas que había juntado en algún parque y guardado en los bolsillos. Resultado, que el piso del estudio parecía el jardín botánico, los empleados andaban de un lado a otro con cara de perros, y a todo esto sin grabar nada; fíjate que el ingeniero llevaba tres horas fumando en su cabina, y eso en París ya es mucho para un ingeniero.&lt;br /&gt;»Al final Marcel convenció a Johnny de que lo mejor era probar, se pusieron a tocar los dos y nosotros los seguíamos de a poco, más bien para sacarnos el cansancio de no hacer nada. Hacía rato que me daba cuenta de que Johnny tenía una especié de contracción en el brazo derecho, y cuando empezó a tocar te aseguro que era terrible de ver. La cara gris, sabes, y de cuando en cuando como un escalofrío; yo no veía el momento de que se fuera al suelo. Y en una de ésas pega un grito, nos mira a todos uno a uno, muy despacio, y nos pregunta qué estamos esperando para empezar con Amorous. Ya sabes ese tema de Álamo. Bueno, Delaunay le hace una seña al técnico, salimos todos lo mejor posible, y Johnny abre las piernas, se planta como en un bote que cabecea, y se larga a tocar de una manera que te juro no había oído jamás. Esto durante tres minutos, hasta que de golpe suelta un soplido capaz de arruinar la misma armonía celestial, y se va a un rincón dejándonos a todos en plena marcha, que acabáramos lo mejor que nos fuera posible.&lt;br /&gt;»Pero ahora viene lo peor, y es que cuando acábamos, lo primero que dijo Johnny fue que todo había salido como el diablo, y que esa grabación no contaba para nada. Naturalmente, ni Delaunay ni nosotros le hicimos caso, porque a pesar de los defectos el solo de Johnny valía por mil de los que oyes todos los días. Una cosa distinta, que no te puedo explicar... Ya lo escucharás, te imaginas que ni Delaunay ni los técnicos piensan destruir la grabación. Pero Johnny insistía como un loco, amenazando romper los vidrios de la cabina si no le probaban que el disco había sido anulado. Por fin el ingeniero le mostró cualquier cosa y lo convenció, y entonces Johnny propuso que grabáramos Streptomicyne, que salió mucho mejor y a la vez mucho peor, quiero decirte que es un disco impecable y redondo, pero ya no tiene esa cosa increíble que Johnny había soplado en Amorous.»&lt;br /&gt;Suspirando, Art ha terminado de beber su cerveza y me ha mirado lúgubremente. Le he preguntado qué ha hecho Johnny después de eso, y me ha dicho que después de hartarlos a todos con sus historias sobre las hojas y los campos llenos de urnas, se ha negado a seguir tocando y ha salido a tropezones del estudio. Marcel le ha quitado el saxo para evitar que vuelva a perderlo o pisotearlo, y entre él y uno de los chicos franceses lo han llevado al hotel.&lt;br /&gt;¿Qué otra cosa puedo hacer sino ir en seguida a verlo? Pero de todos modos lo he dejado para mañana. Y a la mañana siguiente me he encontrado a Johnny en las noticias de policía del Fígaro, por que durante la noche parece que Johnny ha incendiado la pieza del hotel y ha salido corriendo desnudo por los pasillos. Tanto él como Dédée han resultado ilesos, pero Johnny está en el hospital bajo vigilancia. Le he mostrado la noticia a mi mujer para alentarla en su convalecencia, y he ido en seguida al hospital donde mis credenciales de periodista no me han servido de nada. Lo más que he al canzado a saber es que Johnny está delirando y que tiene adentro bastante marihuana como para enloquecer a diez personas. La pobre Dédée no ha sido capaz de resistir, de convencerlo de que siguiera sin fumar; todas las mujeres de Johnny acaban siendo sus cómplices, y estoy archiseguro de que la droga se la ha facilitado la marquesa.&lt;br /&gt;En fin, la cuestión es que he ido inmediatamente a casa de Delaunay para pedirle que me haga escuchar Amorous lo antes posible. Vaya a saber si Amorous no resulta el testamento del pobre Johnny; y en ese caso, mi deber profesional...&lt;br /&gt;Pero no, todavía no. A los cinco días me ha telefoneado Dédée diciéndome que Johnny está mucho mejor y que quiere verme. He preferido no hacerle reproches, primero porque supongo que voy a perder el tiempo, y segundo porque la voz de la pobre Dédée parece salir de una tetera rajada. He prometido ir en seguida, y le he dicho que tal vez cuando Johnny esté mejor se pueda organizar una gira por las ciudades del interior. He colgado el tubo cuando Dédée empezaba a llorar.&lt;br /&gt;Johnny está sentado en la cama, en una sala donde hay otros dos enfermos que por suerte duermen. Antes de que pueda decirle nada me ha atrapado la cabeza con sus dos manazas, y me ha besado muchas veces en la frente y las mejillas. Está terriblemente demacrado, aunque me ha dicho que le dan mucho de comer y que tiene apetito. Por el momento lo que más le preocupa es saber si los muchachos hablan mal de él, si su crisis ha dañado a alguien, y cosas así. Es casi inútil que le responda, pues sabe muy bien que los conciertos han sido anulados y que eso perjudica a Art, a Marcel y al resto; pero me lo pregunta como si creyera que entretanto ha ocurrido algo de bueno, algo que componga las cosas. Y al mismo tiempo no me engaña, porque en el fondo de todo eso está su soberana indiferencia; a Johnny se le importa un bledo que todo se haya ido al diablo, y lo conozco demasiado como para no darme cuenta.&lt;br /&gt;—Qué quieres que te diga, Johnny. Las cosas podrían haber salido mejor, pero tú tienes el talento de echarlo todo a perder.&lt;br /&gt;—Sí, no lo puedo negar —ha dicho cansadamente Johnny—. Y todo por culpa de las urnas.&lt;br /&gt;Me he acordado de las palabras de Art, me he quedado mirándolo.&lt;br /&gt;—Campos llenos de urnas, Bruno. Montones de urnas invisibles, enterradas en un campo inmenso. Yo andaba por ahí y de cuando en cuando tropezaba con algo. Tú dirás que lo he soñado, eh. Era así, fíjate: de cuando en cuanto tropezaba con una urna, hasta darme cuenta de que todo el campo es taba lleno de urnas, que había miles de miles, y que dentro de cada urna estaban las cenizas de un muerto. Entonces me acuerdo que me agaché y me puse a cavar con las uñas hasta que una de las urnas quedó a la vista. Sí, me acuerdo. Me acuerdo que pensé. «Ésta va a estar vacía porque es la que me toca a mí.» Pero no, estaba llena de un polvo gris como sé muy bien que estaban las otras aun que no las había visto. Entonces... entonces fue cuando empezamos a grabar Amorous, me parece.&lt;br /&gt;Discretamente he echado una ojeada al cuadro de temperatura. Bastante normal, quién lo diría. Un médico joven se ha asomado a la puerta, saludándome con una inclinación de cabeza, y ha hecho un gesto de aliento a Johnny, no le ha contestado, y cuando el médico se ha ido sin pasar la puerta, he visto que Johnny tenía los puños cerrados.&lt;br /&gt;—Eso es lo que no entenderán nunca —me ha dicho—. Son como un mono con un plumero, como las chicas del conservatorio de Kansas City que creían tocar Chopin, nada menos. Bruno, en Camarillo me habían puesto en una pieza con otros tres, y por la mañana entraba un interno lavadito y rosadito que daba gusto. Parecía hijo del Kleenex y del Tampax, créeme. Una especie de inmenso idiota que se me sentaba al lado y me daba ánimo, a mí que quería morirme, que ya no pensaba en Lan ni en nadie. Y lo peor era que el tipo se ofendía porque no le prestaba atención. Parecía esperar que me sentara en la cama, maravillado de su cara blanca y su pelo bien peinado y sus uñas cuidadas, y que me mejorara como esos que llegan a Lourdes y tiran la muleta y salen a los saltos...&lt;br /&gt;»Bruno, ese tipo y todos los otros tipos de Camarillo estaban convencidos. ¿De qué, quieres saber? No sé, te juro, pero estaban convencidos. De lo que eran, supongo, de lo que valían, de su diploma. No, no es eso. Algunos eran modestos y no se creían infalibles. Pero hasta el más modesto se sentía seguro. Eso era lo que me crispaba, Bruno, que se sintieran seguros. Seguros de qué, dime un poco, cuando yo, un pobre diablo con más pestes que el demonio debajo de la piel, tenía bastante conciencia para sentir que todo era como una jalea, que todo temblaba alrededor, que no había más que fijarse un poco, sentirse un poco, callarse un poco, para descubrir los agujeros. En la puerta, en la cama: agujeros. En la mano, en el diario, en el tiempo, en el aire: todo lleno de agujeros, todo esponja, todo como un colador colándose a sí mismo... Pero ellos eran la ciencia americana, ¿comprendes, Bruno? El guardapolvo los protegía de los agujeros; no veían nada, aceptaban lo ya visto por otros, se imaginaban que estaban viendo. Y naturalmente no podían ver los agujeros, y estaban muy seguros de sí mismos, convencidísimos de sus recetas, sus jergas, su maldito psicoanálisis, sus no fume y sus no beba... Ah, el día en que pude mandarme mudar, subirme al tren, mirar por la ventanilla cómo todo iba para atrás, se hacía pedazos, no sé si has visto cómo el paisaje se va rompiendo cuando lo miras alejarse...&lt;br /&gt;Fumamos Gauloises. A Johnny le han dado permiso para beber un poco de coñac y fumar ocho o diez cigarrillos. Pero se ve que es su cuerpo el que fuma, que él está en otra cosa casi como si se negara a salir del pozo. Me pregunto qué ha visto, qué ha sentido estos últimos días. No quiero excitarlo, pero si se pusiera a hablar por su cuenta... Fumamos, callados, y a veces Johnny estira el brazo y me pasa los dedos por la cara, como para identificarme. Después juega con su reloj pulsera, lo mira con cariño.&lt;br /&gt;—Lo que pasa es que se creen sabios —dice de golpe—. Se creen sabios porque han juntado un montón de libros y se los han comido. Me da risa, porque en realidad son buenos muchachos y viven convencidos de que lo que estudian y lo que hacen son cosas muy difíciles y profundas. En el circo es igual, Bruno, y entre nosotros es igual. La gente se figura que algunas cosas son el colmo de la dificultad, y por eso aplauden a los trapecistas, o a mí. Yo no sé qué se imaginan, que uno se está haciendo pedazos para tocar bien, o que el trapecista se rompe los tendones cada vez que da un salto. En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento. Mirar, por ejemplo, o comprender a un perro o a un gato. Ésas son las dificultades, las grandes dificultades. Anoche se me ocurrió mirarme en este espejito, y te aseguro que era tan terriblemente difícil que casi me tiro de la cama. Imagínate que te estás viendo a ti mismo; eso tan sólo basta para quedarte frío durante media hora. Realmente ese tipo no soy yo, en el primer momento he sentido claramente que no era yo, lo agarré de sorpresa, de refilón y supe que no era yo. Eso lo sentía, y cuando algo se siente... Pero es como en Palm Beach, sobre una ola te cae la segunda, y después otra... Apenas has sentido ya viene lo otro, vienen las palabras... No, no son las palabras, son lo que está en las palabras, esa especie de cola de pegar, esa baba. Y la baba viene y te tapa, y te convence de que el del espejo eres tú. Claro, pero cómo no darse cuenta. Pero si soy yo, con mi pelo, esta cicatriz. Y la gente no se da cuenta de que lo único que aceptan es la baba, y por eso les parece tan fácil mirarse al espejo. O cortar un pedazo de pan con un cuchillo. ¿Tú has cortado un pedazo de pan con un cuchillo?&lt;br /&gt;—Me suele ocurrir —he dicho, divertido.&lt;br /&gt;—Y te has quedado tan tranquilo. Yo no puedo, Bruno. Una noche tiré todo tan lejos que el cuchillo casi le saca un ojo al japonés de la mesa de al lado. Era en Los Ángeles, se armó un lío tan descomunal... Cuando les expliqué, me llevaron preso. Y eso que me parecía tan sencillo explicarles todo. Esa vez conocí al doctor Christie. Un tipo estupendo, y eso que yo a los médicos...&lt;br /&gt;Ha pasado una mano por el aire, tocándolo por todos lados, dejándolo como marcado por su paso. Sonríe. Tengo la sensación de que está solo, completamente solo. Me siento como hueco a su lado. Si a Johnny se le ocurriera pasar su mano a través de mí me cortaría como manteca, como humo. A lo mejor es por eso que a veces me roza la cara con los dedos, cautelosamente.&lt;br /&gt;-Tienes el pan ahí, sobre el mantel —dice Johnny mirando el aire—. Es una cosa sólida, no se puede negar, con un color bellísimo, un perfume. Algo que no soy yo, algo distinto, fuera de mí. Pero si lo toco, si estiro los dedos y lo agarro, entonces hay algo que cambia, ¿no te parece? El pan está fuera de mí, pero lo toco con los dedos, lo siento, siento que eso es el mundo, pero si yo puedo tocarlo y sentirlo, entonces no se puede decir realmente que sea otra cosa, o ¿tú crees que se puede decir?&lt;br /&gt;—Querido, hace miles de años que un montón de bardos se vienen rompiendo la cabeza para resolver el problema.&lt;br /&gt;—En el pan es de día —murmura Johnny, tapándose la cara—. Y yo me atrevo a tocarlo, a cortarlo en dos, a metérmelo en la boca. No pasa nada, ya sé; eso es lo terrible. ¿Te das cuenta de que es terrible que no pase nada? Cortas el pan, le clavas el cuchillo, y todo sigue como antes. Yo no comprendo, Bruno.&lt;br /&gt;Me ha empezado a inquietar la cara de Johnny, su excitación. Cada vez resulta más difícil hacerlo hablar de jazz, de sus recuerdos, de sus planes, traerlo a la realidad. (A la realidad: apenas lo escribo me da asco. Johnny tiene razón, la realidad no puede ser esto, no es posible que ser crítico de jazz sea la realidad, porque entonces hay alguien que nos está tomando el pelo. Pero al mismo tiempo a Johnny no se le puede seguir así la corriente porque vamos a acabar todos locos.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora se ha quedado dormido, o por lo menos ha cerrado los ojos y se hace el dormido. Otra vez me doy cuenta de lo difícil que resulta saber qué es lo que está haciendo, qué es Johnny. Si duerme, si se hace el dormido, si cree dormir. Uno está mucho más fuera de Johnny que de cualquier otro amigo. Nadie puede ser más vulgar, más común, más atado a las circunstancias de una pobre vida; accesible por todos lados, aparentemente. No es ninguna excepción, aparentemente. Cualquiera puede ser como Johnny, siempre que acepte ser un pobre diablo enfermo y vicioso y sin voluntad y lleno de poesía y de talento. Aparentemente. Yo que me he pasado la vida admirando a los genios, a los Picasso, a los Einstein, a toda la santa lista que cualquiera puede fabricar en un minuto (y Gandhi, y Chaplin, y Stravinsky), estoy dispuesto como cualquiera a admitir que esos fenómenos andan por las nubes, y que con ellos no hay que extrañarse de nada. Son diferentes, no hay vuelta que darle. En cambio la diferencia de Johnny es secreta, irritante por lo misteriosa, porque no tiene ninguna explicación. Johnny no es un genio, no ha descubierto nada, hace jazz como varios miles de negros y de blancos, y aunque lo hace mejor que todos ellos, hay que reconocer que eso depende un poco de los gustos del público, de las modas, del tiempo, en suma. Panassié, por ejemplo, encuentra que Johnny es francamente malo y aunque nosotros creemos que el francamente malo es Panassié, de todas maneras hay materia abierta a la polémica. Todo esto prueba que Johnny no es nada del otro mundo, pero apenas lo pienso me pregunto si precisamente no hay en Johnny algo del otro mundo (que él es el primero en desconocer). Probablemente se reiría mucho si se lo dijeran. Yo sé bastante bien lo que piensa, lo que vive de estas cosas. Digo: lo que vive de estas cosas, porque Johnny... Pero no voy a eso, lo que quería explicarme a mí mismo es que la distancia que va de Johnny a nosotros no tiene explicación, no se funda en diferencias explicables. Y me parece que él es el primero en pagar las consecuencias de eso, que lo afecta tanto como a nosotros. Dan ganas de decir en seguida que Johnny es como un ángel entre los hombres, hasta que una elemental honradez obliga a tragarse la frase, a darle bonitamente vuelta, y a reconocer que quizá lo que pasa es que Johnny es un hombre entre los ángeles, una realidad entre las irrealidades que somos todos nosotros. Y a lo mejor es por eso que Johnny me toca la cara con los dedos y me hace sentir tan infeliz, tan transparente, tan poca cosa con mi buena salud, mi casa, mi mujer, mi prestigio. Mi prestigio, sobre todo. Sobre todo mi prestigio.&lt;br /&gt;Pero es lo de siempre, he salido del hospital y apenas he calzado, en la calle, en la hora, en todo lo que tengo que hacer, la tortilla ha girado blandamente en el aire y se ha dado vuelta. Pobre Johnny, tan fuera de la realidad. (Es así, es así. Me es más fácil creer que es así, ahora que estoy en un café y a dos horas de mi visita al hospital, que todo lo que escribí más arriba forzándome como un condenado a ser por lo menos un poco decente conmigo mismo.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte lo del incendio se ha arreglado O.K., pues como cabía suponer la marquesa ha hecho de las suyas para que lo del incendio se arreglara O.K. Dédée y Art Boucaya han venido a buscarme al diario, y los tres nos hemos ido a Vix para escuchar la ya famosa —aunque todavía secreta— graba ción de Amorous. En el taxi Dédée me ha contado sin muchas ganas cómo la marquesa lo ha sacado a Johnny del lío del incendio, que por lo demás no había pasado de un colchón chamuscado y un susto terrible de todos los argelinos que viven en el hotel de la rué Lagrange. Multa (ya pagada), otro hotel (ya conseguido por Tica), y Johnny está convaleciente en una cama grandísima y muy linda, toma leche a baldes y lee el París Match y el New Yorker, mezclando a veces su famoso (y roñoso) librito de bolsillo con poemas de Dylan Thomas y anotaciones a lápiz por todas partes.&lt;br /&gt;Con estas noticias y un coñac en el café de la esquina, nos hemos instalado en la sala de audiciones para escuchar Amorous y Streptomicyne. Art ha pedido que apagaran las luces y se ha acostado en el suelo para escuchar mejor. Y entonces ha entrado Johnny y nos ha pasado su música por la cara, ha entrado ahí aunque esté en su hotel y metido en la cama, y nos ha barrido con su música durante un cuarto de hora. Comprendo que le enfurezca la idea de que vayan a publicar Amorous, porque cualquiera se da cuenta de las fallas, del soplido perfectamente perceptible que acompaña algunos finales de frase y sobre todo la salvaje caída final, esa nota sorda y breve, que me ha parecido un corazón que se rompe, un cuchillo entrando en un pan (y él hablaba del pan hace unos días). Pero en cambio a Johnny se le escaparía lo que para nosotros es terriblemente hermoso, la ansiedad que busca salida en esa improvisación, llena de huidas en todas direcciones, de interrogación, de manoteo desesperado. Johnny no puede comprender (porque lo que para él es fracaso a nosotros nos parece un camino, por lo menos la señal de un camino) que Amorous va a quedar como uno de los momentos más grandes del jazz. El artista que hay en él va a ponerse frenético de rabia cada vez que oiga ese remedo de su deseo, de todo lo que quiso decir mientras luchaba, tambaleándose, escapándosele la saliva de la boca junto con la música, más que nunca solo frente a lo que persigue, a lo que se le huye mientras más lo persigue. Es curioso, ha sido necesario escuchar esto, aunque ya todo convergía a esto, a Amorous, para que yo me diera cuenta de que Johnny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo, como yo mismo lo he dado a entender en mi biografía (por cierto que la edición en inglés acaba de aparecer y se vende como la coca-cola). Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado. Nadie puede saber qué es lo que persigue Johnny, pero es así, está ahí, en Amorous, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo pobre diablo que es Johnny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos y sin piernas, en una liebre que corre tras de un tigre que duerme. Y me veo precisado a decir que en el fondo Amorous me ha dado ganas de vomitar, como si eso pudiera librarme de él, de todo lo que en él corre contra mí y contra todos, esa masa negra informe sin manos y sin pies, ese chimpancé enloquecido que me pasa los dedos por la cara y me sonríe enternecido.&lt;br /&gt;Art y Dédée no ven (me parece que no quieren ver) más que la belleza formal de Amorous. Incluso a Dédée le gusta más Streptomicyne, donde Johnny improvisa con su soltura corriente, lo que el público entiende por perfección y a mí me parece que en Jonny es más bien distracción, dejar correr la música, estar en otro lado. Ya en la calle le he preguntado a Dédée cuáles son sus planes, y me ha dicho que apenas Johnny pueda salir del hotel (la policía se lo impide por el momento) una nueva marca de discos le hará grabar todo lo que él quiera y le pagará muy bien. Art sostiene que Johnny está lleno de ideas estupendas, y que él y Marcel Gavoty van a «trabajar» las novedades junto con Johnny, aunque después de las últimas semanas se ve que Art no las tiene todas consigo, y yo sé por mi parte que anda en conversaciones con un agente para volverse a Nueva York lo antes posible. Cosa que comprendo de sobra, pobre muchacho.&lt;br /&gt;-Tica se está portando muy bien —ha dicho rencorosamente Dédée—. Claro, para ella es tan fácil. Siempre llega al último momento, y no tiene más que abrir el bolso y arreglarlo todo. Yo, en cambio...&lt;br /&gt;Art y yo nos hemos mirado. ¿Qué le podríamos decir? Las mujeres se pasan la vida dando vueltas alrededor de Johnny y de los que son como Johnny. No es extraño, no es necesario ser mujer para sentirse atraído por Johnny. Lo difícil es girar en torno a él sin perder la distancia, como un buen satélite, un buen crítico. Art no estaba entonces en Baltimore, pero me acuerdo de los tiempos en que conocí a Johnny, cuando vivía con Lan y los niños. Daba lástima ver a Lan. Pero después de tratar un tiempo a Johnny, de aceptar poco a poco el imperio de su música, de sus terrores diurnos, de sus explicaciones inconcebibles sobre cosas que jamás habían ocurrido, de sus repentinos accesos de ternura, entonces uno comprendía por qué Lan tenía esa cara y cómo era imposible que tuviese otra cara y viviera a la vez con Johnny. Tica es otra cosa, se le escapa por la vía de la promiscuidad, de la gran vida, y además tiene al dólar sujeto por la cola y eso es más eficaz que una ametralladora, por lo menos es lo que dice Art Boucaya cuando anda resentido con Tica o le duele la cabeza.&lt;br /&gt;—Venga lo antes posible —me ha pedido Dédée—. A él le gusta hablar con usted.&lt;br /&gt;Me hubiera gustado sermonearla por lo del incendio (por la causa del incendio, de la que es seguramente cómplice) pero sería tan inútil como decirle al mismo Johnny que tiene que convertirse en un ciudadano útil. Por el momento todo va bien, y es curioso (es inquietante) que apenas las cosas andan bien por el lado de Johnny yo me siento inmensamente contento. No soy tan inocente como para creer en una simple reacción amistosa. Es más bien como un aplazamiento, un respiro. No necesito buscarle explicaciones cuando lo siento tan claramente como puedo sentir la nariz pegada a la cara. Me da rabia ser el único que siente esto, que lo padece todo el tiempo. Me da rabia que Art Boucaya, Tica o Dédée no se den cuenta de que cada vez que Johnny sufre, va a la cárcel, quiere matarse, incendia un colchón o corre desnudo por los pasillos de un hotel, está pagando algo por ellos, está muriéndose por ellos. Sin saberlo, y no como los que pronuncian grandes discursos en el patíbulo o escriben libros para denunciar los males de la humanidad o tocan el piano con el aire de quien está lavando los pecados del mundo. Sin saberlo, pobre saxofonista, con todo lo que esta palabra tiene de ridículo, de poca cosa, de uno más entre tantos pobres saxofonistas.&lt;br /&gt;Lo malo es que si sigo así voy a acabar escribiendo más sobre mí mismo que sobre Johnny. Empiezo a parecerme a un evangelista y no me hace ninguna gracia. Mientras volvía a casa he pensado con el cinismo necesario para recobrar la confianza, que en mi libro sobre Johnny yo sólo menciono de paso, discretamente, el lado patológico de su persona. No me ha parecido necesario explicarle a la gente que Johnny cree pasearse por campos llenos de urnas, o que las pinturas se mueven cuando él las mira; fantasmas de la marihuana, al fin y al cabo, que se acaban con la cura de desintoxicación. Pero se diría que Johnny me deja en prenda esos fantasmas, me los pone como otros tantos pañuelos en el bolsillo hasta que llega la hora de recobrarlos. Y creo que soy el único que los aguanta, los convive y los teme; y nadie lo sabe, ni siquiera Johnny. Uno no puede confesarle cosas así a Johnny, como las confesaría a un hombre realmente grande, al maestro ante quien nos humillamos a cambio de un consejo. ¿Qué mundo es este que me toca cargar como un fardo? ¿Qué clase de evangelista soy? En Johnny no hay la menor grandeza, lo he sabido desde que lo conocí, desde que empecé a admirarlo. Ya hace rato que esto no me sorprende, aunque al principio me resultara desconcertante esa falta de grandeza, quizá porque es una dimensión que uno no está dispuesto a aplicar al primero que llega, y sobre todo a los jazzmen. No sé por qué (no sé por qué) creí en un momento que en Johnny había una grandeza que él desmiente de día en día (o que nosotros desmentimos, y en realidad no es lo mismo; porque, seamos honrados, en Johnny hay como el fantasma de otro Johnny que pudo ser, y ese otro Johnny está lleno de grandeza; al fantasma se le nota como la falta de esa dimensión que sin embargo negativamente evoca y contiene).&lt;br /&gt;Esto lo digo porque las tentativas que ha hecho Johnny para cambiar de vida, desde su aborto de suicidio hasta la marihuana, son las que cabía esperar de alguien tan sin grandeza como él. Creo que lo admiro todavía más por eso, porque es realmente el chimpancé que quiere aprender a leer, un pobre tipo que se da con la cara contra las paredes, y no se convence, y vuelve a empezar.&lt;br /&gt;Ah, pero si un día el chimpancé se pone a leer, qué quiebra en masa, qué desparramo, qué sálvese el que pueda, yo el primero. Es terrible que un hombre sin grandeza alguna se tire de esa manera contra la pared. Nos denuncia a todos con el choque de sus huesos, nos hace trizas con la primera frase de su música. (Los mártires, los héroes, de acuerdo: uno está seguro con ellos. ¡Pero Johnny!)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Secuencias. No sé decirlo mejor, es como una noción de que bruscamente se arman secuencias terribles o idiotas en la vida de un hombre, sin que se sepa qué ley fuera de las leyes clasificadas decide que a cierta llamada telefónica va a seguir inmediatamente la llegada de nuestra hermana que vive en Auvernia, o se va a ir la leche al fuego, o vamos a ver desde el balcón a un chico debajo de un auto. Como en los equipos de fútbol y en las comisiones directivas, parecería que el destino nombra siempre algunos suplentes por si le fallan los titulares. Y así es que esta mañana, cuando todavía me duraba el contento por saberlo mejorado y contento a Johnny Cárter, me telefonean de urgencia al diario, y la que telefonea es Tica, y la noticia es que en Chicago acaba de morirse Bee, la hija menor de Lan y de Johnny, que naturalmente Johnny está como loco, y sería bueno que yo fuera a darles una mano a los amigos.&lt;br /&gt;He vuelto a subir una escalera del hotel —y van ya tantas en mi amistad con Johnny— para encontrarme con Tica tomando té, con Dédée mojando una toalla, con Art, Delaunay y Pepe Ramírez que hablan en voz baja de las últimas noticias de Lester Young, y con Johnny muy quieto en la cama, una toalla en la frente y un aire perfectamente tranquilo y casi desdeñoso. Inmediatamente me he puesto en el bolsillo la cara de circunstancias, limitandome a apretarle fuerte la mano a Johnny, encender un cigarrillo y esperar.&lt;br /&gt;—Bruno, me duele aquí —ha dicho Johnny al cabo de un rato, tocándose el sitio convencional del corazón—. Bruno, ella era como una piedrecita en mi mano. Y yo no soy nada más que un pobre caballo amarillo, y nadie, nadie, limpiará las lágrimas de mis ojos.&lt;br /&gt;Todo esto dicho solemnemente, casi recitado, y Tica mirando a Art, y los dos haciéndose señas de indulgencia, aprovechando que Johnny tiene la cara tapada con la toalla mojada y no puede verlos. Personalmente me repugnan la frases baratas, pero todo esto que ha dicho Johnny, aparte de que me parece haberlo leído en algún sitio, me ha sonado como una máscara que se pusiera a hablar, así de hueco, así de inútil. Dédée ha venido con otra toalla y le ha cambiado el aposito, y en el intervalo he podido vislumbrar el rostro de Johnny y lo he visto de un gris ceniciento, con la boca torcida y los ojos apretados hasta arrugarse. Y como siempre con Johnny, las cosas han ocurrido de otra manera que la que uno esperaba, y Pepe Ramírez que no lo conoce gran cosa está todavía bajo los efectos de la sorpresa y yo creo que del escándalo, porque al cabo de un rato Johnny se ha sentado en la cama y se ha puesto a insultar lentamente, mascando cada palabra, y soltándola después como un trompo se ha puesto a insultar a los responsables de la grabación de Amorous, sin mirar a nadie pero clavándonos a todos como bichos en un cartón nada más que con la increíble obscenidad de sus palabras, y así ha estado dos minutos insultando a todos los de Amorous, empezando por Art y Delaunay, pasando por mí (aunque yo...) y acabando en Dédée, en Cristo omnipotente y en la puta que los parió a todos sin la menor excepción. Y eso ha sido en el fondo, eso y lo de la piedrecita blanca, la oración funebre de Bee, muerta en Chicago de neumonía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasarán quince días vacíos; montones de trabajo, artículos periodísticos, visitas aquí y allá —un buen resumen de la vida de un crítico, ese hombre que sólo puede vivir de prestado, de las novedades y las decisiones ajenas. Hablando de lo cual una noche estaremos Tica, Bay Lennox y yo en el Café Flore, tarareando muy contentos Out ofnowhere y comentando un solo de piano de Billy Taylor que a los tres nos parece bueno, y sobre todo a Baby Lennox que además se ha vestido a la moda de Saint-Germain-des-Prés y hay que ver cómo le queda. Baby verá aparecer a Johnny con el arrobamiento de sus veinte años, y Johnny la mirará sin verla y seguirá de largo, hasta sentarse solo en otra mesa, completamente borracho o dormido. Sentiré la mano de Tica en la rodilla.&lt;br /&gt;—Lo ves, ha vuelto a fumar anoche. O esta tarde. Esa mujer...&lt;br /&gt;Le he contestado sin ganas que Dédée es tan culpable como cualquier otra, empezando por ella que ha fumado docenas de veces con Johnny y volverá a hacerlo el día que le dé la santa gana. Me vendrá un gran deseo de irme y de estar solo, como siempre que es imposible acercarse a Johnny, estar con él y de su lado. Lo veré hacer dibujos en la mesa con el dedo, quedarse mirando al camarero que le pregunta qué va a beber, y por fin Johnny dibujará en el aire una especie de flecha y la sostendrá con las dos manos como si pesara una barbaridad, y en las otras mesas la gente empezará a divertirse con mucha discreción como corresponde en el Flore. Entonces Tica dirá: «Mierda», se pasará a la mesa de Johnny, y después de dar una orden al camarero se pondrá a hablarle en la oreja a Johnny. Ni qué decir que Baby se apresurará a confiarme sus más caras esperanzas, pero yo le diré vagamente que esa noche hay que dejar tranquilo a Johnny y que las niñas buenas se van temprano a la cama, si es posible en compañía de un crítico de jazz. Baby reirá amablemente, su mano me acariciará el pelo, y después nos quedaremos tranquilos viendo pasar a la muchacha que se cubre la cara con una capa de albayalde y se pinta de verde los ojos y hasta la boca. Baby dirá que no le parece tan mal, y yo le pediré que cante bajito uno de esos blúes que le están dando fama en Londres y en Estocolmo. Y después volveremos a Out ofnowhere, que esta noche nos persigue interminablemente como un perro que también fuera de albayalde y de ojos verdes. Pasarán por ahí dos de los chicos del nuevo quinteto de Johnny, y aprovecharé para preguntarles cómo ha andado la cosa esa noche; me enteraré así de que Johnny apenas ha podido tocar, pero que lo que ha tocado valía por todas las ideas juntas de un John Lewis, suponiendo que este último sea capaz de tener alguna idea porque, como ha dicho uno de los chicos, lo único que tiene siempre a mano es las notas para tapar un agujero, que no es lo mismo. Y yo me preguntaré entre tanto hasta dónde va a poder resistir Johnny, y sobre todo el público que cree en Johnny. Los chicos no aceptarán una cerveza, Baby y yo nos quedaremos nuevamente solos, y acabaré por ceder a sus preguntas y explicarle a Baby, que realmente merece su apodo, por qué Johnny está enfermo y acabado, por qué los chicos del quinteto están cada día más hartos, por qué la cosa va a estallar en una de ésas como ya ha estallado en San Francisco, en Baltimore y en Nueva York media docena de veces.&lt;br /&gt;Entrarán otros músicos que tocan en el barrio, y algunos irán a la mesa de Johnny y lo saludarán pero él los mirará como desde lejos, con una cara horriblemente idiota, los ojos húmedos y mansos, la boca incapaz de contener la saliva que le brilla en los labios. Será divertido observar el doble manejo de Tica y de Baby. Tica apelando a su dominio sobre los hombres para alejarlos de Johnny con una rápida explicación y una sonrisa, Baby soplándome en la oreja su admiración por Johnny y lo bueno que sería llevarlo a un sanatorio para que lo desintoxicaran, y todo ello simplemente porque está en celo y quisiera acostarse con Johnny esta misma noche, cosa por lo demás imposible según puede verse, y que me alegra bastante. Como me ocurre desde que la conozco, pensaré en lo bueno que sería poder acariciar los muslos de Baby y estaré a un paso de proponerle que nos vayamos a tomar un trago a otro lugar más tranquilo (ella no querrá y en el fondo yo tampoco, porque esa otra mesa nos tendrá atados e infelices) hasta que de repente, sin nada que anuncie lo que va a suceder, veremos levantarse lentamente a Johnny, mirarnos y reconocernos, venir hacia nosotros —digamos hacia mí, porque Baby no cuenta— y al llegar a la mesa se doblará un poco con toda naturalidad, como quien va a tomar una papa frita del plato, y lo veremos arrodillarse frente a mí, con toda naturalidad se pondrá de rodillas y me mirará en los ojos y yo veré que está llorando, y sabré sin palabras que Johnny está llorando por la pequeña Bee.&lt;br /&gt;Mi reacción es tan natural, he querido levantar a Johnny, evitar que hiciera el ridículo, y al final el ridículo lo he hecho yo porque nada hay más lamentable que un hombre esforzándose por mover a otro que está muy bien como está, que se siente perfectamente en la posición que le da la gana, de manera que los parroquianos del Flore, que no se alarman por pequeñas cosas, me han mirado poco amablemente, aun sin saber en su mayoría que ese negro arrodillado es Johnny Cárter me han mirado como miraría la gente a alguien que se trepara a un altar y tironeara de Cristo para sacarlo de la cruz. El primero en reprochármelo ha sido Johnny, nada más que llorando silenciosamente ha alzado los ojos y me ha mirado, y entre eso y la censura evidente de los parroquianos no me ha quedado más remedio que volver a sentarme frente a Johnny, sintiéndome peor que él, queriendo estar en cualquier parte menos en esa silla y frente a Johnny de rodillas.&lt;br /&gt;El resto no ha sido tan malo, aunque no sé cuántos siglos han pasado sin que nadie se moviera, sin que las lágrimas dejaran de correr por la cara de Johnny, sin que sus ojos estuvieran continuamente fijos en los míos mientras yo trataba de ofrecerle un cigarrillo, de encender otro para mí, de hacerle un gesto de entendimiento a Baby que estaba, me parece, a punto de salir corriendo o de ponerse a llorar por su parte. Como siempre, ha sido Tica la que ha arreglado el lío sentándose con su gran tranquilidad en nuestra mesa, arrimando una silla del lado de Johnny y poniéndole la mano en el hombro, sin forzarlo, hasta que al final Johnny se ha enderezado un poco y ha pasado de ese horror a la conveniente actitud del amigo sentado, nada más que levantando unos centímetros las rodillas y dejando que entre sus nalgas y el suelo (iba a decir y la cruz, realmente esto es contagioso) se interpusiera la aceptadísima comodidad de una silla. La gente se ha cansado de mirar a Johnny, él de llorar, y nosotros de sentirnos como perros. De golpe me he explicado el cariño que algunos pintores les tienen a las sillas, cualquiera de las sillas del Flore me ha parecido de repente un objeto maravilloso, una flor, un perfume, el perfecto instrumento del orden y la honradez de los hombres en su ciudad.&lt;br /&gt;Johnny ha sacado un pañuelo, ha pedido disculpas sin forzar la cosa, y Tica ha hecho traer un café doble y se lo ha dado a beber. Baby ha estado maravillosa; renunciando de golpe a toda su estupidez cuando se trata de Johnny, se ha puesto a tararear Mamie's blues sin dar la impresión de que lo hacía a propósito, y Johnny la ha mirado y se ha sonreído, y me parece que Tica y yo hemos pensado al mismo tiempo que la imagen de Bee se perdía poco a poco en el fondo de los ojos de Johnny, y que una vez más Johnny aceptaba volver por un rato a nuestro lado, acompañarnos hasta la próxima fuga. Como siempre, apenas ha pasado el momento en que me siento como un perro, mi superioridad frente a Johnny me ha permitido mostrarme indulgente, charlar de todo un poco sin entrar en zonas demasiado personales (hubiera sido horrible ver deslizarse a Johnny de la silla, volver a...), y por suerte Tica y Baby se han portado como ángeles y la gente del Flore se ha ido renovando a lo largo de una hora, por lo cual los parroquianos de la una de la madrugada no han sospechado siquiera lo que acababa de pasar, aunque en realidad no haya pasado gran cosa si se lo piensa bien. Baby se ha ido la primera (es una chica estudiosa Baby, a las nueve ya estará ensayando con Fred Callender para grabar por la tarde) y Tica ha tomado su tercer vaso de coñac y nos ha ofrecido llevarnos a casa. Entonces Johnny ha dicho que no, que prefería seguir charlando conmigo, y Tica ha encontrado que estaba muy bien y se ha ido, no sin antes pagar las vueltas de todos como corresponde a una marquesa. Y Johnny y yo nos hemos tomado una copita de chartreuse, dado que entre amigos están permitidas estas debilidades, y hemos empezado a caminar por Saint-Germain-des-Prés porque Johnny ha insistido en que le hará bien caminar y yo no soy de los que dejan caer a los camaradas en esas circunstancias.&lt;br /&gt;Por la rué de l'Abbaye vamos bajando hasta la plaza Furstenberg, que a Johnny le recuerda peligrosamente un teatro de juguete que según parece le regaló su padrino cuando tenía ocho años. Trato de llevármelo hacia la rué Jacob por miedo de que los recuerdos lo devuelvan a Bee, pero se diría que Johnny ha cerrado el capítulo por lo que falta de la noche. Anda tranquilo, sin titubear (otras veces lo he visto tambalearse en la calle, y no por estar borracho; algo en los reflejos que no funciona) y el calor de la noche y el silencio de las calles nos hace bien a los dos. Fumamos Gauloises, nos dejamos ir hacia el río, y frente a una de las cajas de latón de los libreros del Quai de Conti un recuerdo o un silbido de algún estudiante nos trae a la boca un tema de Vivaldi y los dos nos ponemos a cantarlo con mucho sentimiento y entusiasmo, y Johnny dice que si tuviera su saxo se pasaría la noche tocando Vivaldi, cosa que yo encuentro exagerada.&lt;br /&gt;—En fin, también tocaría un poco de Bach y de Charles Ivés —dice Johnny, condescendiente—. No sé por qué a los franceses no les interesa Charles Ivés. ¿Conoces sus canciones? La del leopardo, tendrías que conocer la canción del leopardo. A leopard...&lt;br /&gt;Y con su flaca voz de tenor se explaya sobre el leopardo, y ni qué decir que muchas de las frases que canta no son en absoluto de Ivés, cosa que a Johnny le tiene sin cuidado mientras esté seguro de que está cantando algo bueno. Al final nos sentamos sobre el pretil, frente a la rué Gít-le-Coeur y fumamos otro cigarrillo porque la noche es magnífica y dentro de un rato el tabaco nos obligará a beber cerveza en un café y esto nos gusta por anticipado a Johnny y a mí. Casi no le presto atención cuando menciona por primera vez mi libro, por que en seguida vuelve a hablar de Charles Ivés y de cómo se ha divertido en citar muchas veces temas de Ivés en sus discos, sin que nadie se diera cuenta (ni el mismo Ivés, supongo), pero al rato me pongo a pensar en lo del libro y trato de traerlo al tema.&lt;br /&gt;—Oh, he leído algunas páginas —dice Johnny—. En lo de Tica hablaban mucho de tu libro pero yo no entendía ni el título. Ayer Art me trajo la edición inglesa y entonces me enteré de algunas cosas. Está muy bien tu libro.&lt;br /&gt;Adopto la actitud natural en esos casos, mezclando un aire de displicente modestia con una cierta dosis de interés, como si su opinión fuera a revelarme —a mí, el autor— la verdad sobre mi libro.&lt;br /&gt;—Es como en un espejo —dice Johnny—. Al principio yo creía que leer lo que escriben sobre uno era más o menos como mirarse a uno mismo y no en el espejo. Admiro mucho a los escritores, es increíble las cosas que dicen. Toda esa parte sobre los orígenes del bebop...&lt;br /&gt;—Bueno, no hice más que transcribir literalmente lo que me contaste en Baltimore —digo, defendiéndome sin saber de qué.&lt;br /&gt;—Sí, está todo, pero en realidad es como en un espejo —se emperra Johnny.&lt;br /&gt;—¿Qué más quieres? Los espejos son fieles.&lt;br /&gt;—Faltan cosas, Bruno —dice Johnny—. Tú estás mucho más enterado que yo, pero me parece que fatan cosas.&lt;br /&gt;—Las que te habrás olvidado de decirme —contesto bastante picado. Este mono salvaje es capaz de... (Habrá que hablar con Delaunay, sería lamentable que una declaración imprudente malograra un sano esfuerzo crítico que... Por ejemplo el vestido rojo de Lan —está diciendo Johnny. Y en todo caso aprovechar las novedades de esta noche para incorporarlas a una nueva edición; no estaría mal. Tenía como un olor a perro —está diciendo Johnny— y es lo único que vale en ese disco. Sí, escuchar atentamente y proceder con rapidez, porque en manos de otras gentes estos posibles desmentidos podrían tener consecuencias lamentables. Y la urna del medio, la más grande, llena de un polvo casi azul —está diciendo Johnny— y tan parecida a una polvera que tenía mi hermana. Mientras no pase de las alucinaciones, lo peor sería que desmintiera las ideas del fondo, el sistema estético que tantos elogios... —Y además el cool no es por casualidad lo que has escrito —está diciendo Johnny. Atención.)&lt;br /&gt;—¿Cómo que no es lo que yo he escrito? Johnny, está bien que las cosas cambien, pero no hace seis meses que tu...&lt;br /&gt;—Hace seis meses —dice Johnny, bajándose del pretil y acodándose para descansar la cabeza entre las manos—. Six months ago. Ah, Bruno, lo que yo podría tocar ahora mismo si tuviera a los muchachos... Y a propósito: muy ingenioso lo que has escrito sobre el saxo y el sexo, muy bonito el juego de palabras. Six months ago. Six, sax, sex. Positivamente precioso, Bruno. Maldito seas, Bruno.&lt;br /&gt;No me voy a poner a decirle que su edad mental no le permite comprender que ese inocente juego de palabras encubre un sistema de ideas bastante profundo (a Leonard Feather le pareció exactísimo cuando se lo explique en Nueva York) y que el paraerotismo del jazz evoluciona desde tiempos del washboard, etc. Es lo de siempre, de pronto me alegra poder pensar que los críticos son mucho más necesarios de lo que yo mismo estoy dispuesto a reconocer (en privado, en esto que escribo) por que los creadores, desde el inventor de la música hasta Johnny pasando por toda la condenada serie, son incapaces de extraer las consecuencias dialécticas de su obra, postular los fundamentos y la trascendencia de lo que están escribiendo o improvisando. Tendría que recordar esto en los momentos de depresión en que me da lástima no ser nada más que un crítico —El nombre de la estrella es Ajenjo —está diciendo Johnny, y de golpe oigo su otra voz, la voz de cuando está... ¿cómo decir esto, cómo describir a Johnny cuando está de su lado, ya solo otra vez, ya salido? Inquieto, me bajo del pretil, lo miro de cerca. Y el nombre de la estrella es Ajenjo, no hay nada que hacerle.&lt;br /&gt;—El nombre de la estrella es Ajenjo —dice Johnny, hablando para sus dos manos—. Y sus cuerpos serán echados en las plazas de la grande ciudad. Hace seis meses.&lt;br /&gt;Aunque nadie me vea, aunque nadie lo sepa, me encojo de hombros para las estrellas (el nombre de la estrella es Ajenjo). Volvemos a lo de siempre: «Esto lo estoy tocando mañana.» El nombre de la estrella es Ajenjo y sus cuerpos serán echados hace seis meses. En las plazas de la grande ciudad. Salido, lejos. Y yo con sangre en el ojo, simplemente porque no ha querido decirme nada más sobre el libro, y en realidad no he llegado a saber qué piensa del libro que tantos miles de fans están leyendo en dos idiomas (muy pronto en tres, y ya se habla de la edición española, parece que en Buenos Aires no solamente se tocan tangos).&lt;br /&gt;—Era un vestido precioso —dice Johnny—. No quieras saber cómo le quedaba a Lan, pero va a ser mejor que te lo explique delante de un whisky, si es que tienes dinero Dédée me ha dejado apenas trescientos francos.&lt;br /&gt;Ríe burlonamente, mirando el Sena. Como si él no supiera procurarse la bebida y la marihuana. Empieza a explicarme que Dédée es muy buena (y del libro nada) y que lo hace por bondad, pero por suerte está el compañero Bruno (que ha escrito un libro, pero nada) y lo mejor será ir a sentarse a un café del barrio árabe, donde lo dejan a uno tranquilo siempre que se vea que pertenece un poco a la estrella llamada Ajenjo (esto lo pienso yo, estamos entrando por el lado de Saint-Sévérin y son las dos de la mañana, hora en que mi mujer suele despertarse y ensayar todo lo que me va a decir junto con el café con leche). Así pasa con Johnny, así nos bebemos un horrible coñac barato, así doblamos la dosis y nos sentimos tan contentos. Pero del libro nada, solamente la polvera en forma de cisne, la estrella, pedazos de cosas que van pasando por pedazos de frases, por pedazos de miradas, por pedazos de sonrisas, por gotas de saliva sobre la mesa, pegadas a los bordes del vaso (del vaso de Johnny). Sí, hay momentos en que quisiera que ya estuviese muerto. Supongo que muchos en mi caso pensarían lo mismo. Pero cómo resignarse a que Johnny se muera llevándose lo que no quiere decirme esta noche, que desde la muerte siga cazando, siga salido (yo ya no sé cómo escribir todo esto) aunque me valga la paz, la cátedra, esa autoridad que dan las tesis incontrovertidas y los entierros bien capitaneados. De cuando en cuando Johnny interrumpe un largo tamborileo sobre la mesa, me mira, hace un gesto incomprensible y vuelve a tamborilear. El patrón del café nos conoce desde los tiempos en que veníamos con un guitarrista árabe. Hace rato que Ben Aifa quisiera irse a dormir, somos los únicos en el mugriento café que huele a ají y a pasteles con grasa. También yo me caigo de sueño pero la cólera me sostiene, una rabia sorda y que no va contra Johnny, más bien como cuando se ha hecho el amor toda una tarde y se siente la necesidad de una ducha, de que el agua y el jabón se lleven eso que empieza a volverse rancio, a mostrar demasiado claramente lo que al principio... Y Johnny marca un ritmo obstinado sobre la mesa, y a ratos canturrea, casi sin mirarme. Muy bien puede ocurrir que no vuelva a hacer comentarios sobre el libro. Las cosas se lo van llevando de un lado a otro, mañana será una mujer, otro lío cualquiera, un viaje. Lo más prudente sería quitarle disimuladamente la edición en inglés, y para eso hablar con Uédée y pedirle el favor a cambio de tantos otros. Es absurda esta inquietud, esta casi cólera. No cabía esperar ningún entusiasmo de parte de Johnny; en realidad jamás se me había ocurrido pensar que leería el libro. Sé muy bien que el libro no dice la verdad sobre Johnny (tampoco miente), sino que no he querido mostrar al desnudo su incurable esquizofrenia, el sórdido trasfondo de la droga, la promiscuidad de esa vida lamentable. Me he impuesto mostrar las líneas esenciales, poniendo el acento en lo que verdaderamente cuenta, el arte incomparable de Johnny. ¿Qué más podía decir? Pero a lo mejor es precisamente ahí donde está él esperándome, como siempre al acecho esperando algo, agazapado para dar uno de esos saltos absurdos de los que salimos todos lastimados. Y es ahí donde acaso está esperándome para desmentir todas las bases estéticas sobre las cuales he fundado la razón última de su música, la gran teoría del jazz contemporáneo que tantos elogios me ha valido en todas partes.&lt;br /&gt;Honestamente, ¿qué me importa su vida? Lo único que me inquieta es que se deje llevar por esa conducta que no soy capaz de seguir (digamos que no quiero seguir) y acabe desmintiendo las conclusiones de mi libro. Que deje caer por ahí que mis afirmaciones son falsas, que su música es otra cosa.&lt;br /&gt;—Oye, hace un rato dijiste que en el libro faltaban cosas.&lt;br /&gt;(Atención, ahora.)&lt;br /&gt;—¿Qué faltan cosas, Bruno? Ah, sí, te dije que faltaban cosas. Mira, no es solamente el vestido rojo de Lan. Están... ¿Serán realmente urnas, Bruno? Anoche volví a verlas, un campo inmenso, pero ya no estaban tan enterradas. Algunas tenían inscripciones y dibujos, se veían gigantes con cascos como en el cine, y en las manos unos garrotes enormes. Es terrible andar entre las urnas y saber que no hay nadie más, que soy el único que anda entre ellas buscando. No te aflijas, Bruno, no importa que se te haya olvidado poner todo eso. Pero, Bruno —y levanta un dedo que no tiembla—, de lo que te has olvidado es de mí.&lt;br /&gt;—Vamos, Johnny.&lt;br /&gt;—De mí, Bruno, de mí. Y no es culpa tuya no haber podido escribir lo que yo tampoco soy capaz de tocar. Cuando dices por ahí que mi verdadera biografía está en mis discos, yo sé que lo crees de verdad y además suena muy bien, pero no es así. Y si yo mismo no he sabido tocar como debía, tocar lo que soy de veras... ya ves que no se te pueden pedir milagros, Bruno. Hace calor aquí adentro, vamonos.&lt;br /&gt;Lo sigo a la calle, erramos unos metros hasta que en una calleja nos interpela un gato blanco y Johnny se queda largo tiempo acariciándolo. Bueno, ya es bastante; en la plaza Saint-Michel encontraré un taxi para llevarlo al hotel e irme a casa. Después de todo no ha sido tan terrible; por un momento temí que Johnny hubiese elaborado una especie de antiteoría del libro, y que la probara conmigo antes de soltarla por ahí a todo trapo. Pobre Johnny acariciando un gato blanco. En el fondo lo único que ha dicho es que nadie sabe nada de nadie, y no es una novedad. Toda biografía da eso por supuesto y sigue adelante, qué diablos. Vamos, Johnny, vamos a casa que es tarde.&lt;br /&gt;—No creas que solamente es eso —dice Johnny, enderezándose de golpe como si supiera lo que estoy pensando—. Está Dios, querido. Ahí sí que no has pegado una.&lt;br /&gt;—Vamos, Johnny, vamos a casa que es tarde.&lt;br /&gt;—Está lo que tú y los que como mi compañero Bruno llaman Dios. El tubo de dentífrico por la mañana, a eso le llaman Dios. El tacho de basura, a eso le llaman Dios. El miedo a reventar, a eso le llaman Dios. Y has tenido la desvergüenza de mezclarme con esa porquería, has escrito que mi infancia, y mi familia, y no sé qué herencias ancestrales... Un montón de huevos podridos y tú cacareando en el medio, muy contento con tu Dios. No quiero tu Dios, no ha sido nunca el mío.&lt;br /&gt;—Lo único que he dicho es que la música negra...&lt;br /&gt;—No quiero tu Dios —repite Johnny—. ¿Por qué me lo has hecho aceptar en tu libro? Yo no sé si hay Dios, yo toco mi música, yo hago mi Dios, no necesito de tus inventos, déjaselos a Mahalia Jackson y al Papa, y ahora mismo vas a sacar esa parte de tu libro.&lt;br /&gt;—Si insistes —digo por decir algo—. En la segunda edición.&lt;br /&gt;—Estoy tan solo como este gato, y mucho más solo porque lo sé y él no. Condenado, me está plantando las uñas en la mano. Bruno, el jazz no es solamente música, yo no soy solamente Johnny Cárter.&lt;br /&gt;—Justamente es lo que quería decir cuando escribí que a veces tú tocas como...&lt;br /&gt;—Como si me lloviera en el culo —dice Johnny, y es la primera vez en la noche que lo siento enfurecerse—. No se puede decir nada, inmediatamente lo traduces a tu sucio idioma. Si cuando yo toco tú ves a los ángeles, no es culpa mía. Si los otros abren la boca y dicen que he alcanzado la perfección, no es culpa mía. Y esto es lo peor, lo que verdaderamente te has olvidado de decir en tu libro, Bruno, y es que yo no valgo nada, que lo que toco y lo que la gente me aplaude no vale nada, realmente no vale nada.&lt;br /&gt;Rara modestia, en verdad, a esa hora de la noche. Este Johnny...&lt;br /&gt;—¿Cómo te puedo explicar? —grita Johnny poniéndome las manos en los hombros, sacudiéndome a derecha y a izquierda. (La paix!, chillan desde una ventana)—. No es una cuestión de más música o menos música, es otra cosa... por ejemplo, es la diferencia entre que Bee haya muerto y que esté viva. Lo que yo toco es Bee muerta, sabes, mientras que lo que yo quiero, lo que yo quiero... Y por eso a veces pisoteo el saxo y la gente cree que se me ha ido la mano en la bebida. Claro que en realidad siempre estoy borracho cuando lo hago, porque al fin y al cabo un saxo cuesta muchísimo dinero.&lt;br /&gt;—Vamos por aquí. Te llevaré al hotel en taxi.&lt;br /&gt;—Eres la mar de bueno, Bruno —se burla Johnny—. El compañero Bruno anota en su libreta todo lo que uno le dice, salvo las cosas importantes. Nunca creí que pudieras equivocarte tanto hasta que Art me pasó el libro. Al principio me pareció que hablabas de algún otro, de Ronnie o de Marcel, y después Johnny de aquí y Johnny de allá, es decir que se trataba de mí y yo me preguntaba ¿pero éste soy yo?, y dale conmigo en Baltimore, y el Birdiana, y que mi estilo... Oye —agrega casi fríamente—, no es que no me dé cuenta de que has escrito un libro para el público. Está muy bien y todo lo que dices sobre mi manera de tocar y de sentir el jazz me parece perfectamente O. K. ¿Para qué vamos a seguir discutiendo sobre el libro? Una basura en el Sena, esa paja que flota al lado del muelle, tu libro. Y yo esa otra paja, y tú esa botella que pasa por ahí cabeceando. Bruno, yo me voy a morir sin haber encontrado... sin...&lt;br /&gt;Lo sostengo por debajo de los brazos, lo apoyo en el pretil del muelle. Se está hundiendo en el delirio de siempre, murmura pedazos de palabras, escupe.&lt;br /&gt;—Sin haber encontrado —repite—. Sin haber encontrado...&lt;br /&gt;—¿Qué querías encontrar, hermano? —le digo—. No hay que pedir imposibles, lo que tú has encontrado bastaría para...&lt;br /&gt;—Para ti, ya sé —dice rencorosamente Johnny—. Para Art, para Dédée, para Lan... No sabes cómo... Sí, a veces la puerta ha empezado a abrirse... Mira las dos pajas, se han encontrado, están bailando una frente a la otra... Es bonito, eh... Ha empezado a abrirse... El tiempo... yo te he dicho, me parece, que eso del tiempo... Bruno, toda mi vida he buscado en mi música que esa puerta se abriera al fin. Una nada, una rajita... Me acuerdo en Nueva York, una noche. Un vestido rojo. Sí, rojo, y le quedaba precioso. Bueno, una noche estábamos con Miles y Hall... llevábamos yo creo que una hora dándole a lo mismo, solos, tan felices... Miles tocó algo tan hermoso que casi me tira de la silla, y entonces me largué, cerré los ojos, volaba. Bruno, te juro que volaba... Me oía como si desde un sitio lejanísimo pero dentro de mí mismo, al lado de mí mismo, alguien estuviera de pie... No exactamente alguien... Mira la botella, es increíble cómo cabecea... No era alguien, uno busca comparaciones. Era la seguridad, el encuentro, como en algunos sueños, ¿no te parece?, cuando todo está resuelto, Lan y las chicas te esperan con un pavo al horno, en el auto no atrapas ninguna luz roja, todo va dulce como una bola de billar. Y lo que había a mi lado era como yo mismo pero sin ocupar ningún sitio, sin estar en Nueva York, y sobre todo sin tiempo, sin que después... sin que hubiera después... Por un rato no hubo más que siempre... Y yo no sabía que era mentira, que eso ocurría porque estaba perdido en la música, y que apenas acabara de tocar, porque al fin y al cabo alguna vez tenía que dejar que el pobre Hall se quitara las ganas en el piano, en ese mismo instante me caería de cabeza en mí mismo...&lt;br /&gt;Llora dulcemente, se frota los ojos con sus manos sucias. Yo ya no sé qué hacer, es tan tarde, del río sube la humedad, nos vamos a resfriar los dos.&lt;br /&gt;—Me parece que he querido nadar sin agua —murmura Johnny—. Me parece que he querido tener el vestido rojo de Lan pero sin Lan. Y Bee está muerta, Bruno. Yo creo que tú tienes razón, que tu libro está muy bien.&lt;br /&gt;—Vamos, Johnny, no pienso ofenderme por lo que le encuentres de malo.&lt;br /&gt;—No es eso, tu libro está bien porque... porque no tiene urnas, Bruno. Es como lo que toca Satchmo, tan limpio, tan puro. ¿A ti no te parece que lo que toca Satchmo es como un cumpleaños o una buena acción? Nosotros... Te digo que he querido nadar sin agua. Me pareció... pero hay que ser idiota... me pareció que un día iba a encontrar otra cosa. No estaba satisfecho, pensaba que las cosas buenas, el vestido rojo de Lan, y hasta Bee, eran como trampas para ratones, no sé explicarme de otra manera... Trampas para que uno se conforme, sabes, para que uno diga que todo está bien. Bruno, yo creo que Lan y el jazz, sí, hasta el jazz, eran como anuncios en una revista, cosas bonitas para que me quedara conforme como te quedas tú porque tienes París y tu mujer y tu trabajo... Yo tenía mi saxo... y mi sexo, como dice el libro. Todo lo que hacía falta. Trampas, querido... porque no puede ser que no haya otra cosa, no puede ser que estemos tan cerca, tan del otro lado de la puerta...&lt;br /&gt;—Lo único que cuenta es dar de sí todo lo posible —digo sintiéndome insuperablemente estúpido.&lt;br /&gt;—Y ganar todos los años el referéndum de Down Beat, claro —asiente Johnny—. Claro que sí, claro que sí, claro que sí, claro que sí.&lt;br /&gt;Lo llevo poco a poco hacia la plaza. Por suerte hay un taxi en la esquina.&lt;br /&gt;—Sobre todo no acepto a tu Dios —murmura Johnny—. No me vengas con eso, no lo permito. Y si realmente está del otro lado de la puerta, maldito si me importa. No tiene ningún mérito pasar al otro lado porque él te abra la puerta. Desfondarla a patadas, eso sí. Romperla a puñetazos, eyacular contra la puerta, mear un día entero contra la puerta. Aquella vez en Nueva York yo creo que abrí la puerta con mi música, hasta que tuve que parar y entonces el maldito me la cerró en la cara nada más que porque no he rezado nunca, porque no le voy a rezar nunca, porque no quiero saber nada con ese portero de librea, ese abridor de puertas a cambio de una propina, ese...&lt;br /&gt;Pobre Johnny, después se queja de que uno no ponga esas cosas en un libro. Las tres de la madrugada, madre mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tica se había vuelto a Nueva York, Johnny se había vuelto a Nueva York (sin Dédée, muy bien instalada ahora en casa de Louis Perron, que promete como trombonista). Baby Lennox se había vuelto a Nueva York. La temporada no era gran cosa en París y yo extrañaba a mis amigos. Mi libro sobre Johnny se vendía muy bien en todas partes, y naturalmente Sammy Pretzal hablaba ya de una posible adaptación en Hollywood, cosa siempre interesante cuando se calcula la relación franco-dólar. Mi mujer seguía furiosa por mi historia con Baby Lennox, nada demasiado grave por lo demás, al fin y al cabo Baby es acentuadamente promiscua y cualquier mujer inteligente debería comprender que esas cosas no comprometen el equilibrio conyugal, aparte de que Baby ya se había vuelto a Nueva York con Johnny, finalmente se había dado el gusto de irse con Johnny en el mismo barco. Ya estaría fumando marihuana con Johnny, perdida como él, pobre muchacha. Y Amorous acababa de salir en París, justo cuando la segunda edición de mi libro entraba en prensa y se hablaba de traducirlo al alemán. Yo había pensado mucho en las posibles modificaciones de la segunda edición. Honrado en la medida en que la profesión lo permite, me preguntaba si no hubiera sido necesario mostrar bajo otra luz la personalidad de mi biografiado. Discutimos varias veces con Delaunay y con Hodeir, ellos no sabían realmente qué aconsejarme porque encontraban que el libro era estupendo y que a la gente le gustaba así. Me pareció advertir que los dos temían un contagio literario, que yo acabara tiñendo la obra con matices que poco o nada tenían que ver con la música de Johnny, al menos según la entendíamos todos nosotros. Me pareció que la opinión de gentes autorizadas (y mi decisión personal, sería tonto negarlo a esta altura de las cosas) justificaba dejar tal cual la segunda edición. La lectura minuciosa de las revistas especializadas de los Estados Unidos (cuatro reportajes a Johnny, noticias sobre una nueva tentativa de suicidio, esta vez con tintura de yodo, sonda gástrica y tres semanas de hospital, de nuevo tocando en Baltimore como si nada) me tranquilizó bastante, aparte de la pena que me producían estas recaídas lamentables. Johnny no había dicho ni una palabra comprometedora sobre el libro. Ejemplo (en StompingAround, una revista musical de Chicago, entrevista de Teddy Rogers a Johnny): «¿Has leído lo que ha escrito Bruno V... sobre ti en París?» «Sí. Está muy bien.» «¿Nada que decir sobre ese libro?» «Nada, fuera de que está muy bien. Bruno es un gran muchacho.» Quedaba por saber lo que pudiera decir Johnny cuando anduviera borracho o drogado, pero por lo menos no había rumores de ningún desmentido de su parte. Decidí no tocar la segunda edición del libro, seguir presentando a Johnny como lo que era en el fondo: un pobre diablo de inteligencia apenas mediocre, dotado como tanto músico, tanto ajedrecista y tanto poeta del don de crear cosas estupendas sin tener la menor conciencia (a lo sumo un orgullo de boxeador que se sabe fuerte) de las dimensiones de su obra. Todo me inducía a conservar tal cual ese retrato de Johnny; no era cosa de crearse complicaciones con un público que quiere mucho jazz pero nada de análisis musicales o psicológicos, nada que no sea la satisfacción momentánea y bien recortada, las manos que marcan el ritmo, las caras que se aflojan beatíficamente, la música que se pasea por la piel, se incorpora a la sangre y a la respiración, y después basta, nada de razones profundas.&lt;br /&gt;Primero llegaron los telegramas (a Delaunay, a mí, por la tarde ya salían en los diarios con comentarios idiotas); veinte días después tuve carta de Baby Lennox, que no se había olvidado de mí. «En Bellevue lo trataron espléndidamente y yo lo fui a buscar cuando salió. Vivíamos en el departamento de Mike Russolo, que anda en gira por Noruega. Johnny estaba muy bien, y aunque no quería tocar en público aceptó grabar discos con los chicos del Club 28. A ti te lo puedo decir, en realidad estaba muy débil (ya me imagino lo que quería dar a entender Baby con esto, después de nuestra aventura en París) y de noche me daba miedo la forma en que respiraba y se quejaba. Lo único que me consuela —agregaba deliciosamente Baby—, es que murió contento y sin saberlo. Estaba mirando la televisión y de golpe se cayó al suelo. Me dijeron que fue instantáneo.» De donde se deducía que Baby no había estado presente, y así era porque luego supimos que Johnny vivía en casa de Tica y que había pasado cinco días con ella, preocupado y abatido, hablando de abandonar el jazz, irse a vivir a México y trabajar en el campo (a todos les da por ahí en algún momento de su vida, es casi aburrido), y que Tica lo vigilaba y hacía lo posible por tranquilizarlo y obligarlo a pensar en el futuro (esto lo dijo luego Tica, como si ella o Johnny hubieran tenido jamás la menor idea del futuro). A mitad de un programa de televisión que le hacía mucha gracia a Johnny, empezó a toser, de golpe se dobló bruscamente, etc. No estoy tan seguro de que la muerte fuese instantánea como lo declaró Tica a la policía (tratando de salir del lío descomunal en que la había metido la muerte de Johnny en su departamento, la marihuana que había al alcance de la mano, algunos líos anteriores de la pobre Tica, y los resultados no del todo convincentes de la autopsia. Ya se imagina uno todo lo que un médico podía encontrar en el hígado y en los pulmones de Johnny). «No quieras saber lo que me dolió su muerte, aunque podría contarle otras cosas —agregaba dulcemente esta querida Baby— pero alguna vez cuando tenga más ánimo te escribiré o te contaré (parece que Rogers quiere contratarme para París y Berlín) todo lo que es necesario que sepas, tú que eras el mejor amigo de Johnny.» Y después de una carilla entera dedicada a insultar a Tica, que de creerle no sólo sería causante de la muerte de Johnny sino del ataque a Pearl Harbor y de la Peste Negra, esta pobrecita Baby terminaba: «Antes de que se me olvide, un día en Bellevue preguntó mucho por ti, se le mezclaban las ideas y pensaba que estabas en Nueva York y que no querías ir a verlo, hablaba siempre de unos campos llenos de cosas, y después te llamaba y hasta te decía palabrotas, pobre. Ya sabes lo que es la fiebre. Tica le dijo a Bob Carey que las ultimas palabras de Johnny habían sido algo así como: «Oh, hazme una máscara», pero ya te imaginas que en ese momentó...» Vaya si me lo imaginaba. «Se había puesto muy gordo», agregaba Baby al final de su carta, «y jadeaba al caminar». Eran los detalles que cabía esperar de una persona tan delicada como Baby Lennox.&lt;br /&gt;Todo esto coincidió con la aparición de la segunda edición de mi libro, pero por suerte tuve tiempo de incorporar una nota necrológica redactada a toda máquina, y una fotografía del entierro donde se veía a muchos jazzmen famosos. En esa forma la biografía quedó, por decirlo así, completa. Quizá no esté bien que yo diga esto, pero como es natural me sitúo en un plano meramente estético. Ya hablan de una nueva traducción, creo que al sueco o al noruego. Mi mujer está encantada con la noticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-7428128946948188534?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/7428128946948188534/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=7428128946948188534' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7428128946948188534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7428128946948188534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2011/09/el-perseguidor.html' title='El perseguidor (Julio Cortázar)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-8866693658283797241</id><published>2011-04-30T00:18:00.000-03:00</published><updated>2011-04-30T00:19:07.126-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuchi Leguizamón'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>Chacarera del expediente (Cuchi Leguizamón)</title><content type='html'>El pobre que nunca tiene&lt;br /&gt;Ni un peso pa' andar contento&lt;br /&gt;Ni bien se halla una gallina&lt;br /&gt;Que ya me lo meten preso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El comisario ladino&lt;br /&gt;Que oficia de diligente&lt;br /&gt;Lo hace confesar a palos&lt;br /&gt;Al preso y a sus parientes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se pasa las semanas&lt;br /&gt;Engordando el expediente&lt;br /&gt;Mientras el preso suspira&lt;br /&gt;Por un doctor influyente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amalaya la justicia, &lt;br /&gt;Imita a los abogados&lt;br /&gt;Cuando la ley nace sorda&lt;br /&gt;No la compone ni el diablo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tia vendió la cama&lt;br /&gt;Pa' pagarle al abogado&lt;br /&gt;Si algún día sale libre&lt;br /&gt;Tendra que dormir parado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez a los cuatro meses&lt;br /&gt;Lo cita pa' interrogarlo&lt;br /&gt;Como es pobre y tartamudo&lt;br /&gt;Ninguno quiere escucharlo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la prisión preventiva&lt;br /&gt;Dictan al infortunado&lt;br /&gt;Que ya lleva un año preso&lt;br /&gt;Hasta de dios olvidado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas son cosas del pueblo&lt;br /&gt;De los que no tienen nada&lt;br /&gt;Esos que amasan millones&lt;br /&gt;Tienen la casa rosada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-8866693658283797241?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/8866693658283797241/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=8866693658283797241' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/8866693658283797241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/8866693658283797241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2011/04/chacarera-del-expediente-cuchi.html' title='Chacarera del expediente (Cuchi Leguizamón)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-5782111391787829283</id><published>2011-04-29T07:58:00.002-03:00</published><updated>2011-04-29T08:01:13.725-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge Drexler'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>Disneylandia (Jorge Drexler)</title><content type='html'>Hijo de inmigrantes rusos casado en Argentina con una pintora judía, se casa por segunda vez con una princesa africana en Méjico.  &lt;br /&gt;Música hindú contrabandeada por gitanos polacos se vuelve un éxito en el interior de Bolivia.  &lt;br /&gt;Cebras africanas y canguros australianos en el zoológico de Londres.  &lt;br /&gt;Momias egipcias y artefactos incas en el Museo de Nueva York.  &lt;br /&gt;Linternas japonesas y chicles americanos en los bazares coreanos de San Pablo.  &lt;br /&gt;Imágenes de un volcán en Filipinas salen en la red de televisión de Mozambique.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Armenios naturalizados en Chile buscan a sus familiares en Etiopía.  &lt;br /&gt;Casas prefabricadas canadienses hechas con madera colombiana.  &lt;br /&gt;Multinacionales japonesas instalan empresas en Hong-Kong y producen con materia prima brasilera para competir en el mercado americano.  &lt;br /&gt;Literatura griega adaptada para niños chinos de la Comunidad Europea.  &lt;br /&gt;Relojes suizos falsificados en Paraguay vendidos por camellos en el barrio mejicano de Los Ángeles.  &lt;br /&gt;Turista francesa fotografiada semidesnuda con su novio árabe en el barrio de Chueca.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Pilas americanas alimentan electrodomésticos ingleses en Nueva Guinea.&lt;br /&gt;Gasolina árabe alimenta automóviles americanos en África del Sur.  &lt;br /&gt;Pizza italiana alimenta italianos en Italia.  &lt;br /&gt;Niños iraquíes huidos de la guerra no obtienen visa en el consulado americano de Egipto para entrar en Disneylandia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-5782111391787829283?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/5782111391787829283/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=5782111391787829283' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/5782111391787829283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/5782111391787829283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2011/04/disneylandia-jorge-drexler.html' title='Disneylandia (Jorge Drexler)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-7960541837511791822</id><published>2011-04-27T00:20:00.001-03:00</published><updated>2011-04-27T00:30:05.821-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='leo masliah'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>Corriente Alterna (Leo Masliah)</title><content type='html'>No sé por qué te fuiste ni por qué después&lt;br /&gt;al poco tiempo te dio por volver&lt;br /&gt;no sé por qué no sé por qué&lt;br /&gt;tomaste aquella triste decisión&lt;br /&gt;de abandonarme y cual fue la razón&lt;br /&gt;de tu regreso y qué pasó&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que al otro dia te volviste a ir&lt;br /&gt;no me diste ni tiempo de decirte&lt;br /&gt;preguntarte si esa vez&lt;br /&gt;regresarías como la anterior&lt;br /&gt;ni si te ibas en busca de amor&lt;br /&gt;y si fue así supongo que&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no lo encontraste y fue por eso que&lt;br /&gt;volviste pero cuando te apreté y&lt;br /&gt;te pregunté qué plan tenés&lt;br /&gt;me contestaste muy asi nomas&lt;br /&gt;con evasivas y casi te vas&lt;br /&gt;pero esa vez no te dejé&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;porque de un brazo fuerte te agarré&lt;br /&gt;pero fue inutil porque cuando me acosté&lt;br /&gt;senti la puerta y eras vos&lt;br /&gt;que te pirabas sin decir adiós&lt;br /&gt;capaz que fue mejor para los dos&lt;br /&gt;pero muy malo para mi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;por eso me alegré cuando te vi&lt;br /&gt;que regresabas pero no entendi&lt;br /&gt;por qué enseguida me decís&lt;br /&gt;que tu intención sigue siendo partir&lt;br /&gt;y sin demora pasas a cumplir&lt;br /&gt;tu anuncio y me dejas ahí&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;sin esperanza con respecto a ti&lt;br /&gt;pero con la sorpresa de que así&lt;br /&gt;como te vi partir también&lt;br /&gt;te vi volver y te escuché muy bien&lt;br /&gt;decir que nunca me ibas a dejar&lt;br /&gt;para después saber faltar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a tu palabra porque sin piedad&lt;br /&gt;te fuiste a algun rincón de la ciudad&lt;br /&gt;que al parecer no te gustó&lt;br /&gt;porque si no no entiendo qué te dio&lt;br /&gt;por dar la vuelta y pedirme perdón&lt;br /&gt;pero enseguida, ¡maldición!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;me abandonaste y desde aquella vez&lt;br /&gt;te fuiste y regresaste mas de diez&lt;br /&gt;o veinte veces es que ya&lt;br /&gt;perdi la cuenta y la velocidad&lt;br /&gt;de tu continuo ir y venir se va&lt;br /&gt;volviendo cada vez mayor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ni bien te fuiste por el ascensor&lt;br /&gt;la puerta se abre y estas otra vez&lt;br /&gt;ahi no sé si es que volvés&lt;br /&gt;ya es imposible adivinar qué hacés&lt;br /&gt;si te estas yendo o a la misma vez&lt;br /&gt;estas viniendo ya no estas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;aca ni alla como venis te vas&lt;br /&gt;tu cara ya no se distingue mas&lt;br /&gt;apenas en el corredor&lt;br /&gt;se ve una larga franja del color&lt;br /&gt;de tu vestido sos como un ciclón&lt;br /&gt;un huracan sin dirección&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;un haz de luz cada vez mas veloz&lt;br /&gt;ya nadie puede verte ya no sos&lt;br /&gt;mas que una tenue sensación&lt;br /&gt;un sutil, fugaz coloración&lt;br /&gt;en las baldosas de ese corredor&lt;br /&gt;y la portera ya subió&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;trayendo el balde con el secador&lt;br /&gt;le digo doña deje por favor&lt;br /&gt;y me contesta no señor&lt;br /&gt;el corredor lo tengo que limpiar&lt;br /&gt;y yo le explico que te va a borrar&lt;br /&gt;si pasa el trapo por ahí&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;pero ella cree que me enloquecí&lt;br /&gt;no sabe nada de lo que yo vi&lt;br /&gt;y un golpe de agua con jabón&lt;br /&gt;te lleva entera junto a la ilusión&lt;br /&gt;de averiguar un dia en qué vagón&lt;br /&gt;viaja el secreto de tu corazón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-7960541837511791822?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/7960541837511791822/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=7960541837511791822' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7960541837511791822'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7960541837511791822'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2011/04/corriente-alterna-leo-masliah.html' title='Corriente Alterna (Leo Masliah)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-6885993349141215240</id><published>2011-04-09T14:54:00.000-03:00</published><updated>2011-04-09T14:55:10.640-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chico Buarque'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>Deus lhe pague (Chico Buarque)</title><content type='html'>Por esse pão pra comer, por esse chão pra dormir&lt;br /&gt;A certidão pra nascer, e a concessão pra sorrir&lt;br /&gt;Por me deixar respirar, por me deixar existir&lt;br /&gt;Deus lhe pague&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pelo prazer de chorar e pelo "estamos aí"&lt;br /&gt;Pela piada no bar e o futebol pra aplaudir&lt;br /&gt;Um crime pra comentar e um samba pra distrair&lt;br /&gt;Deus lhe pague&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por essa praia, essa saia, pelas mulheres daqui&lt;br /&gt;O amor malfeito depressa, fazer a barba e partir&lt;br /&gt;Pelo domingo que é lindo, novela, missa e gibi&lt;br /&gt;Deus lhe pague&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pela cachaça de graça que a gente tem que engolir&lt;br /&gt;Pela fumaça, desgraça, que a gente tem que tossir&lt;br /&gt;Pelos andaimes, pingentes, que a gente tem que cair&lt;br /&gt;Deus lhe pague&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mais um dia, agonia, pra suportar e assistir&lt;br /&gt;Pelo rangido dos dentes, pela cidade a zunir&lt;br /&gt;E pelo grito demente que nos ajuda a fugir&lt;br /&gt;Deus lhe pague&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pela mulher carpideira pra nos louvar e cuspir&lt;br /&gt;E pelas moscas-bicheiras a nos beijar e cobrir&lt;br /&gt;E pela paz derradeira que enfim vai nos redimir&lt;br /&gt;Deus lhe pague&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-6885993349141215240?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/6885993349141215240/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=6885993349141215240' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/6885993349141215240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/6885993349141215240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2011/04/deus-lhe-pague-chico-buarque.html' title='Deus lhe pague (Chico Buarque)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-5415484109766450485</id><published>2011-04-09T14:31:00.001-03:00</published><updated>2011-04-09T14:32:52.476-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chico Buarque'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>Construção (Chico Buarque)</title><content type='html'>Amou daquela vez como se fosse a última&lt;br /&gt;Beijou sua mulher como se fosse a última&lt;br /&gt;E cada filho seu como se fosse o único&lt;br /&gt;E atravessou a rua com seu passo tímido&lt;br /&gt;Subiu a construção como se fosse máquina&lt;br /&gt;Ergueu no patamar quatro paredes sólidas&lt;br /&gt;Tijolo com tijolo num desenho mágico&lt;br /&gt;Seus olhos embotados de cimento e lágrima&lt;br /&gt;Sentou pra descansar como se fosse sábado&lt;br /&gt;Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe&lt;br /&gt;Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago&lt;br /&gt;Dançou e gargalhou como se ouvisse música&lt;br /&gt;E tropeçou no céu como se fosse um bêbado&lt;br /&gt;E flutuou no ar como se fosse um pássaro&lt;br /&gt;E se acabou no chão feito um pacote flácido&lt;br /&gt;Agonizou no meio do passeio público&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Morreu na contramão atrapalhando o tráfego&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amou daquela vez como se fosse o último&lt;br /&gt;Beijou sua mulher como se fosse a única&lt;br /&gt;E cada filho seu como se fosse o pródigo&lt;br /&gt;E atravessou a rua com seu passo bêbado&lt;br /&gt;Subiu a construção como se fosse sólido&lt;br /&gt;Ergueu no patamar quatro paredes mágicas&lt;br /&gt;Tijolo com tijolo num desenho lógico&lt;br /&gt;Seus olhos embotados de cimento e tráfego&lt;br /&gt;Sentou pra descansar como se fosse um príncipe&lt;br /&gt;Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo&lt;br /&gt;Bebeu e soluçou como se fosse máquina&lt;br /&gt;Dançou e gargalhou como se fosse o próximo&lt;br /&gt;E tropeçou no céu como se ouvisse música&lt;br /&gt;E flutuou no ar como se fosse sábado&lt;br /&gt;E se acabou no chão feito um pacote tímido&lt;br /&gt;Agonizou no meio do passeio náufrago&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Morreu na contramão atrapalhando o público&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amou daquela vez como se fosse máquina&lt;br /&gt;Beijou sua mulher como se fosse lógico&lt;br /&gt;Ergueu no patamar quatro paredes flácidas&lt;br /&gt;Sentou pra descansar como se fosse um pássaro&lt;br /&gt;E flutuou no ar como se fosse um príncipe&lt;br /&gt;E se acabou no chão feito um pacote bêbado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Morreu na contra-mão atrapalhando o sábado&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-5415484109766450485?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/5415484109766450485/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=5415484109766450485' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/5415484109766450485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/5415484109766450485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2011/04/construcao-chico-buarque.html' title='Construção (Chico Buarque)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-3933841291912560148</id><published>2009-10-08T23:24:00.001-03:00</published><updated>2009-10-08T23:24:39.118-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hernún'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='poesía'/><title type='text'>fantasías de (lesa) humanidad</title><content type='html'>fantasías de humanidad que se hacen carne&lt;br /&gt;a veces como sombras, a veces como espaldas&lt;br /&gt;a veces como trazos de sudor donde acostarse&lt;br /&gt;para no sentir el frío&lt;br /&gt;de la desolación fortuita&lt;br /&gt;a veces para recostarse&lt;br /&gt;para no sentirse vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;como las máscaras de labios resonantes&lt;br /&gt;que necesitan de la obscenidad para ser fieles&lt;br /&gt;para desrealizarse en las volutas de relatos como humo&lt;br /&gt;para ser fieles&lt;br /&gt;como esas hendiduras en la máscara facial&lt;br /&gt;y esos sonidos que suenan al través&lt;br /&gt;personas somos personas vemos&lt;br /&gt;y al mundo entero las partes todas&lt;br /&gt;sin más&lt;br /&gt;sin menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;esos enigmas hundidos en la realidad&lt;br /&gt;que componemos como cuerpos&lt;br /&gt;esas tremendas fantasías&lt;br /&gt;esas tremendas realidades&lt;br /&gt;esa humanidad&lt;br /&gt;esa que existe y esa otra&lt;br /&gt;esa imposible posibilidad que militamos&lt;br /&gt;como si fueran evidentes&lt;br /&gt;las marcas que han dejado en nuestro corazón las pesadillas&lt;br /&gt;y los encumbramientos&lt;br /&gt;esas maravillas&lt;br /&gt;y esas decepciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;cómo ha de ser nuestra esa agonía&lt;br /&gt;de la muerte que no morimos&lt;br /&gt;y cómo ha de ser nuestra la ilusión&lt;br /&gt;de esos fantasmas que no vimos&lt;br /&gt;ese color imposible, inexistente&lt;br /&gt;ese alud de fisonomías sin nombres&lt;br /&gt;esas lúgubres, brillantes, formas de sal&lt;br /&gt;que se desgranan con el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nomás las vertientes&lt;br /&gt;del sueño peligroso&lt;br /&gt;de una nueva rebelión fraterna&lt;br /&gt;parece una imaginación perversa&lt;br /&gt;parece una palabra de muerte&lt;br /&gt;a veces y otras veces&lt;br /&gt;quizás quién sabe.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-3933841291912560148?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/3933841291912560148/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=3933841291912560148' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/3933841291912560148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/3933841291912560148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2009/10/fantasias-de-lesa-humanidad.html' title='fantasías de (lesa) humanidad'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-6038232286649183404</id><published>2009-09-24T01:44:00.000-03:00</published><updated>2009-09-24T01:45:56.175-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='abelardo castillo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Also Sprach el Señor Núñez</title><content type='html'>Pero un lunes, sin aviso previo, Núñez llegó a La Pirotecnia con una valija, o tal vez era un baúl grandioso, descomunal, pasó por la portería a las diez y media, no marcó la tarjeta, no subió al guardarropa. Abrió la puerta vaivén de un puntapié y dijo:&lt;br /&gt;–Buen día, miserables.&lt;br /&gt;Veinte empleados, tres jefes de sección y un gerente sintieron recorrido el espinazo por una descarga eléctrica que los unía en misterioso circuito. En el silencio sepulcral de la oficina, las palabras de Núñez resonaron fantásticas, lapidarias, apocalípticas, increíbles. Nadie habló ni se movió.&lt;br /&gt;–Buen día, he dicho, miserables.&lt;br /&gt;Núñez, con calma, corrió su escritorio hasta ponerlo frente a los demás, y, como un catedrático a punto de dar una clase magistral, apoyó el puño derecho sobre el mueble, estiró a todo lo largo el brazo izquierdo y apuntando al cielo raso con el índice, dijo:&lt;br /&gt;–Cuando un hombre, por un hecho casual, o por la síntesis reflexiva de sus descubrimientos cotidianos, comprende que el mundo está mal hecho, que el mundo, digamos, es una cloaca, tiene que elegir entre tres actitudes: o lo acepta, y es un perfecto canalla como ustedes, o lo transforma, y es Cristo o Lenin, o se mata. Señores míos, yo vengo a proponerles que demos el ejemplo y nos matemos de inmediato.&lt;br /&gt;Levantó del suelo la valija, la puso sobre el escritorio, se sentó y extrajo de entre sus ropas una enorme pistola. Mientras sacaba del bolsillo un puñado de balas, la señora Martha, una dactilógrafa, dio un grito:&lt;br /&gt;–¡Silencio! –rugió Núñez.&lt;br /&gt;Ella se tapó la boca con las manos; de sus ojitos redondos brotaban lágrimas.&lt;br /&gt;–Señora –el tono de Núñez era casi dolorido–, tenga a bien no perturbarme. El hombre, genéricamente hablando, se vuelve tan feo cuando llora... Llorar es darle la razón a Darwin. Toda la evolución de la humanidad es un puente tendido desde el pitecantropus a la Belleza. La fealdad nos involuciona. Por eso, porque sólo ella, en cualquiera de sus manifestaciones, tiene la culpa del estado en que se halla el mundo, no titubearé en eliminar de inmediato cuanto pueda seguir afeándolo. Sin embargo, quisiera que cada uno de ustedes muriese por propia voluntad. La señora Martha ya no lloraba. Él dijo:&lt;br /&gt;–Sí, por propia voluntad, después de haber comprendido lo grotesco, lo irrisorio que es el empleado de oficina. Por otra parte, amigos, el suicidio es la muerte perfecta. Morimos porque se nos antoja. Nadie, ninguna fuerza inhumana nos arrastra. No hay intervención del absurdo. Queda eliminada la contingencia. Se hace de la muerte un acto razonable; quien se mata ha comprendido, al menos, por qué se mata.&lt;br /&gt;Se interrumpió. Había interceptado una seña subrepticia que el señor Perdiguero acababa de hacerle al cadete.&lt;br /&gt;–Oh, no. –Núñez sacudía la cabeza, apenado. –Trampas no. Oiga, señor Perdiguero, parece que usted no ha comprendido –sopesaba la tremenda Ballester Molina–. Ocurre que fui cam-peón intercolegial de tiro al blanco.&lt;br /&gt;De pronto gritó:&lt;br /&gt;–¡Mirarme todos!&lt;br /&gt;Veinticuatro pares de ojos convergieron sus miradas en los ojos de Núñez: abejas penetrando en el agujerito del panal.&lt;br /&gt;–¡Pararse!&lt;br /&gt;Veinticuatro asentaderas se despegaron de sus sillas como accionadas por súbitas tachuelas.&lt;br /&gt;–¡Sentarse!&lt;br /&gt;Veinticuatro unánimes plof.&lt;br /&gt;–¿Comprendido?&lt;br /&gt;Encendió un cigarrillo. El humo, azul, se elevaba en sulfúricas volutas. Núñez meditaba. Como quien prosigue en voz alta una reflexión íntima, dijo:&lt;br /&gt;–Sí. Indudablemente el oficinista no pertenece a la especie. Es un estado intermedio entre el proletario y el parásito social. Un monstruito mecánico íncubo del Homo Sapiens y la Remington. Imagino el futuro: los hombres nacerán provistos de palanquitas y botones. Una leve presión aquí, camina; otra allá, habla; se acciona aquel botón, eyacula; éste de acá, orina. No, no me miren asombrados. Eso es lo que seremos con el tiempo. Sucede que se ha degradado el trabajo; la gente ya no quiere andar de cara al sol, la camisa entreabierta y las manos sucias, de gran francachela con la naturaleza. No. El campo está vacío. Los padres mandan a sus hijos al colegio para que sean empleados de banco. Porque también eso se ha degradado: la sabiduría. Que trabajen los brutos y que estudien los locos; el porvenir del género humano está detrás de un escritorio. Si Sócrates resucitara sería gerente.&lt;br /&gt;Mientras hablaba, sus manos iban dejando caer rítmicas cápsulas sobre la valija: top, top, top. Parecía absorto en aquella operación.&lt;br /&gt;–¿Saben? Me dio miedo averiguar el número exacto de oficinistas que hay en Buenos Aires... De pronto bramó:&lt;br /&gt;–¡Pararse!... Así me gusta: la obediencia y la disciplina son grandes virtudes. Si no, miren ustedes a Alemania: el pueblo más disciplinado de la Tierra. Por eso lo pulverizan sistemática-mente en todas las guerras. Pero, al menos, se hacen matar con orden. Sentarse. Lo que quiero decirles es que los odio de todo corazón. Y los odio porque cada hombre odia a la clase que pertenece. Ustedes, los oficinistas, son mi clase. Y nadie se asombre, que esto es dialéctica: la lucha de clases se basa, no como suponen los místicos, en la aversión que se tiene a la clase explotadora, sino en el asco personal que cada individuo siente por su grupo. Esto es simple. Si los proletarios no odiaran su condición de proletarios, no habría necesidad de hacer la revolución. Querer transformar una situación es negarla; nadie niega lo que ama. Lo que pasa es que por ahí se juntan cien mil tipos enfermos de misosiquia y, por ver si resulta, deciden dar vuelta al revés la cochina camiseta social, y es lógico que, para lograrlo, deban exaltar justamente aquello que aborrecen. Pero yo estoy solo. Yo no me siento unido a ustedes por ningún vínculo fraterno. Yo no les digo: salgamos a la calle y tomemos el poder. No me interesa reivindicar al empleado. Nunca gritaría: ¡Viva el Libro Mayor!, ¡queremos más calefacción en la oficina!, ¡dennos más lápices y tanques de birome!, ¡necesitamos cuarenta blocks Coloso más por mes! No. Yo, simplemente los odio. Y cuando les haya hecho comprender lo espantoso que es ser empleado de oficina, entonces, con la unánime aprobación de todos, procederé a matarlos.&lt;br /&gt;Calló. Se había quedado mirando al cadete, un muchacho morochito, de apellido Di Virgilio. Volvió a hablar después de una pausa.&lt;br /&gt;–Oíme, pibe –dijo, y en su voz secretamente se mezclaban la conmiseración y la ternura–. Vos todavía estás a tiempo. El muchacho, sobresaltado, dio un respingo.&lt;br /&gt;–Sí, sí, a vos te digo. Vos todavía estás a tiempo; tírate el lance de ser un hombre. Escucha. El empleado de oficina no es un hombre. Es cualquier cosa, una imitación adulterada, un plagio, una sombra. Todos estos que ves acá son sombras. Fijate qué caras de nada tienen. Y no es que siempre hayan sido así. Se volvieron idiotas de tanto cumplir un horario, de atender el teléfono, de sacar cuentas millonarias mientras tenían un peso en el bolsillo. Vos no te imaginas cómo embestía calcular por miles cuando estás haciendo magia negra para llegar a fin de mes sin pedir un adelanto. Oí: estos sujetos tienen grafito en el cerebro, los metes de cabeza en la maquinita sacapuntas y Faber va a la quiebra, son lápices disfrazados de gente. Zombies que hacen trabajar sus reflejos a razón de noventa palabras por minuto. Autómatas que piensan con las falangetas. Pero vos todavía estás a tiempo, pibe; todavía tenes derecha la columna y aún no te salió el callito irremediable en el dedo mayor... ¿Sabes cómo se llama este dedo?&lt;br /&gt;Núñez irguió, agresivo, su dedo del medio. Dijo:&lt;br /&gt;–Dedo del corazón. Qué me contás. Grandioso como un símbolo; un callito que te sale, alegórico, justo en el dedo del corazón.&lt;br /&gt;La señora Martha, furtivamente, enjugó una lágrima. Después, como quien la guarda, envolvió su pañuelito y lo metió en el bolsillo.&lt;br /&gt;–Y, sin embargo, te va a salir: si te quedas, te va a salir. Y dentro de veinte años serás jefe de sección –al decir esto, Núñez percibió una chispa de odio en los ojos del actual jefe–, pero estarás miope, tendrás una protuberancia escandalosa junto a la uña y, de tanto vivir torcido, te vendrá una hernia de disco a la altura de la quinta o sexta vértebra. Haceme caso, si no, dentro de veinte años, después de haber viajado diecinueve mil veces en colectivos repletos, a razón de cuatro colectivos por día, vas a odiar a la humanidad, te lo juro. Yo sé lo que te digo: ándate con los jíbaros, diseca cráneos, hacete anarquista, enamórate como un cretino. Qué sé yo. Pero no sigas acá.&lt;br /&gt;Di Virgilio, con la punta de la lengua asomando por entre los dientes, lo miraba. Después, con lentitud, como fascinado, se puso de pie y quedó junto al escritorio. Núñez sonreía.&lt;br /&gt;–Sí, ándate. Ándate, te digo...&lt;br /&gt;El muchacho empezó a caminar hacia la salida. De pronto se detuvo; con gesto de pedir permiso volvió la cabeza. Núñez se levantó de un salto. En el extremo de su brazo extendido, la pistola se sacudía frenéticamente; las venas de su cuello parecían dedos.&lt;br /&gt;–¡Ándate, bestia!&lt;br /&gt;Di Virgilio desapareció por la puerta vaivén. Un segundo después se ondulaba vertiginosamente en los vidrios ingleses de la ventana que daba a la calle. El hombre volvió a sentarse.&lt;br /&gt;–Como decíamos hace un rato, parodiando al célebre fraile –continuó con calma–: somos una porquería. Cualquiera de nosotros tiene, como mínimo, quince años de trabajo. Esto, que ya nos acredita como imbéciles, sería suficiente para eximirnos de todo escrúpulo en lo que atañe a una eliminación masiva. Pero hay más. El trabajo, en sí, es una extravagancia; en las condiciones actuales de nuestra sociedad asume caracteres de manía paroxística, tan graves, que hay una ciencia destinada a estudiarlo. Ella nos informa que, en el presente, el hombre le dedica el sesenta y cinco por ciento de su vida, y memorizo textualmente: "más de la mitad de nuestro existir consciente y libremente propositivo". Problemas Psicológicos Actuales, de Emilio Mira y López, página doscientos siete, capítulo ocho. Y bien. Yo puedo demostrar que ese porcentaje, con ser impresionante, no es exacto. No hay tal mitad de existir libre. Sin llegar a conclusiones terroristas y afirmar, por ejemplo, que no hay en absoluto libre existir puesto que la libertad es un mito canallesco, hagamos este cálculo.&lt;br /&gt;Una fría mirada de Núñez paralizó, casi sobre las teclas de las máquinas de sumar, los dedos de por lo menos cuatro empleados.&lt;br /&gt;–Lo del cálculo es con la cabeza –anotó–. Cada día, semana tras semana, todos los meses de estos últimos quince años, nosotros, los oficinistas de este peligroso depósito pirotécnico –Núñez acarició significativamente la valija–, nos hemos levantado, los menos madrugadores, a las siete de la mañana, para ocupar nuestro escritorio a las ocho en punto. Hemos ido a almorzar, hemos vuelto, hemos salido a las seis de la tarde. ¿A qué hora regresábamos a nuestra casa?: otra vez a las siete, es decir, medio día después. Agreguemos a esto las ocho horas de sueño que recomiendan los higienistas más sensatos: veinte horas. Las que faltan han sido repartidas, y sigo memorizando el opus de antes, en "satisfacer nuestras urgencias instintivas", leer el diario, indignarse por el precio de la fruta, escuchar el informativo, destapar la pileta. Los más normales. Porque los otros, los que disparando enloquecidos de una oficina a otra pudieron pagar la cuota inicial del aparato televisor (que viene a ser la más sórdida, la última maquinación para embrutecer del todo al género humano), los otros, digo: ni eso. Qué tal.&lt;br /&gt;Alguien hipó un sollozo.&lt;br /&gt;–¿Es necesario decir qué es lo que se hace los sábados y domingos?: dormir, ir al bailongo del club, al cine, al partido, a votar. Algunos, todavía, a misa. Los solteros, salir con la novia o el novio a darse codazos por Corrientes; los casados, pintar la cocina...&lt;br /&gt;–¡Basta! –clamó la señora Antonia–. Máteme.&lt;br /&gt;–Aún no. La humanidad, mujer, y sólo ella, manifiesta entre los hombres la voluntad del Gran Tao... ¡Y las vacaciones! ¿Recuerdan ustedes cómo, en qué estado de ruina, volvieron de las últimas vacaciones? ¿Esto es la Vida?: ahorrar energías y pesos durante trescientos cincuenta y cinco días para extravertirlos frenéticamente en diez. Eso es la vida. Vivir a la sombra un año y agarrarse una insolación, complicada con quemaduras de tercer grado, en una semana y media de veraneo.&lt;br /&gt;–Máteme –suplicó la mujer.&lt;br /&gt;–No sea cargosa, señora –y Núñez la amenazó con la culata–. ¿Comprenden ustedes? Yo lo he comprendido. Yo sé lo que es viajar, cuatro veces por día, aplastado, semicontuso, horro-rosamente estrujado durante dieciocho idénticos años, en un ómnibus repleto. Indiscernible bajo una mezcolanza de trajes, tapados, sobretodos, piernas, diarios. Ah, yo sé lo que es la Humanidad, delante, detrás, encima del zapato, contra los riñones; conozco la infame satisfacción de sentir la cadera de una impúber refregada contra el sexo, o un seno tibio, abollándoseme en el codo... Ésa es la vida, la que les espera hasta que se jubilen. Y cuando se jubilen, ¡Dios mío!, de qué modo habrán perdido la chance de vivir cuando se jubilen. ¿No entienden? Ustedes ya no pueden cambiar: ya no son jóvenes como Di Virgilio, ustedes están irrevocablemente condenados a viajar así, a veranear así; a trabajar frente a un escritorio así... ¡Entiendan!, si no los mato los espera el banco de la plaza. ¿Se dan cuenta? ¿Se dan cuenta, animales, lo que significa estar jubilado? La jubilación es un eufemismo; debiera decirse: "el coma".&lt;br /&gt;Núñez jadeaba. Una ráfaga, de angustia los envolvía a todos. El señor Parsimón, Jefe de Transporte, socialista, en un arranque de humanismo corajudo se puso de pie. El dedo le temblaba. Habló:&lt;br /&gt;–¡Usted deforma la realidad! Usted es un maniático, un pistolero, usted...&lt;br /&gt;–Usted se me sienta –dijo Núñez. Parsimón se sentó.&lt;br /&gt;–Pero no me callaré –insistía; meritorio, miraba de reojo al gerente–. Usted nos quiere matar. ¿Y por qué a nosotros? Por qué no al ochenta por ciento de la población de Buenos Aires, que vive de la misma manera. ¿Eh? ¿Por qué?&lt;br /&gt;–Voy a explicarle. Por dos motivos: el primero, y acaso el más importante, se sigue de que Buenos Aires no es una pirotecnia.&lt;br /&gt;Volvió a acariciar la valija, consultó el reloj y sonrió enigmáticamente.&lt;br /&gt;–Y, el segundo, es que en este momento estoy actuando como el representante más lúcido de un grupo social. Digamos que soy el Anti-Marx del oficinismo, y, como tal, he resuelto hacer la revolución negativa. Como Marx, pienso que esto podría originar un proceso permanente. Pero de suicidios. Iniciado el proceso, yo no hago falta... –Se interrumpió. –Lo que estoy notando es mucho movimiento. Vamos a ver: ¡pararse!... ¡sentarse!... Además, ya se los he dicho, nosotros, particularmente, somos irreivindicables.&lt;br /&gt;–Lo irreivindicable para usted –quien hablaba ahora era el señor Raimundi, gerente de la firma, un sujeto pequeñísimo con cara de ratón bubónico y leves bigotitos canos–, lo irreivindicable para usted es el género humano.&lt;br /&gt;Dicho esto, calló.&lt;br /&gt;–Usted puede hablar enfáticamente del género humano, pedazo de cínico, porque tiene un Kaiser Carabela, no va al cine, no conoce el fixture y entra al hipódromo por la oficial; pero yo vivo aplastado por ese género humano. Yo tomo el tranvía 84 en José María Moreno y Rivadavia. Yo veo a la gente en grandes montones ignominiosos. Pregúnteles a esos perros mañaneros que alzan filosóficamente los ojos desde su tacho de basura y miran hacia el colectivo donde se apiñan cien personas, pregúnteles qué opinan del género humano. Yo he adivinado un saludo sobrador, socarrón, en la mirada de esos perros; dicen: "Chau, Rey de la Creación, lindo día para yugaría, ¿no?" Eso dicen. El amor a nuestros semejantes tiene sentido si no nos imaginamos a nuestros semejantes en manifestación. Nuestros hermanos, de a muchos, pueden producir cualquier cosa: miedo, lástima, oclofobia; pero no buenos sentimientos. La prueba más concluyente de esta verdad es que los tipos más amantes de la humanidad, los místicos, los santos, se iban a vivir al desierto o a la montaña, en compañía de los animales. El mismísimo Jesús predicaba el Amor Universal en una de las regiones más despobladas del planeta. Cuando fue a Jerusalén y vio gente, empezó a los latigazos. Mahoma, mientras estuvo solo, hablaba del Arcángel y de Borak, la yegua alada; cuando se la tomó en serio y comprendió qué es el Amor, armó un ejército.&lt;br /&gt;En el entrecejo de Núñez dos arrugas paralelas caían verticalmente, profundas, hasta el nacimiento de su nariz. Murmuró algunas palabras en voz baja. El señor Parsimón pareció a punto de decir algo, pero un gesto terrible de Núñez lo detuvo.&lt;br /&gt;–¡Nadie más habla! Luego, cambiando de tono:&lt;br /&gt;–Y pensar que hubo tiempos en que la humanidad era feliz. Porque, saben, hubo una época en que ocurrían milagros sobre el mundo. La Tierra era ancha y hermosa. Los dioses no tenían ningún prurito en compartir el cotidiano quehacer del hombre; intervenían en las disputas de la gente; astutamente disfrazados, les violaban las esposas... ¡Época azul! Las diosas, lascivas, se revolcaban con los efebos sobre el trebolar, y era posible ver, en cualquier medianoche de plenilunio, un carro que venía por la llanura, uncido de panteras. Y sobre el carro, los dioses, fachendosos, peludos, pegando unas carcajadas bestiales, coronados con racimos de uvas... A propósito, ¿saben lo que tengo en esta valija?: una bomba de tiempo, media docena de detonadores, siete kilos de dinamita y tres barras de trotil.&lt;br /&gt;Cuando acabó de decir esto, pudo presenciar el espectáculo más extraordinario que nadie contempló en su vida. Durante diez segundos, todos permanecieron mudos, estáticos, como un marmóreo grupo escultórico: después, en un solo movimiento, se pusieron de pie, corrieron hasta el centro de la oficina, se abrazaron, corearon un alarido dantesco, y, lentamente, con la perfección de un ballet, fueron retrocediendo hasta la pared del fondo. Allí, cayeron desmayados unos cuantos; los demás, con los ojos enormes elevados hacia el techo, parecían rezar.&lt;br /&gt;–Exactamente así –dijo Núñez– era el terror que experimentaban las ninfas cuando llegaba Pan. Por eso, al miedo colectivo se le llama pánico. En fin. Al verlos ahí, apelmazados, no puedo evitar figurarme el Sindicato de Empleados de Comercio. Todos unidos: alcahuetes, jefes, delegados... ¡Manga de proxenetas! –gritó de pronto, y los de la pared lo miraron con horror: ojos de inmóviles mariposas clavadas por el insulto, como a un cartón–. Pero la Gran Insurrección, la verdadera, reventará como el capullo de una rosa increíble algún día. Ciertos hombres, por supuesto que no todos, comprenderán que la Armonía es la fuerza primordial del universo, y la Belleza, la síntesis última. Vendrá un profeta y dirá, mientras carga una ametralladora atómica: "¡Crearemos las condiciones del mundo venidero, restituiremos el helenismo y las máquinas serán nuestros esclavos! ¡Somos inmortales! ¡Adelante!"... Por eso, compañeros, voy a matarlos.&lt;br /&gt;–¡Nuestros hijos!&lt;br /&gt;–¡Nuestras esposas!&lt;br /&gt;–Cállense, farsantes. Un criminal que, al llegar a su casa, embrutece a su mujer explicándole los beneficios de la mecanización contable, o las posibilidades que tiene de ser ascendido a secretario del gerente, si echan o se jubila o se muere el actual, no tiene esposa. Por otra parte, mirándolo bien a usted, no, no creo que ella lo llore como una loca. ¡Sus hijos! ¿Creen ustedes que el hecho de robarse algún lápiz para el vástago escolar les da derecho de paternidad? –Núñez pudo observar que Raimundi, al escuchar lo de los lápices, estiraba el cuello por detrás del amontonado grupo, tratando de localizar al aludido. –En verdad, en verdad les digo, que sólo los huérfanos de nuestra generación entrarán en el Reino.&lt;br /&gt;Consultó el reloj. Murmuró: falta poco, y una nueva ola de desesperación convulsionó a los de la pared. La mujer que hacía un momento suplicaba ser la primera en inmolarse yacía en el suelo, grotescamente abrazada a los tobillos de Parsimón, quien, dando inútiles saltitos, trataba de desembarazarse de ella. Núñez se puso de pie. Parecía soñar en voz alta.&lt;br /&gt;–Es cierto. Algunos hombres son inmortales. Yo soy de ellos. Di Virgilio se encargará de propagar mi nombre. El dará testimonio. Also sprach el señor Núñez... Cuando esto explote, otros comprenderán; dirán: él lo hizo. Cuando lo entiendan, ellos también se matarán. La hez humana será raída de la Tierra. Algún conscripto inspirado organizará el fusilamiento de los oficiales y suboficiales; los curas de aldea entrarán a sangre y fuego en el Vaticano. En crujientes hogueras serán quemadas todas las estadísticas, todos los biblioratos, todas las planillas, todos los remitos. Millones de huérfanos de empleados nacionales, en jocunda caravana, abandonarán las ciudades e irán a poblar el campo. ¡Basta de rascacielos insa-lubres!, dirán. ¡A vivir en las márgenes de los ríos, como los beduinos; no hacia arriba, lejos de la tierra, sino a lo largo! Oh, y algún día la vida será otra vez ancha y hermosa. Cuando falte espacio aquí, poblaremos la Luna y Marte. La Galaxia también es ancha y hermosa. La Belleza, coronada de pámpanos como un dios borracho, entrará triunfal en la casa del hombre, cortejada de machos cabríos... No, los hombres no nacerán provistos de palanquitas y botones. Les será restituida el alma a los hombres. ¿Comprenden? ¿Comprenden ustedes?&lt;br /&gt;Algunas cabezas comenzaron a levantarse. La voz de Núñez temblaba de puro profética. Era Dionisos. Sólo los jefes y sus allegados parecían no entender. El hombre levantó la Ballester Molina.&lt;br /&gt;–¡Será la euforia de vivir! –gritó, al tiempo que, con formidable estruendo, disparaba unos cuantos tiros al aire–. ¡La embriaguez! ¡La canonización de la risa! Los presidentes de los pueblos serán elegidos por concurso, en grandes Juegos Florales de poesía. Porque todos los hombres serán poetas. ¿No entienden, tarados? Esta es la chispa madre. Dentro de un instante volarán por el aire todas las instalaciones de La Pirotecnia. Dentro de un instante seremos el monumento negativo: no un panteón, un agujero. Y, de acá a cien años, pondrán una placa recordatoria en el fondo. Una placa con el nombre de todos nosotros.&lt;br /&gt;Núñez, con ambos brazos levantados, seguía descargando estrepitosamente la pistola. Como copos de nieve, caían, desde el cielo raso agujereado, blanquísimos trozos de yeso. Era el momento sublime, sinfónico. De pronto, también los ojos de los jefes empezaron a brillar de felicidad. Los del suelo se habían puesto de pie.&lt;br /&gt;–Así me gusta, que entiendan. Las hecatombes no necesitan más que una chispita para propagar el fuego propiciatorio: ¡nosotros somos esa chispita! Veo la felicidad en todos los rostros. ¡Adelante, hermanos! Hermanos, sí. Muramos.&lt;br /&gt;En efecto, la felicidad de todos los rostros, en especial la de los jefes ahora, iba en aumento. Alcanzó su paroxismo cuando los diez policías y los empleados del Vieytes entraron por la puerta vaivén. La operación fue breve: varios puñetazos, un chaleco de fuerza, el atraso del mecanismo de la bomba, su posterior inutilización y el barrido del piso.&lt;br /&gt;Perdiguero palmeaba a Di Virgilio. El muchacho, sin embargo, no parecía satisfecho. Por fin, Parsimón le dijo:&lt;br /&gt;–En retribución al servicio que le ha prestado a la compañía, desde el mes que viene recibirá doscientos pesos de aumento. Raimundi le silbó algo al oído. Parsimón dijo:&lt;br /&gt;–Ochenta pesos de aumento.&lt;br /&gt;Se daban las manos. Todos sonreían.&lt;br /&gt;–Y ahora, a trabajar –quien hablaba era el gerente–. Porque ya lo ven: sólo el cumplimiento del deber da buenos frutos. Nuestro compañero Núñez durante dieciocho años fue un empleado excelente, un hombre respetable, y una sola llegada tarde, la única de su vida, bastó para trastornarlo.&lt;br /&gt;Di Virgilio parecía triste, se miraba fijamente el dedo mayor. Después irguió la espalda. Las máquinas empezaron a teclear a sesenta palabras por minuto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-6038232286649183404?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/6038232286649183404/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=6038232286649183404' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/6038232286649183404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/6038232286649183404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2009/09/also-sprach-el-senor-nunez.html' title='Also Sprach el Señor Núñez'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-3538434881915615371</id><published>2009-09-15T00:01:00.000-03:00</published><updated>2009-09-15T00:02:03.419-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='leo masliah'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>Corriente alterna</title><content type='html'>No sé por qué te fuiste ni por qué después&lt;br /&gt;al poco tiempo te dio por volver&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no sé por qué no sé por qué&lt;br /&gt;tomaste aquella triste decisión&lt;br /&gt;de abandonarme y cual fue la razón&lt;br /&gt;de tu regreso y qué pasó&lt;br /&gt;que al otro dia te volviste a ir&lt;br /&gt;no me diste ni tiempo de decirte&lt;br /&gt;preguntarte si esa vez&lt;br /&gt;regresarías como la anterior&lt;br /&gt;ni si te ibas en busca de amor&lt;br /&gt;y si fue así supongo que&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no lo encontraste y fue por eso que&lt;br /&gt;volviste pero cuando te apreté y&lt;br /&gt;te pregunté qué plan tenés&lt;br /&gt;me contestaste muy asi nomas&lt;br /&gt;con evasivas y casi te vas&lt;br /&gt;pero esa vez no te dejé&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;porque de un brazo fuerte te agarré&lt;br /&gt;pero fue inutil porque cuando me acosté&lt;br /&gt;senti la puerta y eras vos&lt;br /&gt;que te pelabas sin decir adiós&lt;br /&gt;capaz que fue mejor para los dos&lt;br /&gt;pero muy malo para mi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;por eso me alegré cuando te vi&lt;br /&gt;que regresabas pero no entendi&lt;br /&gt;por qué enseguida me decis&lt;br /&gt;que tu intención sigue siendo partir&lt;br /&gt;y sin demora pasas a cumplir&lt;br /&gt;tu anuncio y me dejas ahi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;sin esperanza con respecto a ti&lt;br /&gt;pero con la sorpresa de que asi&lt;br /&gt;como te vi partir también&lt;br /&gt;te vi volver y te escuché muy bien&lt;br /&gt;decir que nunca me ibas a dejar&lt;br /&gt;para después saber faltar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a tu palabra porque sin piedad&lt;br /&gt;te fuiste a algun rincón de la ciudad&lt;br /&gt;que al parecer no te gustó&lt;br /&gt;porque si no no entiendo qué te dio&lt;br /&gt;por dar la vuelta y pedirme perdón&lt;br /&gt;pero enseguida, ¡maldición!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;me abandonaste y desde aquella vez&lt;br /&gt;te fuiste y regresaste mas de diez&lt;br /&gt;o veinte veces es que ya&lt;br /&gt;perdi la cuenta y la velocidad&lt;br /&gt;de tu continuo ir y venir se va&lt;br /&gt;volviendo cada vez mayor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ni bien te fuiste por el ascensor&lt;br /&gt;la puerta se abre y estas otra vez&lt;br /&gt;ahi no sé si es que volvés&lt;br /&gt;ya es imposible adivinar qué hacés&lt;br /&gt;si te estas yendo o a la misma vez&lt;br /&gt;estas viniendo ya no estas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;aca ni alla como venis te vas&lt;br /&gt;tu cara ya no se distingue mas&lt;br /&gt;apenas en el corredor&lt;br /&gt;se ve una larga franja del color&lt;br /&gt;de tu vestido sos como un ciclón&lt;br /&gt;un huracan sin dirección&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;un haz de luz cada vez mas veloz&lt;br /&gt;ya nadie puede verte ya no sos&lt;br /&gt;mas que una tenue sensación&lt;br /&gt;un sutil, fugaz coloración&lt;br /&gt;en las baldosas de ese corredor&lt;br /&gt;y la portera ya subió&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;trayendo el balde con el secador&lt;br /&gt;le digo doña deje por favor&lt;br /&gt;y me contesta no señor&lt;br /&gt;el corredor lo tengo que limpiar&lt;br /&gt;y yo le explico que te va a borrar&lt;br /&gt;si pasa el trapo por ahi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;pero ella cree que me enloquecí&lt;br /&gt;no sabe nada de lo que yo vi&lt;br /&gt;y un golpe de agua con jabón&lt;br /&gt;te lleva entera junto a la ilusión&lt;br /&gt;de averiguar un dia en qué vagón&lt;br /&gt;viaja el secreto de tu corazón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-3538434881915615371?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/3538434881915615371/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=3538434881915615371' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/3538434881915615371'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/3538434881915615371'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2009/09/corriente-alterna.html' title='Corriente alterna'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-7501462658512915960</id><published>2009-09-14T23:55:00.002-03:00</published><updated>2009-09-15T00:05:43.207-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='charly garcía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>Huellas en el mar (plateado sobre plateado)</title><content type='html'>Vi la luna chorreando sin parar&lt;br /&gt;su luz de catedral y un barco viejo&lt;br /&gt;ceuzando el mar de Sudamérica a Europa&lt;br /&gt;sobre un espejo lleno de sal.&lt;br /&gt;Aeroplanos cortando el celofán&lt;br /&gt;de un cielo tropical&lt;br /&gt;abriendo un surco suave a llevar hacia el exilio da vueltas&lt;br /&gt;a los que ya no aguantaron más.&lt;br /&gt;Huellas en el mar&lt;br /&gt;sangre en nuestro hogar&lt;br /&gt;tenemos que ir tan lejos para estar acá, para estar acá.&lt;br /&gt;Nos quedamos por tener fe&lt;br /&gt;nos fuimos por amar.&lt;br /&gt;Ganamos algo y algo se fue.&lt;br /&gt;Algunos hijos son padres&lt;br /&gt;y algunas huellas ya son la piel&lt;br /&gt;Huellas en el mar&lt;br /&gt;sangre en nuestro hogar&lt;br /&gt;tenemos que ir tan lejos para estar acá, para estar acá.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-7501462658512915960?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/7501462658512915960/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=7501462658512915960' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7501462658512915960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7501462658512915960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2009/09/huellas-en-el-mar-plateado-sobre.html' title='Huellas en el mar (plateado sobre plateado)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-8814009363762502933</id><published>2008-02-03T14:44:00.000-02:00</published><updated>2008-02-03T14:50:23.214-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='poesía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='miguel hernández'/><title type='text'>Nanas de la cebolla</title><content type='html'>&lt;p&gt;La cebolla es escarcha&lt;br /&gt;cerrada y pobre:&lt;br /&gt;escarcha de tus días&lt;br /&gt;y de mis noches.&lt;br /&gt;Hambre y cebolla:&lt;br /&gt;hielo negro y escarcha&lt;br /&gt;grande y redonda. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la cuna del hambre&lt;br /&gt;mi niño estaba.&lt;br /&gt;Con sangre de cebolla&lt;br /&gt;se amamantaba.&lt;br /&gt;Pero tu sangre,&lt;br /&gt;escarchada de azúcar,&lt;br /&gt;cebolla y hambre. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una mujer morena,&lt;br /&gt;resuelta en luna,&lt;br /&gt;se derrama hilo a hilo&lt;br /&gt;sobre la cuna.&lt;br /&gt;Ríete, niño,&lt;br /&gt;que te tragas la luna&lt;br /&gt;cuando es preciso. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alondra de mi casa,&lt;br /&gt;ríete mucho.&lt;br /&gt;Es tu risa en los ojos&lt;br /&gt;la luz del mundo.&lt;br /&gt;Ríete tanto&lt;br /&gt;que en el alma al oírte,&lt;br /&gt;bata el espacio. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tu risa me hace libre,&lt;br /&gt;me pone alas.&lt;br /&gt;Soledades me quita,&lt;br /&gt;cárcel me arranca.&lt;br /&gt;Boca que vuela,&lt;br /&gt;corazón que en tus labios&lt;br /&gt;relampaguea. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es tu risa la espada&lt;br /&gt;más victoriosa.&lt;br /&gt;Vencedor de las flores&lt;br /&gt;y las alondras.&lt;br /&gt;Rival del sol.&lt;br /&gt;Porvenir de mis huesos&lt;br /&gt;y de mi amor. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La carne aleteante,&lt;br /&gt;súbito el párpado,&lt;br /&gt;el vivir como nunca&lt;br /&gt;coloreado.&lt;br /&gt;¡Cuánto jilguero&lt;br /&gt;se remonta, aletea,&lt;br /&gt;desde tu cuerpo! &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Desperté de ser niño.&lt;br /&gt;Nunca despiertes.&lt;br /&gt;Triste llevo la boca.&lt;br /&gt;Ríete siempre.&lt;br /&gt;Siempre en la cuna,&lt;br /&gt;defendiendo la risa&lt;br /&gt;pluma por pluma. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ser de vuelo tan alto,&lt;br /&gt;tan extendido,&lt;br /&gt;que tu carne parece&lt;br /&gt;cielo cernido.&lt;br /&gt;¡Si yo pudiera&lt;br /&gt;remontarme al origen&lt;br /&gt;de tu carrera! &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al octavo mes ríes&lt;br /&gt;con cinco azahares.&lt;br /&gt;Con cinco diminutas&lt;br /&gt;ferocidades.&lt;br /&gt;Con cinco dientes&lt;br /&gt;como cinco jazmines&lt;br /&gt;adolescentes. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Frontera de los besos&lt;br /&gt;serán mañana,&lt;br /&gt;cuando en la dentadura&lt;br /&gt;sientas un arma.&lt;br /&gt;Sientas un fuego&lt;br /&gt;correr dientes abajo&lt;br /&gt;buscando el centro. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vuela niño en la doble&lt;br /&gt;luna del pecho.&lt;br /&gt;Él, triste de cebolla.&lt;br /&gt;Tú, satisfecho.&lt;br /&gt;No te derrumbes.&lt;br /&gt;No sepas lo que pasa&lt;br /&gt;ni lo que ocurre.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.iescarmenlaffon.com/tallerliterario/?p=19"&gt;http://www.iescarmenlaffon.com/tallerliterario/?p=19&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-8814009363762502933?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/8814009363762502933/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=8814009363762502933' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/8814009363762502933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/8814009363762502933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2008/02/nanas-de-la-cebolla.html' title='Nanas de la cebolla'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-6523155371800468457</id><published>2007-09-18T20:05:00.000-03:00</published><updated>2007-09-18T20:14:57.101-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='salvatore quasimodo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='poesía'/><title type='text'>y de repente la noche</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);font-family:Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;         Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra&lt;br /&gt;   traspasado por un rayo de sol:&lt;br /&gt;   y de repente la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;     Ed è Subito Sera&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ognuno sta solo sul cuor della terra&lt;br /&gt;trafitto da un raggio di sole:&lt;br /&gt;ed è subito sera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-6523155371800468457?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/6523155371800468457/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=6523155371800468457' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/6523155371800468457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/6523155371800468457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2007/09/cada-uno-est-solo-sobre-el-corazn-de-la.html' title='y de repente la noche'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-8960354638224123076</id><published>2007-07-07T09:52:00.000-03:00</published><updated>2007-07-07T09:59:02.395-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='roberto arlt'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='prensa'/><title type='text'>Tratado de la delincuencia - Fragmento (Roberto Arlt)</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;S. M. La coima&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Dos señores, que no conozco, y que son muy amables, al punto de llenar dos carillas a máquina, me escriben, entre otras cosas, lo siguiente:&lt;br /&gt;Arlt, nuestra patria, o mejor dicho nuestros gobiernos, son de aquellos que borran con el codo lo que escriben con la mano. No se ría. Si usted comenzara a analizar todas las reglamentaciones y leyes que no se cumplen, tendría para llenar EL MUNDO, y si no veamos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Se infringe el completo en los ómnibus y tranvías&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;a) El subir y el bajar de estos mismos coches en movimiento.&lt;br /&gt;b) La venta de bebidas alcohólicas, desde las 24 del sábado al domingo.&lt;br /&gt;c) Cierre de almacenes en los días de domingo.&lt;br /&gt;d) Higiene en los conventillos.&lt;br /&gt;e) Inmoralidad callejera.&lt;br /&gt;f) Las quinielas, que le dan buenas ganancias a los comisarios.&lt;br /&gt;g) Clandestinos de carreras.&lt;br /&gt;h) La venta de billetes de lotería a su precio marcado, i) Venta de cianuro, j) Ordenanzas de tráfico, k) Mendicidad en las calles.&lt;br /&gt;l) Los precios en las ferias francas, etc., etc., etc., etc., etc., etc…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La inutilidad de las leyes&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Yo veo que de acuerdo a estos lectores son más las leyes que se infringen que las que se cumplen, lo cual le hace pensar a uno que las leyes han sido establecidas precisamente para eso, para que no se cumplan; lo cual viene a demostrar que éste es un país que cumple fielmente ese precepto de su Constitución, donde se asegura que es tierra de libertad par todos los hombres de buena voluntad.&lt;br /&gt;Y yo creo que de esta buena voluntad se necesita mucha y muy robusta para recordar tantas leyes y para infringirlas a todas, y a las que no se infringen, quebrantarlas, y a las que no se quebrantan, violarlas, y a las que no se violan, se fuerzan, y a las que no se fuerzan ni se violan, se tuercen como medias de pobres, se adaptan como trajes de serie, quedando las pobres tan maltrechas, tan sin jugo, tan sin ley, que ya no son leyes, sino entuertos, y tienen tanto de derecho como la giba de un dromedario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La coima&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Es que estamos en el Imperio de la Coima, en el reinado del pichuleo, en el país de la granjería. Días pasados recibí la carta de un lector que firma Potito Mangianello; en recuerdo de aquel inefable Potito que anduvo mezclado en el lío de la Poey, Santiago y compañía.&lt;br /&gt;Bueno; este señor Potito Mangianello me decía en la carta que los barrenderos municipales ganaban setecientos pesos mensuales, enviándome una lista de coimas organizadas, lista que uno de estos días reproduciré para asombro de las generaciones venideras y para actual orientación de estudiantes y otras gentes.&lt;br /&gt;La coima; la coima es la polilla que roe el mecanismo de nuestra administración, la remora que detiene la marcha de la nave del estado (y esta vez es cierto el mito de la remora y la macana de la nave del estado); la coima es el aceite lustral con que cuanto bicho inspector y subinspector que vagabundea por ahí, lubrifica sus articulaciones y engorda su estómago; la coima es la madre de muchos bienestares, el alma de numerosas prosperidades, el ángel tutelar de los que venden aserrín por harina, achicoria por café, pan quemado por chocolate, mármol molido por azúcar; la coima es la diosa protectora de todos los tahúres que pululan en nuestra tierra, de todos los comisarios que entran flacos y salen gordos, de todos los magistrados que se taponan los oídos para no escuchar los alaridos de la justicia, ¿qué no es la coima, la enorme, la nutritiva coima?&lt;br /&gt;Donde se clave la vista, allí está: invisible, segura, efectiva, certera. La coima es la que moviliza los escritos en un juzgado; la coima es la que arranca un certificado de buena conducta para un específico facineroso; la coima es la que le da ciudadanía de honestidad a un granuja cien veces más ladrón que el mal ladrón Gesta; la coima es la que ablanda y humaniza al inspector personudo, al abogado recio, al escribano melifluo, al oficial de justicia inexorable, al médico talentudo. La coima, invisible, penetrante, ardua e infalible, penetra por todas partes y compra al grande, al cogotudo y al severo como al pequeño, al modesto y al humilde que se conforma y transige con tal que le den para un café con leche.&lt;br /&gt;Panaderos, lecheros, hueveros, mercaderes de aceite, de vino, de drogas, dueños de fábricas, de industrias, de millones, ministros, covachuelistas, embajadores, jueces, presidentes de cualquier cosa, escritores, periodistas, comisarios, no hay uno que resista la coima, no hay uno que no se doble a su amable presencia, que no se conturbe frente a su mocedad, que no se le rinda, después de una lucha más o menos larga. Y el que no coimea… deja coimear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Por eso…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Por eso, cuando en su camita de hombre honesto, con los botines a la cabecera y las medias colgando de un travesaño de la silla, muere un hombre que manejó los caudales públicos y salió de las covachas administrativas tan ratón y tan pobre como entró, los magníficos furbos, los estupendos truhanes, los maravillosos sinvergüenzas, dicen, compungidamente:&lt;br /&gt;Era un buen hombre, pero no sabía robar. Fue bien intencionado, pero no supo coimear.&lt;br /&gt;Y es que las leyes, amigo lector que no coimeas (porque no puedes), es que las leyes se han hecho para eso: para dar de comer a innumerables y flacos pelafustanes, a indescriptibles y gordos tiburones. Si no se pudiera robar, ¿qué fin habría en hacer gobierno?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;[El Mundo, 16 de enero de 1929]&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-8960354638224123076?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/8960354638224123076/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=8960354638224123076' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/8960354638224123076'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/8960354638224123076'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2007/07/s.html' title='Tratado de la delincuencia - Fragmento (Roberto Arlt)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-7071101051993239649</id><published>2007-06-28T21:56:00.000-03:00</published><updated>2007-06-28T23:51:50.200-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='roberto arlt'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='aguafuertes porteñas'/><title type='text'>La tragedia de un hombre honrado (Roberto Arlt)</title><content type='html'>Todos los días asisto a la tragedia de un hombre honrado. Este hombre honrado tiene un café que bien puede estar evaluado en treinta mil pesos o algo más. Bueno: este hombre honrado tiene una esposa honrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esta esposa honrada la ha colocado a cuidar la victrola. Dicho procedimiento le ahorra los ochenta pesos mensuales que tendría que pagarle a una victrolista. Mediante este sistema, mi hombre honrado economiza, al fin del año, la respetable suma de novecientos sesenta pesos sin contar los intereses capitalizados. Al cabo de diez años tendrá ahorrados...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero mi hombre honrado es celoso. ¡Vaya si he comprendido que es celoso! Levantando la guardia tras la caja, vigila, no sólo la consumición que hacen sus parroquianos, sino también las miradas de éstos para su mujer. Y sufre. Sufre honradamente. A veces se pone pálido, a veces le fulguran los ojos. ¿Por qué? Porque alguno se embota más de lo debido con las regordetas pantorrillas de su cónyuge. En estas circunstancias, el hombre honrado mira para arriba, para cerciorarse si su mujer corresponde a las inflamadas ojeadas del cliente, o si se entretiene en leer una revista. Sufre. Yo veo que sufre, que sufre honradamente; que sufre olvidando en ese instante que su mujer le aporta una economía diaria de dos pesos sesenta y cinco centavos; que su legitima esposa aporta a la caja de ahorros novecientos sesenta pesos anuales. Sí, sufre. Su honrado corazón de hombre prudente en lo que atañe al dinero, se conturba y olvida de los intereses cuando algún carnicero, o cuidador de ómnibus, estudia la anatomía topográfica de su también honrada cónyuge. Pero más sufre aún cuando, el que se deleita contemplando los encantos de su esposa, es algún mozalbete robusto, con bigotitos insolentes y espaldas lo suficientemente poderosas como para poder soportar cualquier trabajo extraordinario. Entonces mi hombre honrado mira desesperadamente para arriba. Los celos que los divinos griegos inmortalizaron, le desencuadernan la economía, le tiran abajo la quietud, le socavan la alegría de ahorrarse dos pesos sesenta y cinco centavos por día; y desesperado hace rechinar los dientes y mira a su cliente como si quisiera darle tremendos mordiscones en los riñones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo comprendo, sin haber hablado una sola palabra con este hombre, el problema que está encarando su alma honrada. Lo comprendo, lo interpreto, lo "manyo". Este hombre se encuentra ante un dilema hamletiano, ante el problema de la burra Balaam, ante... ¡ante el horrible problema de ahorrarse ochenta mangos mensuales! Son ochenta pesos. ¿Saben ustedes los bultos, las canastas, las jornadas de dieciocho horas que éste trabajó para ganar ochenta pesos mensuales? No; nadie se lo imagina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De allí que lo comprendo. Al mismo tiempo quiere a su mujer. ¡Cómo no la va a querer! Pero no puede menos de hacerla trabajar, como el famoso tacaño de Anatole France no pudo menos de cortarle unas rebarbas a las monedas de oro qué le ofrecía a la Virgen: seguía fiel a su costumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ochenta pesos son ocho billetes de a diez pesos, dieciséis de a cinco y... dieciséis billetes de a cinco pesos, son plata... son plata...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la prueba de que nuestro hombre es honrado, es que sufre en cuanto empiezan a mirarle a la cónyuge. Sufre visiblemente. ¿Qué hacer? ¿Renunciar a los ochenta pesos, o resignarse a una posible desilusión conyugal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si este hombre no fuera honrado, no le importaría que le cortejaran a su propia esposa. Más aún, se dedicaría como el célebre señor Bergeret, a soportar estoicamente su desgracia.&lt;br /&gt;No; mi cafetero no tiene pasta de marido extremadamente complaciente. En él todavía late el Cid, don Juan, Calderón de la Barca y toda la honra de la raza, mezclada a la terribilísima avaricia de la gente del terruño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son ochenta pesos mensuales. ¡Ochenta! Nadie renuncia a ochenta pesos mensuales porque sí. El ama a su mujer; pero su amor no es incompatible con los ochenta pesos.&lt;br /&gt;También ama su frente limpia de todo adorno, y también ama su comercio, la economía bien organizada, la boleta de depósito en el banco, la libreta de cheques. ¡Cómo ama el dinero este hombre honradísimo, malditamente honrado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces voy a su café y me quedo una hora, dos, tres. El cree que cuando le miro a la mujer estoy pensando en ella, y está equivocado. En quien pienso es en Lenin... en Stalin... en Trotzky... Pienso con una alegría profunda y endemoniada en la cara que este hombre pondría si mañana un régimen revolucionario le dijera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Todo su dinero es papel mojado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-7071101051993239649?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/7071101051993239649/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=7071101051993239649' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7071101051993239649'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7071101051993239649'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2007/06/la-tragedia-de-un-hombre-honrado.html' title='La tragedia de un hombre honrado (Roberto Arlt)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-4070417728298520479</id><published>2007-06-08T19:20:00.000-03:00</published><updated>2007-06-08T19:21:49.666-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cortázar'/><title type='text'>Manual de instrucciones (Julio Cortázar)</title><content type='html'>La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica , la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero “Hotel de Belgique”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no que esté mal si las cosas no se encuentran otra vez cada día y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por qué estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia fuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y acepta taimadamente su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por qué te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre la mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro de la pared y ábrete paso. ¡Oh, cómo cantan en el piso de arriba! Hay un piso de arriba en esta casa, con otra gente. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para arriba de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-4070417728298520479?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/4070417728298520479/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=4070417728298520479' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/4070417728298520479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/4070417728298520479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2007/06/manual-de-instrucciones-julio-cortzar.html' title='Manual de instrucciones (Julio Cortázar)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-3971613761640377505</id><published>2007-05-11T17:11:00.001-03:00</published><updated>2007-05-13T12:35:16.511-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='bersuit'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='el tiempo no para'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>El tiempo no para (versión de Bersuit Vergarabat)</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);"&gt;Disparo contra el sol con la fuerza del ocaso,&lt;br /&gt;mi ametralladora está llena de magia,&lt;br /&gt;pero soy sólo un hombre más.&lt;br /&gt;Cansado de correr en la dirección contraria,&lt;br /&gt;sin podio de llegada y mi amor me corta la cara,&lt;br /&gt;porque soy sólo un hombre más.&lt;br /&gt;Pero si pensás que estoy derrotado,&lt;br /&gt;quiero que sepas que me la sigo jugando,&lt;br /&gt;porque el tiempo, el tiempo no para.&lt;br /&gt;Unos días sí, otros no,&lt;br /&gt;estoy sobreviviendo sin un rasguñon,&lt;br /&gt;por la caridad de quien me detesta.&lt;br /&gt;Y tu cabeza está llena de ratas,&lt;br /&gt;te compraste las acciones de esta farsa,&lt;br /&gt;y el tiempo no para...&lt;br /&gt;Yo veo el futuro repetir el pasado,&lt;br /&gt;veo un museo de grandes novedades,&lt;br /&gt;y el tiempo no para, no para...&lt;br /&gt;Yo no tengo fechas para recordar,&lt;br /&gt;mis días se gastan de par en par&lt;br /&gt;buscando un sentido a todo esto.&lt;br /&gt;Las noches de frío mejor no nacer,&lt;br /&gt;las de calor se escoge matar o morir,&lt;br /&gt;y así nos hacemos ARGENTINOS.&lt;br /&gt;Nos tildan de ladrones, maricas, faloperos,&lt;br /&gt;y ellos sumergieron un país entero,&lt;br /&gt;pues así se roba más dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);"&gt;Y tu cabeza está llena de ratas,&lt;br /&gt;te compraste las acciones de esta farsa,&lt;br /&gt;y el tiempo no para...&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-3971613761640377505?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/3971613761640377505/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=3971613761640377505' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/3971613761640377505'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/3971613761640377505'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2007/05/el-tiempo-no-para-versin-de-bersuit.html' title='El tiempo no para (versión de Bersuit Vergarabat)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-8854023628764687072</id><published>2007-05-09T22:46:00.000-03:00</published><updated>2007-05-13T12:35:40.705-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='el tiempo no para'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cazuza'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>O tempo nao para (Cazuza-Brandao)</title><content type='html'>&lt;pre style="font-family: trebuchet ms;"&gt;Disparo como um sol sem força e sem por acaso&lt;br /&gt;minha metralhadora cheia de magoas.&lt;br /&gt;Eu sou mais um cara&lt;br /&gt;cansado de correr na direçao contraria&lt;br /&gt;Eu sou mais um cara.&lt;br /&gt;Mas se voce achar que eu estou derrotado&lt;br /&gt;saiba que ainda estao rolando os dados&lt;br /&gt;porque o tempo nao para.&lt;br /&gt;Dias sim, dias nao&lt;br /&gt;eu vou sobrevivendo sem um amanha&lt;br /&gt;da caridade de quem me detestar...&lt;br /&gt;A tua piscina esta cheia de ratos&lt;br /&gt;tuas ideias nao correspondem os fatos&lt;br /&gt;O tempo nao para.&lt;br /&gt;Eu vejo o futuro repetir o passado&lt;br /&gt;eu vejo um museu de grandes novidades&lt;br /&gt;O tempo nao para.&lt;br /&gt;Eu nao tenho nada para comemorar&lt;br /&gt;as vezes os meus dias estao de par em par&lt;br /&gt;procurando uma agulha, companheiro.&lt;br /&gt;Nas noites de frio é melhor nem nascer&lt;br /&gt;nas de calor se escolhe a matar o morrer&lt;br /&gt;assim nos tornamos brasileiros&lt;br /&gt;te chamam de ladrao, de bicha, maconheiro&lt;br /&gt;e transformam um pais inteiro num puteiro&lt;br /&gt;porque assim se ganha mais dinheiro...&lt;br /&gt;A tua piscina esta cheia de ratos&lt;br /&gt;tuas ideias nao correspondem os fatos&lt;br /&gt;O tempo nao para.&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-8854023628764687072?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/8854023628764687072/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=8854023628764687072' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/8854023628764687072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/8854023628764687072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2007/05/o-tempo-nao-para-cazuza-brandao.html' title='O tempo nao para (Cazuza-Brandao)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-7666226386354609801</id><published>2007-01-01T15:10:00.000-03:00</published><updated>2007-01-01T15:14:11.979-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Joan Mauel Serrat'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción'/><title type='text'>Vagabundear</title><content type='html'>De Joan manuel Serrat en Mediterráneo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Harto ya de estar harto, ya me cansé&lt;br /&gt;de preguntarle al mundo por qué y por qué.&lt;br /&gt;La Rosa de los Vientos me ha de ayudar&lt;br /&gt;y desde ahora vais a verme vagabundear&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;entre el cielo y el mar&lt;br /&gt;Vagabundear&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como un cometa de caña y de papel&lt;br /&gt;me iré tras una nube, para serle fiel&lt;br /&gt;a los montes, los ríos, el sol y el mar,&lt;br /&gt;a ellos que me enseñaron el verbo amar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy palomo torcaz&lt;br /&gt;dejadme en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me siento extranjero en ningún lugar.&lt;br /&gt;Donde haya lumbre y vino tengo mi hogar.&lt;br /&gt;Y para no olvidarme de lo que fui&lt;br /&gt;mi patria y mi guitarra las llevo en mi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una es fuerte y es fiel&lt;br /&gt;La otra un papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No llores porque no me voy a quedar.&lt;br /&gt;Me diste todo lo que tú sabes dar.&lt;br /&gt;La sombra que en la tarde da una pared&lt;br /&gt;y el vino que me ayuda a olvidar mi sed.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que más puede ofrecer&lt;br /&gt;una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es hermoso partir sin decir adiós,&lt;br /&gt;serena la mirada, firme la voz.&lt;br /&gt;Si de veras me buscas me encontrarás.&lt;br /&gt;Es muy largo el camino, para mirar atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que más da, que más da&lt;br /&gt;aquí o allá.&lt;br /&gt;Que más da, que más da&lt;br /&gt;aquí o allá.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-7666226386354609801?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/7666226386354609801/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=7666226386354609801' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7666226386354609801'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7666226386354609801'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2007/01/vagabundear.html' title='Vagabundear'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-3912950537568107823</id><published>2006-12-29T17:51:00.000-03:00</published><updated>2006-12-29T18:11:46.461-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hernún'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Una habitación con vista al mar</title><content type='html'>&lt;p&gt;- Una habitación con vista al mar.&lt;br /&gt;           - Eso... Sabrá disculparme, Sr. Ordóñez. Eso                no será posible. En este momento las habitaciones que dan                a oriente están todas ocupadas. Pero puedo ofrecerle una                habitación preciosa, con balcón y mucho aire, y una                vista que ...&lt;br /&gt;           - Le agradezco. Yo simplemente busco una habitación con vista                al mar.&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;Ordóñez cruzó la calle mirando al suelo, atento                a nada, solapa levantada tapando el viento. Sereno y sobrio, casi                gris, dejó que un paso llevara a otro. Atravesó la                calle y subió hacia la plaza. Cincuenta metros antes lo detuvo                otro cartel. Incrédulo quizás, como desilusionado                de antemano, entró cerrando pronto para que el frío                no pueda seguirlo.&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;- Buenas tardes.&lt;br /&gt;           - Buenas tardes. ¿En qué puedo servirle?&lt;br /&gt;           - Busco una habitación; si tuviera una disponible...&lt;br /&gt;           - Cómo no. ¿Habitación simple?&lt;br /&gt;           - Sí. Simple.&lt;br /&gt;           - Cómo no. Son trescientos veinte. Puede ocuparla hasta las                diez de la mañana. El desayuno está incluido, se sirve                a partir de las 7 hasta las 9.&lt;br /&gt;           - Ordóñez.&lt;br /&gt;           - ¿Perdón?&lt;br /&gt;           - Me llamo Ordóñez.&lt;br /&gt;           - Ah, sí. Cómo no. Complete por favor con sus datos.&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;Ordóñez Completó.&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;- Alguna preferencia, el Señor.&lt;br /&gt;           - Sí. Que tenga vista al mar.&lt;br /&gt;           - Lo siento, pero no tenemos ninguna habitación con vista                al mar. Puedo ofrecerle ...&lt;br /&gt;           - No, gracias. Busco una habitación con vista al mar.&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;---&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;En la noche se perdía por completo. Caminó a los                tumbos, codeando las paredes de una ciudad con poco cielo. Ana lo                habría comprendido de no haber sido por su fatal silencio.                Lo habría perdonado, lo habría acariciado con la tolerancia                que sabía lucir en los momentos más irritantes. Esa                vez, por primera vez, lo había traicionado el olvido. No                supo recordar esa vez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando a la tarde la miró con su mirada lejana, Ana supo                que empezaba lo temido. Cuando los años se le ponían                delante, Ordóñez se perdía en la vorágine                de su memoria, sudor frío, la lucidez corrompida. Solamente                un reír ensordecido, una ilusión como de antes, un                gesto dócil o el desenfreno de alguna irrealidad, eran suficiente                para atropellar a Ordóñez y aturdirlo. Únicamente                lo salvaba algún recuerdo que llegaba al advertir el peligro                del olvido en el instante inmediatamente previo a la obnubilación.                Entonces podía reconocer el ardor del tiempo y entendía                que era presa de otro azote de su condena. Recordaba, pero recordar                era una construcción. Elaboraba un sueño y lo soñaba                al revés, y entonces sorteaba los obstáculos. Leía                de pronto la respuesta en los ojos de Ana y decía lo justo,                lo único. Enunciaba la fórmula hechicera que lo rescatara                en sortilegios ante el desamparo de la urgencia y del miedo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Única cada vez, cada vez distinta, la fórmula era                desconocida hasta el momento mismo de la pronunciación, en                el que se manifestaba evidente, inequívoca, siempre ahí                para sorpresa de Ordóñez y de Ana. “Sabré                decirte adiós”, dijo una vez, o “los ojos sin                tus ojos son eternos”. “No entiendas, son las máscaras                del tiempo”, “el mar es un antojo”, “la                razón es intolerable si te explico”. Y entonces Ana                lo miraba casi fijo, como blando pero en serio, tal vez entristecida                un poco, quizás anonadada. Ana lo descubría permanentemente,                no tenía indicio alguno del instante futuro, y conmovida                por la intriga permanente le hacía un lugar en su existencia                sin más consideraciones que la intriga.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La sonrisa de Ana era una sonrisa profunda. Miraba el entrecejo                de Ordóñez y lo besaba entre los ojos, como queriendo                tragar algo de su mirada furtiva. Nunca nadie había amado                tanto a Ordóñez. Ana lo amaba sin querer entenderlo;                era esa la mejor forma de amar a un condenado. En algún rincón                lejano de su alma, desde un adentro sabido pero nunca expuesto,                veía lo invisible de la forma en la que el tiempo había                descontado un anticipo con Ordóñez. Sabía sin                saber, mucho más que un loco, cuánto le había                ganado el tiempo a la eternidad. Ordóñez era víctima                por ser un portador, un portador enfermo de una salud antimédica,                insuperablemente oscura y tremenda, una salud desconocida pero atávica                y permanente. La eternidad habría ocultado el tiempo detrás                de una garantía insoportable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando la noche empezaba, Ana enmudecía y miraba el vidrio                de la ventana siempre cerrada. La habitación era pequeña,                siempre habían sido pobres y juntarse no había cambiado                nada de eso. Y juntarse era un decir, porque no había forma                de estar juntos ni manera alguna de separarse. Ana nunca terminó                de leer Rayuela, pero estaba convencida de que se encontraba con                Ordóñez de tanto en tanto, de manera causal o casual,                no importa, pero nunca previsible. Y se encontraban en un lugar                siempre impreciso que no era una esquina ni una mediacuadra. Miraba                la ventana y no veía demasiado, no veía nada, lo veía                todo y no lo soportaba y entonces no veía, no quería                ver, no sabía soportarlo. Volvía cada vez junto a                Ordóñez como queriendo escapar hacia adentro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y entonces él se acercaba a sus espaldas, y la tomaba por                la cintura para besarla junto al cuello, y sin decir una palabra                comenzaba a acariciarla improvisando, y ella reconocía su                cuerpo entre sus manos, sentía despertar sus pezones y lo                abrazaba hacia atrás, y suspiraba, descansaba apagándose                al tiempo de encenderse y tomarlo entre las piernas para entregarse                a un juego sublime y primitivo, multiplicando el sentir inapelable                de la más plena sedición, una forma de revelarse contra                el sino que atrapaba a Ordóñez y que nunca comprendía,                y lo sabía a él teriomorfo y sincero, completamente                en ella y los dos hundiéndose en la más lúdica                expresión de su deseo, de su mutuo deseo de un saber sin                miedo, los dos amando un tiempo efímero y mirando la ventana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero a la noche Ordóñez se perdía, y Ana lo                esperaba y lo tenía, sostenía a un Ordóñez                como sin cuerpo, tan sin cuerpo como puro cuerpo había sido                recién, mientras se olían sedientos y desnudos entre                gemidos y párpados. Ana sabía que sabía sostenerlo,                pero siempre temía comprender y destruirlo. Y en el umbral                del pánico, inmediatamente antes de la pérdida y la                eternidad, Ordóñez encontraba el artificio redentor                salpicándola con algo que lo embellecía, dos palabras                y un gesto, una ilusión vital y precisa, perfectamente propia                de una imaginación que no poseían, ni él ni                ella, y entonces ella se tranquilizaba, bebía, calmaba una                sed fantástica y enloquecedora que llevaba consigo en cada                despertar, en cada futuro despertar, mañana a la mañana.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dormían.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;Cada paso era un azar que le quitaba todo equilibrio. Rebotaba                contra todo, codeando las paredes, zigzagueando sin reproducir ningún                patrón. Ya no tenía forma, ya no la tenía a                Ana. Desde que eligió elegir recordó sus sueños,                soñó los recuerdos más hermosos y más                duros, enfrentó la levedad con una entereza inconcebible.                No imaginó universo más arrogante que Ana. La besó                con todos los recuerdos pero no fue suficiente. Ambos sabían                que esto pasaría, y solamente deseó que Ana no lo                comprendiera. Habría en su entender un gesto Divino; la comprensión                acabaría con el tiempo en su elocuente sentencia, en su elemental                precisión, en su perfección irremediable. ¿Cómo                tolerar la mutilación de la existencia capaz de confinar                el universo a una pequeñez de absolutos?¿Cómo                soportar que la certeza invada la maravillosa magia de la incertidumbre?¿Cómo                aceptar que el tiempo se achique tanto hasta volverse eterno? Ordóñez                necesitaba recordar su anhelo de levedad a cada instante; en el                instante del olvido casi gana su condena.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando eligió elegir, Ordóñez se jugó                por su tentación y se negó a ser víctima de                la tentación de otro. Un Dios tiró los dados y sumó.                Ordóñez no quiso ver los números. Ofrecido                en sacrificio en un oscuro ritual sin bacanales, fue enviado a descifrar                los vértices de un mundo sin costados. Desnudó la                voluntad negándose a dar forma de mecánico designio                a la experiencia. Ordóñez desobedeció. Sin                números no hay dados. Sin paños no hay juego. “El                mar es un antojo”, se dijo, y se ofreció a la contemplación                de un devenir incierto. Sin saberlo en su momento, desgarró                las pretensiones de grandeza asesinando previsiones. Pero arrastró                en su párpados cerrados el reflejo de una forma anticipable:                quien mirara en sus ojos al cerrarse vería los números                que él no quiso ver.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Enlodado en una irrepetible decadencia se fugó de los aciertos                para que Ana no entendiera, para que ese universo fantástico                continúe la maravillosa sabiduría ignorante. Ordóñez                supo que el silencio lo denunciaba, que Ana estaba demasiado cerca                de una fatal indagación. Cuando supo que no supo recordar,                los años se le hicieron repetibles, la memoria mecánica                vendría con sus anhelos de verdad a consumar la eternidad                con sus modelos preexistentes, y los sueños entonces, esos                recuerdos a futuro, se apagarían en las formas de un determinismo                recto como un cubo. Supo que la huida era la única forma                de mantenerse con vida.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ordóñez no era un elegido, era un condenado. Y ante                la precipitación de un peso aniquilante, la levedad de una                existencia sin retornos dependía de la contemplación                incierta de un desértico horizonte donde pudiera leerse la                persistencia de la ingenuidad, esa misma ingenuidad que Ana estaba                a punto de perder. Él también la amaba; no se hubiera                permitido hacerle eso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;No hubo despedidas. Ana, a punto de entenderlo, supo que mejor                era enojarse, intentar olvidarlo y desprenderse de un estigma que                pesaba en su memoria. Ana se propuso superarlo con el tiempo, y                decidió elegir con su recuerdo los sueños que le dieran                libertad. Cuando Ordóñez no supo recordar, comenzó                el precipitado camino de Ana hacia un olvido tan lleno que la ofreció                a la misma salud antimédica que Ordóñez portaba                sin perder su enfermedad. Ella no supo a dónde iría                él. En los momentos primeros lo extrañó, lo                detestó, lo amaba a la distancia sin saber cómo buscarlo.                Cada noche se acercaba a la ventana, mirando el vidrio, esperándolo                en su espalda. Su pecho repetía ese ritual, su cuerpo estremecido                lo buscaba con sus manos, se acariciaba deseando encontrarlo, buscó                en cada costado, lo esperó junto a su cuello. Abrazándose                a sí misma, en una hemidanza, su entrepierna reemplazó                a un Ordóñez enervado y lo recordó como había                sido. Con el tiempo aprendió a soñarlo, a desdibujarlo,                a mentirlo en su memoria, distrayéndose en las luces a través                de la ventana, abriéndola de vez en cuando, dejándola                tal vez abierta, olvidándola abierta para olvidar a Ordóñez.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ana atravesó la habitación despacio. Miró por                la ventana y vio el mar. Lo miró sereno durante algún                tiempo y lo sintió bestial y antojadizo. No supo recordar                cómo fue que aprendió a mirarlo así.&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;---&lt;/p&gt;             &lt;p&gt;Ordóñez durmió en la playa.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-3912950537568107823?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/3912950537568107823/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=3912950537568107823' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/3912950537568107823'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/3912950537568107823'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2006/12/una-habitacin-con-vista-al-mar.html' title='Una habitación con vista al mar'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-7330966127060036152</id><published>2006-12-07T02:22:00.000-03:00</published><updated>2007-06-28T23:55:07.238-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='roberto arlt'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='aguafuertes porteñas'/><title type='text'>La tristeza de un sábado inglés (Roberto Arlt)</title><content type='html'>¿Será acaso, porque me paso vagabundeando toda la semana, que el sábado y el domingo se me antojan los días más aburridos de la vida? Creo que el domingo es aburrido de puro viejo y que el sábado inglés es un día triste, con la tristeza que caracteriza a la raza que le ha puesto su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sábado inglés es un día sin color y sin sabor; un día que "no corta ni pincha" en la rutina de las gentes. Un día híbrido, sin carácter, sin gestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es día en que prosperan las reyertas conyugales y en el cual las borracheras son más lúgubres que un "de profundis" en el crepúsculo de un día nublado. Un silencio de tumba pesa sobre la ciudad. En Inglaterra, o en países puritanos, se entiende. Allí hace falta el sol, que es, sin duda alguna, la fuente natural de toda alegría. Y como llueve o nieva, no hay adonde ir; ni a las carreras, siquiera. Entonces la gente se queda en sus casas, al lado del fuego, y ya cansada de leer Punch, hojea la Biblia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero para nosotros el sábado inglés es un regalo modernísimo que no nos convence. Ya teníamos de sobra con los domingos. Sin plata, sin tener adonde ir y sin ganas de ir a ninguna parte, ¿para qué queríamos el domingo? El domingo era una institución sin la cual vivía muy cómodamente la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tata Dios descansó en día domingo, porque estaba cansado de haber hecho esta cosa tan complicada que se llama mundo. Pero ¿qué han hecho, durante los seis días, todos esos gandules que por ahí andan, para descansar el domingo? Además, nadie tenía derecho a imponernos un día más de holganza. ¿Quién lo pidió? ¿Para qué sirve? La humanidad tenía que aguantarse un día por semana sin hacer nada. Y la humanidad se aburría. Un día de "flaca" era suficiente. Vienen los señores ingleses y, ¡qué bonita idea!, nos endilgan otro más, el sábado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por más que trabaje, con un día de descanso por semana es más que suficiente. Dos son insoportables, en cualquier ciudad del mundo. Soy, como verán ustedes, un enemigo declarado e irreconciliable del sábado inglés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corbata que toda la semana permanece embaulada. Traje que ostensiblemente tiene la rigidez de las prendas bien guardadas. Botines que crujían. Lentes con armadura de oro, para los días sábado y domingo. Y tal aspecto de satisfacción de sí mismo, que daban ganas de matarlo. Parecía un novio, uno de esos novios que compran una casa por mensualidades. Uno de esos novios que dan un beso a plazo fijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan cuidadosamente lustrados tenía los botines que cuando salí del coche no me olvidé de pisarle un pie. Si no hay gente el hombre me asesina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de este papanatas, hay otro hombre del sábado, el hombre triste, el hombre que cada vez que lo veo me apena profundamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo he visto numerosas veces, y siempre me ha causado la misma y dolorosa impresión. Caminaba yo un sábado por una acera en la sombra, por la calle Alsina -la calle más lúgubre de Buenos Aires- cuando por la vereda opuesta, por la vereda del sol, vi a un empleado, de espaldas encorvadas, que caminaba despacio, llevando de la mano una criatura de tres años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La criatura exhibía, inocentemente, uno de esos sombreritos con cintajos, que sin ser viejos son deplorables. Un vestidito rosa recién planchado. Unos zapatitos para los días de fiesta. Caminaba despacio la nena, y más despacio aún, el padre. Y de pronto tuve la visión de la sala de una casa de inquilinato, y la madre de la criatura, una mujer joven y arrugada por las penurias, planchando los cintajos del sombrero de la nena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre caminaba despacio. Triste. Aburrido. Yo vi en él el producto de veinte años de garita con catorce horas de trabajo y un sueldo de hambre, veinte años de privaciones, de sacrificios estúpidos y del sagrado terror de que lo echen a la calle. Vi en él a Santana, el personaje de Roberto Mariani.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en el centro, la tarde del sábado es horrible. Es cuando el comercio se muestra en su desnudez espantosa. Las cortinas metálicas tienen rigideces agresivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sótanos de las casas importadoras vomitan hedores de brea, de benzol y de artículos de ultramar. Las tiendas apestan a goma. Las ferreterías a pintura. El cielo parece, de tan azul, que está iluminando una factoría perdida en el África. Las tabernas para corredores de bolsa permanecen solitarias y lúgubres. Algún portero juega al mus con un lavapisos a la orilla de una mesa. Chicos que parecen haber nacido por generación espontánea de entre los musgos de las casas-bancas, aparecen a la puerta de "entrada para empleados" de los depósitos de dinero. Y se experimenta el terror, el espantoso terror de pensar que a estas mismas horas en varios países las gentes se ven obligadas a no hacer nada, aunque tengan ganas de trabajar o de morirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, sin vuelta de hoja; no hay día más triste que el sábado inglés ni que el empleado que en un sábado de éstos está buscando aún, a las doce de la noche, en una empresa que tiene siete millones de capital, ¡un error de dos centavos en el balance de fin de mes!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-7330966127060036152?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/7330966127060036152/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=7330966127060036152' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7330966127060036152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7330966127060036152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2006/12/la-tristeza-de-un-sbado-ingls.html' title='La tristeza de un sábado inglés (Roberto Arlt)'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-4152066279568458254</id><published>2006-12-05T21:35:00.000-03:00</published><updated>2006-12-05T21:40:09.180-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='maría elena walsh'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>La plapla</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;de María Elena Walsh en Cuentopos de Gulubú&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Felipito Tacatún estaba haciendo los deberes. Inclinado sobre el cuaderno y sacando un poco la lengua, escribía enruladas emes, orejudas eles y elegantísimas zetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto vió algo muy raro sobre el papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué es esto?, se preguntó Felipito, que era un poco miope, y se puso un par de anteojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las letras que había escrito se despatarraba toda y se ponía a caminar muy oronda por el cuaderno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Felipito no lo podía creer, sin embargo era cierto: la letra, como una araña de tinta, patinaba muy contenta por la página.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Felipito se puso otro par de anteojos para mirarla mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la hubo mirado bien, cerró el cuaderno asustado y oyó una vocesita que decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ay!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a abrir el cuaderno valientemente y se puso otro par de anteojos y ya van tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pegando la nariz al papel preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién es usted, señorita?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la letra caminadora contestó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Soy una Plapla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Una Plapla?, preguntó Felipito asustadísimo, ¿qué es eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿No acabo de decirte? Una Plapla soy yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero la maestra nunca me dijo que existiera una letra llamada Plapla, y mucho menos que caminara por el cuaderno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ahora ya lo sabés, has escrito una Plapla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué hago con la Plapla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mirarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, la estoy mirando pero ¿y después?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Después, nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la Plapla siguió patinando sobre el cuaderno mientras cantaba un vals con su voz chiquita y de tinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, Felipito corrió a mostrarle el cuaderno a su maestra, gritando entusiasmado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Señorita, mire la Plapla, mire la Plapla!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La maestra creyó que Felipito se había vuelto loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió el cuaderno, y allí estaba la Plapla bailando y patinando por la página y jugando a la rayuela con los renglones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como podrán imaginarse, la Plapla causó mucho revuelo en el colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día nadie estudió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo, por riguroso turno, desde el portero hasta los nenes de primer grado, se dedicaron a contemplar la Plapla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan grande fue el bochinche y la falta de estudio, que desde ese día la Plapla no figura en el Abecedario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que un chico, por casualidad, igual que Felipito, escribe una Plpla cantante y patinadora la maestra la guarda en una cajita y cuida muy bien que nadie se entere.&lt;br /&gt;Qué le vamos a hacer, así es la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las letras no han sido hechas para bailar, sino para quedarse quietas una al lado de la otra, ¿No?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-4152066279568458254?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/4152066279568458254/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=4152066279568458254' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/4152066279568458254'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/4152066279568458254'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2006/12/la-plapla.html' title='La plapla'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-7393144165879319976</id><published>2006-12-03T14:28:00.000-03:00</published><updated>2006-12-03T15:55:58.891-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='marco denevi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Un perro en el grabado de Durero titulado "el caballero, la muerte y el diablo"</title><content type='html'>de Marco Denevi en Reunión de desaparecidos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caballero (todos lo sabemos) vuelve de una guerra, la de los Siete Años, la de los Treinta, Años, la de las Dos Rosas, la de los Tres Enriques, una guerra dinástica o religiosa, o quizá galana, en el Palatinado, en los Países Bajos, en Bohemia, no importa dónde, tampoco importa cuándo, todas las guerras son fragmentos de una única guerra, todas las guerras forman la guerra sin nombre, la guerra a secas, la Guerra, de modo que el caballero vuelve de un viaje a través de uno de los fragmentos de la guerra, pero es como si hubiese recorrido todas las guerras, y toda la guerra, porque todas, aunque de cerca parezcan diferentes, vistas a la distancia repiten las mismas infamias y los mismos estruendos, así que no tengamos escrúpulos de fechas ni de nombres, no hay que preocuparse si de los Plantagenet y de los Hohenstaufen hacemos una sola familia díscola, si mezclamos lansquenetes con granaderos, ballesteros con arcabuceros, o si alborotamos la geografía y juntamos ciudades con ciudades, castillos con castillos, torres con torres, y volviendo ahora al caballero decía que regresa de una guerra, regresa de una cuenta en el collar de la guerra, él cree que es la última cuenta, y no sabe que el collar es infinito, o finito pero circular, y que el Tiempo lo desgrana como si fuese infinito, partió joven y gallardo y la guerra lo devuelve viejo, calvo y flaco, esto no es ninguna novedad, la guerra carece de imaginación y repite sus trucos, de manera que el caballero, como todos los caballeros que han atravesado una guerra sin caer en la celada de la Muerte, tiene la barba crecida, está sucio de polvo, huele a sudor, a sangre y a mugre, sus sobacos alojan piojos, entre los muslos le escuece la piel, un sarpullido como una quemadura, a cada rato escupe una saliva verdosa estriada de filamentos cárdenos, habla con la voz enronquecida por los fríos, los fuegos, las borracheras, los juramentos, los gritos de terror y de coraje, no puede pronunciar dos palabras sin que una sea una blasfemia, ya olvidó el lenguaje florido que usaba cuando era niño y servía como paje en la corte de algún Margrave o de un Arzobispo, olvidó los hermosos gestos y las graciosas reverencias con que trataba a las damas, ahora a las mujeres ya no les pide amor, les pide vino, comida, un lecho, y mientras los soldados violan alas muchachas, él bebe solitario y taciturno, hasta que los soldados reaparecen bostezando y entonces él de pronto da un manotazo sobre la mesa y maldice a los reyezuelos que huyen, pálidos y con la ropa hecha jirones, en un corcel sudoroso, para en seguida que terminó la batalla volver a surgir vestidos de oro, bajo un palio de oro, en medio de un cortejo de oriflamas y estandartes, maldice a los Papas cubiertos de armiño que desde lo alto de la silla gestatoria asperjan con agua bendita los sellos escarlata de las alianzas y las coaliciones, maldice al Emperador al que una vez vio caminar entre lanzas erguidas como falos a la vista de ese damiselo de la guerra, finalmente el caballero se pone de pie y vuelca la silla, vuelca la mesa, los vasos y el jarro de vino, se produce una gran batahola, la taberna o lo que sea es incendiada, el propietario es vapuleado, la tropa desoldados con el caballero al frente reanuda la marcha, ahora atraviesan un bosque a la luz de la luna, el caballero ya no maldice, no habla, sigue adelante, mudo y con los ojos fijos en la noche, uno a uno los soldados callan, se adormecen sobre sus cabalgaduras, sueñan con la cabeza caída sobre el peto, uno cree oír música lejana, la música de su niñez en alguna aldea del Milanesado o de Cataluña, otro cree oír voces que lo llaman, la voz de su madre, la voz de su mujer o de su novia, alguien lanza un grito y despierta sobresaltado, pero el caballero no se detiene, no se vuelve a mirar quién gritó como si el grito fuera el de un pájaro en el bosque, sigue con los ojos fijos en la noche, la luna le lustra la armadura, el soldado que va detrás de él, el que está más próximo al caballero, el que lleva una bandera desflecada y quemada por la pólvora y que ahora pende sobre la grupa del caballo como una roñosa gualdrapa, ese soldado, un mancebo rubio con la apariencia de un juglar, de pronto tiene un extraño pensamiento, se le ha ocurrido que la armadura del caballero cabalga vacía, que el caballero desapareció y sólo queda la armadura como un muñeco de fierro, o tal vez la armadura se posesionó del caballero, lo absorbió como una esponja a un líquido, le succionó la sangre, le trituró los huesos y ahora la armadura es una cáscara hueca sin la pulpa del caballero, esto lo imagina porque nunca vio al caballero sino revestido de su armadura, porque del caballero no conoce sino esa armadura que sostiene una lanza, esos guardabrazos y guanteletes que señalan los nortes de la guerra, la borgoñota que aúlla y bajo la borgoñota una pelambre enmarañada, pero quizá la pelambre es una barba sin rostro, es el relleno de paja de la armadura, y esta idea, esta fantasía, hace reír al soldado rubio porque piensa que tal vez ha transcurrido mucho tiempo desde que el caballero se disecó dentro de la armadura, mucho tiempo desde que la armadura se vació del caballero y ellos no se dieron cuenta, ellos, los soldados, han seguido tras la hueca armadura de batalla en batalla, desafiando a la Muerte porque creían que le caballero los defendía de la Muerte, y cuando el portaestandarte rubio ríe como sonámbulo o como borracho el caballero se yergue sobre la clavícula de los estribos y prorrumpe en una maldición, como si hubiese adivinado de qué se ríe el portaestandarte y quisiera hacerle una broma y demostrarle que en el interior de la armadura sigue vivo, o reprenderlo por la fantasía que imaginó, así que el soldado rubio se encoge de miedo pero en seguida comprende que el caballero no se ha despabilado ni ha maldecido a causa de su risa sino porque los árboles del bosque, que hasta ese momento parecían ateridos bajo la luna como bajo la nevazón del invierno, repentinamente se cubren de flores y de frutos, quiero decir, aunque la metáfora es vieja y todos han adivinado, quiero decir que los árboles se han cubierto de esa floración que el calor de la guerra hace brotar en las cuatro estaciones, en el buen tiempo y en el mal tiempo, en las comarcas fértiles lo mismo que en las comarcas áridas, se ha cubierto de esos frutos siempre en sazón, siempre maduros para la siega y la cosecha, quiero decir el enemigo, quiero decir los enemigos inextinguibles que nos aguardan pacientemente, tercamente, ocultos en la sombra, confundidos con la niebla y el humo, y entonces los jinetes somnolientos se transforman en pero todo esto ya sucedió, todo esto ya pasó y ahora el caballero regresa solo a su castillo, sin la mezcolanza de hierros, de caballos y de hombres que lo escoltaba a través de su viaje por una provincia de la guerra, ya dejó atrás todo ese estrépito, se desprendió para siempre de los vivaques, de los saqueos, de las emboscadas, del hambre, del terror, del sueño, no conserva de la guerra sino el caballo, la armadura, la lanza con la piel de zorro en un extremo para que la sangre no chorreara y le empapara la mano, conserva el olor a mugre y a sudor, los piojos, el sarpullido, el cansancio, la flacura, la vejez, y los recuerdos, los recuerdos, los recuerdos recortados del gran cuadro chillón de la guerra, aquel joven caído sobre la hierba, de cara al cielo, que un día en un río, el Meno, el Tajo, el Arno, que un día en un río indiferente las dos piernas hasta las rodillas y el agua, cuando pasaba junto al muchacho, le tomaba las piernas, se las maceraba y se las molía, se las llevaba río abajo convertidas en hilachas primero púrpuras, después rosáceas, después grises y ocres, los diez patíbulos en una plaza negra y desierta y en cada patíbulo un ajusticiado, diez péndulos de lengua afuera que el viento hacía sonar, que el viento hacía doblar, y el campanario daba siempre la misma hora fuera del Tiempo, el anciano que se agachaba para defecar en el suelo helado y cubierto de nieve y que en seguida se desplomaba sobre una flor de sangre y de excremento, la rosa de la disentería, la torre altísima, cuadrada, de ladrillos, y más lejos una fila de cipreses, y el chorro de pez ardiente que cayó desde las almenas de la torre, que cayó sobre los caballeros vestidos con túnicas blancas y una cruz roja en el pecho, sobre los caballeros que eran todos finos y hermosos y un rato antes habían oído misa, la misa que ofició para ellos un arzobispo cuajado de pedrerías, y el cráter negro que abrió la pez hirviente, el agujero que humeaba y crepitaba como una sartén al fuego, él, el caballero percibió un perfume dulzón, un aroma de fritura y de trapo quemado, sintió sobre la mano un escozor y vio que sobre la mano se le había posado un trocito de carne, un trocito de la carne de uno de aquellos caballeros que un rato antes oían misa y se encomendaban a Dios, porque esto había sido para él la guerra, aunque quizá para los reyezuelos sería otra cosa, y otra cosa para los Papas y los Emperadores, un juego de ajedrez que jugarían a distancia, cada uno encerrado en una ciudad, en una fortaleza, en un palacio, hasta que, terminada la partida, saldrían el uno al encuentro del otro y se estrecharían las manos como buenos contrincantes y repartirían las comarcas donde los frutos ya habían sido segados y cosechados, pero ahora también el caballero saltó fuera del tablero de ajedrez de Papas y Emperadores, ahora el caballero vuelve a su castillo donde está su mujer, que él dejó joven y que espera encontrar tan joven como entonces, donde está la suntuosa mesa servida y el cálido lecho preparado, donde está el neblí que reposaba sobre su puño en las mañanas de cacería, donde está el laúd que alguna vez tañó para cantar en una corte de Provenza o de Sicilia los rondeles de Cino de Pistoia, el castillo donde se despojará por fin de la armadura como de una costra seca, donde se quitará la borgoñota como una cabeza ajena que sólo sabía blasfemar y espiar la estela del bando contrario, el castillo donde los reyezuelos que él salvó de la ignominia de la derrota lo colmarán de honores, donde el Papa y el Emperador que movieron los trebejos del ajedrez de la guerra lo harán duque o conde palatino, hasta que, al doblar un recodo del sendero, ve sobre la colina intacta su intacto castillo, ve alrededor la campiña y a los campesinos doblados sobre la tierra, ve un perro, un perro doméstico, un perro vagabundo tal vez sin dueño, un perro que corretea entre las piedras y se detiene aquí y allá a oliscar el rastro de otros perros, y ante ese cuadro casi idílico del castillo, los labradores y el perro, el caballero piensa que así como a él se le escapan las verdaderas claves de la guerra, cuya posesión estará en manos de Papas y Emperadores y que los reyezuelos codiciarán rabiosamente, a estos campesinos doblados sobre los surcos le está negado conocer esa faena terrible de la guerra que en cambio él ha sobrellevado durante tanto tiempo, la guerra habrá sido para los campesinos una noticia difusa, un resplandor de incendio en el horizonte, el paso de las tropas por el camino, y en cuanto al perro, piensa el caballero, ni siquiera supo que había guerra, que había pillajes y matanzas, tratados bendecidos por le Papa, un Emperador que hacía erguir las lanzas como falos, el perro habrá seguido comiendo, durmiendo, apareándose con una perra e ignorando que allá lejos donde el caballero guerreaba las fronteras se deshacían para rehacerse en un nuevo dibujo, el perro nunca sabrá que un Vicario de Cristo era arrastrado por las calles, que un Emperador se hincaba, día y noche, desnudo ante una puerta que nunca se abría, no sabrá que la flor de la Cristiandad había hervido en pez y en aceite y que un campanario de ahorcados daba la hora en aquella plaza desierta y negra, porque para el perro el trueno de la guerra sería el mismo ruido pavoroso que el trueno de la tempestad, y si hubiera visto al damiselo de la guerra le habría ladrado como a un desconocido o le habría movido la cola si le caía simpático o le daba de comer, de modo que ahora el caballero siente el orgullo de ser un caballero, de haber sido una de las piezas en el ajedrez de la guerra, de pertenecer a la historia aunque su nombre no figure, y sólo figuren los nombres de los Papas y los Emperadores y en letras más pequeñas los nombres de los reyezuelos, el caballero experimenta compasión por esos campesinos que no hacen la historia, y una especie de estupor frente al perro contemporáneo de Papas y Emperadores que nunca se enterará de que ha habido papas y Emperadores, que no se enterará ni siquiera que hubo caballeros, una especie de azoramiento frente al perro que viene a su encuentro como podría venir al encuentro de un campesino o del Emperador sin distinguir al uno del otro, que viene a su encuentro sin sospechar las catástrofes y las proezas que nimban la armadura, y siguiendo con este razonamiento, siguiendo con esta cadena de pensamientos que se inician en el perro, el caballero piensa que los últimos eslabones quizá no sean ni el Papa ni el Emperador, porque así como el perro ignora lo que saben los campesinos, así como los campesinos ignoran lo que sabe el caballero y así como el caballero ignora lo que saben los reyezuelos y éstos lo que saben los Papas y Emperadores, de la misma manera los Papas y Emperadores ignorarán lo que sólo Dios sabe en su totalidad y en la perfección de la verdad, y estas reflexiones, aplicadas a la guerra, este creer que también para Dios la guerra será otra cosa distinta de lo que es para los Papas y Emperadores, hace nacer en el caballero la esperanza de que, para Dios, la historia incluirá el nombre del caballero, la esperanza de que si el Papa y el Emperador que dominan el juego de la guerra lo harán, a él, al caballero, duque o conde en gracia de su heroísmo, Dios, que domina el juego de Papas y Emperadores, lo absolverá de las muertes, las violaciones y las rapiñas en gracia de su dolor, de su hambre y de su sueño y lo recibirá en el Paraíso, y esta esperanza provoca la sonrisa del caballero, esta esperanza lo reconforta y lo compensa de todos los pasados males de la guerra, y justo en el momento en que la esperanza reconforta al caballero y lo hace sonreír, el perro, que venía correteando a su encuentro, se detiene como delante de una pared, clava las patas en el suelo, la piel se le eriza, entreabre el hocico, muestra los dientes y comienza a aullar lúgubremente, pero el caballero atribuye esa actitud del perro a una circunstancia baladí, la atribuye a que el perro no lo conoce, a que el perro se espanta del caballo, de la armadura, de la pica con la cola de zorro en un extremo, no hay que sorprenderse de que ese perro de campesinos se asuste frente a un caballero cubierto de hierro y a un caballo adornado con testeras y petrales, de modo que el caballero no da ninguna importancia a la actitud del perro, sigue avanzando por el camino rumbo a la colina en cuya cumbre se alza el castillo, las patas del caballo están a punto de aplastar al perro, el perro se hace a un lado de un salto y continúa aullando, continúa gimiendo y mostrando los dientes mientras el caballero ha vuelto a recordar a su mujer, su neblí y su laúd de amor y se olvida del perro, ya el perro ha quedado atrás como la guerra, y lo que el caballero no conocerá jamás es que el perro ha olido alrededor de la armadura el tufo de la muerte y del infierno, pues el perro ya sabe lo que no sabe el caballero, ya sabe que en la ingle del caballero una buba ha empezado a destilar los jugos de una peste negra y que la Muerte y el Diablo aguardan al caballero al pie de la colina para llevárselo con ellos, porque si el caballero leyese lo que ahora escribo pensaría, siguiendo un orden análogo al de sus anteriores razonamientos aunque en sentido contrario, pensaría que así como el perro se ha detenido donde el caballero pasa de largo, así también los caballeros quizá se detenga donde los Papas y los Emperadores pasan de largo, de modo que quizás estos ignoren el heroísmo de aquellos y no los hagan duques ni condes palatinos, pensaría que la guerra de los caballeros es, para los Papas y los Emperadores, como el hedor de la Muerte y el Diablo que sólo los perros husmean, y siempre dentro de ese raciocinio el caballero pensaría que quizás los Papas y los Emperadores se detengan donde Dios pasa de largo, quizás jueguen un ajedrez que para Dios no cuenta, quiero decir que quizás Dios no mire, quizá Dios no vea ese tablero y el sacrificio de las piezas no sirva, delante de Dios, de nada y el caballero no sea absuelto de sus pecados ni admitido en el paraíso, quiero decir que si el caballero razonase de esta manera pensaría que tal vez para Dios las realidades que atrapan a los hombres forman un tejido que no atrapa a Dios, al igual que el caballero, sin verla, la malla en que quedó atrapado el perro, no obstante que la malla fue urdida para el caballero y no para el perro, no obstante que los ruegos, las esperanzas y el dolor de los hombres están trenzados para Dios, pero el caballero jamás leerá lo que ahora escribo y ya llega al pie de la colina, feliz con la esperanza de que su valor haya entretejido la red en la que caiga la mosca Papa, la mosca Emperador, feliz con la esperanza de que Papas y Emperadores hayan entretejido la otra red en la que caerá la mosca Dios, mientras allá abajo, en el camino, el perro que confunde el trueno de la guerra con el trueno de la tormenta sigue y sigue entablando otra guerra en la que el caballero confunde el ladrido de la muerte con el ladrido de un perro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-7393144165879319976?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/7393144165879319976/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=7393144165879319976' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7393144165879319976'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/7393144165879319976'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2006/12/un-perro-en-el-grabado-de-durero.html' title='Un perro en el grabado de Durero titulado &quot;el caballero, la muerte y el diablo&quot;'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5544822772612341407.post-4926000937749760507</id><published>2006-12-02T00:55:00.001-03:00</published><updated>2006-12-03T15:56:46.193-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='leopoldo alas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>El gallo de Sócrates</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Cuento de Leopoldo Alas, alias Clarín - 1901&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Critón, después de cerrar la boca y los ojos al maestro,  dejó a los demás discípulos en torno del cadáver, y salió de la cárcel,  dispuesto a cumplir lo más pronto posible el último encargo que Sócrates le  había hecho, tal vez burla burlando, pero que él tomaba al pie de la letra en la  duda de si era serio o no era serio. Sócrates, al espirar, descubriéndose, pues  ya estaba cubierto para esconder a sus discípulos, el espectáculo vulgar y  triste de la agonía, había dicho, y fueron sus últimas palabras: &lt;/span&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Critón, debemos un gallo a Esculapio, no te olvides de  pagar esta deuda. -Y no habló más. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Para Critón aquella recomendación era sagrada: no  quería analizar, no quería examinar si era más verosímil que Sócrates sólo  hubiera querido decir un chiste, algo irónico tal vez, o si se trataba de la  última voluntad del maestro, de su último deseo. ¿No había sido siempre  Sócrates, pese a la calumnia de Anito y Melito, respetuoso para con el culto  popular, la religión oficial? Cierto que les daba a los mitos (que Critón no  llamaba así, por supuesto) un carácter simbólico, filosófico muy sublime o  ideal; pero entre poéticas y trascendentales paráfrasis, ello era que respetaba  la fe de los griegos, la religión positiva, el culto del Estado. Bien lo  demostraba un hermoso episodio de su último discurso, (pues Critón notaba que  Sócrates a veces, a pesar de su sistema de preguntas y respuestas se olvidaba de  los interlocutores, y hablaba largo y tendido y muy por lo florido). &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Había pintado las maravillas del otro mundo con  pormenores topográficos que más tenían de tradicional imaginación que de  rigurosa dialéctica y austera filosofía. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Y Sócrates no había dicho que él no creyese en todo  aquello, aunque tampoco afirmaba la realidad de lo descrito con la obstinada  seguridad de un fanático; pero esto no era de extrañar en quien, aun respecto de  las propias ideas, como las que había expuesto para defender la inmortalidad del  alma, admitía con abnegación de las ilusiones y del orgullo, la posibilidad  metafísica de que las cosas no fueran como él se las figuraba. En fin, que  Critón no creía contradecir el sistema ni la conducta del maestro, buscando  cuanto antes un gallo para ofrecérselo al dios de la Medicina. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Como si la Providencia anduviera en el ajo, en cuanto  Critón se alejó unos cien pasos de la prisión de Sócrates, vio, sobre una tapia,  en una especie de plazuela solitaria, un gallo rozagante, de espléndido plumaje.  Acababa de saltar desde un huerto al caballete de aquel muro, y se preparaba a  saltar a la calle. Era un gallo que huía; un gallo que se emancipaba de alguna  triste esclavitud. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Conoció Critón el intento del ave de corral, y esperó a  que saltase a la plazuela para perseguirle y cogerle. Se le había metido en la  cabeza (porque el hombre, en empezando a transigir con ideas y sentimientos  religiosos que no encuentra racionales, no para hasta la superstición más  pueril) que el gallo aquel, y no otro, era el que Esculapio, o sea Asclepies,  quería que se le sacrificase. La casualidad del encuentro ya lo achacaba Critón  a voluntad de los dioses. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Al parecer, el gallo no era del mismo modo de pensar;  porque en cuanto notó que un hombre le perseguía comenzó a correr batiendo las  alas y cacareando por lo bajo, muy incomodado sin duda. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Conocía el bípedo perfectamente al que le perseguía de  haberle visto no pocas veces en el huerto de su amo discutiendo sin fin acerca  del amor, la elocuencia, la belleza, etc., etc.; mientras él, el gallo, seducía  cien gallinas en cinco minutos, sin tanta filosofía. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;«Pero buena cosa es, iba pensando el gallo, mientras  corría y se disponía a volar, lo que pudiera, si el peligro arreciaba; buena  cosa es que estos sabios que aborrezco se han de empeñar en tenerme por suyo,  contra todas las leyes naturales, que ellos debieran conocer. Bonito fuera que  después de librarme de la inaguantable esclavitud en que me tenía Gorgias,  cayera inmediatamente en poder de este pobre diablo, pensador de segunda mano y  mucho menos divertido que el parlanchín de mi amo». &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Corría el gallo y le iba a los alcances el filósofo.  Cuando ya iba a echarle mano, el gallo batió las alas, y, dígase de un vuelo,  dígase de un brinco, se puso, por esfuerzo supremo del pánico, encima de la  cabeza de una estatua que representaba nada menos que Atenea. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Oh, gallo irreverente! -gritó el filósofo, ya  fanático inquisitorial, y perdónese el anacronismo. Y acallando con un sofisma  pseudo-piadoso los gritos de la honrada conciencia natural que le decía: «no  robes ese gallo», pensó: «Ahora sí que, por el sacrilegio, mereces la muerte.  Serás mío, irás al sacrificio». &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Y el filósofo se ponía de puntillas; se estiraba cuanto  podía, daba saltos cortos, ridículos; pero todo en vano. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Oh, filósofo idealista, de imitación! -dijo el gallo  en griego digno del mismo Gorgias; -no te molestes, no volarás ni lo que vuela  un gallo. ¿Qué? ¿Te espanta que yo sepa hablar? Pues ¿no me conoces? Soy el  gallo del corral de Gorgias. Yo te conozco a ti. Eres una sombra. La sombra de  un muerto. Es el destino de los discípulos que sobreviven a los maestros. Quedan  acá, a manera de larvas, para asustar a la gente menuda. Muere el soñador  inspirado y quedan los discípulos alicortos que hacen de la poética idealidad  del sublime vidente una causa más del miedo, una tristeza más para el mundo, una  superstición que se petrifica. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-«¡Silencio, gallo! En nombre de la Idea de tu género,  la naturaleza te manda que calles». &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Yo hablo, y tú cacareas la Idea. Oye, hablo sin  permiso de la Idea de mi género y por habilidad de mi individuo. De tanto oír  hablar de Retórica, es decir, del arte de hablar por hablar, aprendí algo del  oficio. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Y pagas al maestro huyendo de su lado, dejando su  casa, renegando de su poder? &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Gorgias es tan loco, si bien más ameno, como tú. No se  puede vivir junto a semejante hombre. Todo lo prueba; y eso aturde, cansa. El  que demuestra toda la vida, la deja hueca. Saber el porqué de todo es quedarse  con la geometría de las cosas y sin la substancia de nada. Reducir el mundo a  una ecuación es dejarlo sin pies ni cabeza. Mira, vete, porque puedo estar  diciendo cosas así setenta días con setenta noches: recuerda que soy el gallo de  Gorgias, el sofista. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Bueno, pues por sofista, por sacrílego y porque Zeus  lo quiere, vas a morir. ¡Date!&lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Nones! No ha nacido el idealista de segunda mesa que  me ponga la mano encima. Pero, ¿a qué viene esto? ¿Qué crueldad es esta? ¿Por  qué me persigues? &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Porque Sócrates al morir me encargó que sacrificara un  gallo a Esculapio, en acción de gracias porque le daba la salud verdadera,  librándole por la muerte, de todos los males. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Dijo Sócrates todo eso? &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No; dijo que debíamos un gallo a Esculapio.  &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-De modo que lo demás te lo figuras tú. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Y qué otro sentido, pueden tener esas palabras? &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-El más benéfico. El que no cueste sangre ni cueste  errores. Matarme a mí para contentar a un dios, en que Sócrates no creía, es  ofender a Sócrates, insultar a los Dioses verdaderos... y hacerme a mí, que sí  existo, y soy inocente, un daño inconmensurable; pues no sabemos ni todo el  dolor ni todo el perjuicio que puede haber en la misteriosa muerte. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Pues Sócrates y Zeus quieren tu sacrificio.  &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Repara que Sócrates habló con ironía, con la ironía  serena y sin hiel del genio. Su alma grande podía, sin peligro, divertirse con  el juego sublime de imaginar armónicos la razón y los ensueños populares.  Sócrates, y todos los creadores de vida nueva espiritual, hablan por símbolos,  son retóricos, cuando, familiarizados con el misterio, respetando en él lo  inefable, le dan figura poética en formas. El amor divino de lo absoluto tiene  ese modo de besar su alma. Pero, repara cuando dejan este juego sublime, y dan  lecciones al mundo, cuán austeras, lacónicas, desligadas de toda inútil imagen  con sus máximas y sus preceptos de moral. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Gallo de Gorgias, calla y muere. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Discípulo indigno, vete y calla; calla siempre. Eres  indigno de los de tu ralea. Todos iguales. Discípulos del genio, testigos sordos  y ciegos del sublime soliloquio de una conciencia superior; por ilusión suya y  vuestra, creéis inmortalizar el perfume de su alma, cuando embalsamáis con  drogas y por recetas su doctrina. Hacéis del muerto una momia para tener un  ídolo. Petrificáis la idea, y el sutil pensamiento lo utilizáis como filo que  hace correr la sangre. Sí; eres símbolo de la triste humanidad sectaria. De las  últimas palabras de un santo y de un sabio sacas por primera consecuencia la  sangre de un gallo. Si Sócrates hubiera nacido para confirmar las supersticiones  de su pueblo, ni hubiera muerto por lo que murió, ni hubiera sido el santo de la  filosofía. Sócrates no creía en Esculapio, ni era capaz de matar una mosca, y  menos un gallo, por seguirle el humor al vulgo. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Yo a las palabras me atengo. Date... &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Critón buscó una piedra, apuntó a la cabeza, y de la  cresta del gallo salió la sangre... &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El gallo de Gorgias perdió el sentido, y al caer cantó  por el aire, diciendo: &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Quiquiriquí! Cúmplase el destino; hágase en mí según  la voluntad de los imbéciles. &lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Por la frente de jaspe de Palas Atenea resbalaba la  sangre del gallo.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5544822772612341407-4926000937749760507?l=hernun.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://hernun.blogspot.com/feeds/4926000937749760507/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5544822772612341407&amp;postID=4926000937749760507' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/4926000937749760507'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5544822772612341407/posts/default/4926000937749760507'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://hernun.blogspot.com/2006/12/critn-despus-de-cerrar-la-boca-y-los.html' title='El gallo de Sócrates'/><author><name>hernún</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
